Sara Noemí Mata


¿Parquímetros para León?
22/Abril/2013
La pasada semana santa tuve ocasión de visitar dos ciudades en la Sierra de Puebla que han calificado como “pueblos mágicos”. Zacatlán de las Manzanas y Zacapoaxtla son dos municipios gobernados por el PRI, en un Estado de extracción panista. Traigo a colación lo que vi en estos pueblos sobre el problema del estacionamiento público y en vía pública para vincular con lo que ocurre en nuestro León expuesto en las anteriores dos entregas.

En Zacapoaxtla, la zona céntrica tiene instalados parquímetros tradicionales, en que se deposita el pago de $5 por hora. La ciudad tiene calles estrechas, varios parquímetros roban espacio al peatón en las banquetas y algunos están mal estado físico (golpes, rayaduras) pero en general se respetan y las calles no precisan de franeleros ni en días de más alta afluencia de turistas.

Zacatlán tienen un sistema más amplio y tecnologizado: abarca muchas más calles, aunque sean estrechas o de tráfico muy local. Allí pintaron claramente cada cajón de estacionamiento y sobre el filo de la banqueta, colocaron una placa identificatoria del espacio (por ejemplo ZAC-0037). El visitante tiene dos formas de pagar el estacionamiento: la primera es enviar un mensaje de celular con el número de lugar en que se ha dejado el auto y el número de placa. El servicio cuesta $2.50 la hora, lo cual incluye IVA y costo de envío del mensaje. A vuelta de sms se recibe la confirmación de que el pago se registró adecuadamente. La segunda opción es acudir a comercios de la misma zona autorizados para recaudar el cobro.

Los parquímetros invisibles en Zacatlán sólo permiten permanecer tres horas sobre el mismo lugar; después de este tiempo ya no se admite el pago y se debe mover a otro cajón; si no se hace, se es susceptible de multa. Investigando en internet, este sistema ya se aplica en varias ciudades poblanas y otras del contiente (Panamá, Bogotá y Quito) y aunque es una empresa privada quien lo gestiona, permite a la autoridad de Tránsito el monitoreo móvil de los cajones “libres, ocupados, por multar y multables”.

Mi percepción en Zacatlán fue de una vía pública ocupada en orden. A pesar del alto número de visitantes que recibe, no resulta difícil localizar un espacio para estacionarse, los lugares están medidos en función del ancho de la calle (autos pequeños para calles más estrechas) y hay un respeto por los accesos a casas o edificios. Desconozco si la recaudación con el sistema “parquimovil” sea eficiente o qué tan ágil sea la aplicación de multas (francamente no me topé con Tránsitos en Zacatlán) pero en definitiva uno no liga negativamente la experiencia de visitar el Centro Histórico con el tema del estacionamiento y eso ya es una gran ganancia para la ciudad.

Por otra parte, tenemos la experiencia del DF, gobernado por el PRD; desde el 2012 se instaló en las colonias Polanco y Roma-Condesa un sistema tecnológicamente intermedio entre los parquímetros tradicionales y el mencionado de Zacatlán. En las colonias integradas en el sistema “ecoParq”, se señalan los espacios disponibles, el conductor estaciona, luego busca una estación de pago automatizada (cada una controla unos 15 lugares) que le emite su boleto por las horas que pagó y los datos de su placa; el usuario debe pegar en lugar visible su comprobante para evitar una multa. El costo de este estacionamiento es de $2 por 15 minutos ($8 X hora) y se puede pagar todo el tiempo que se desee permanecer; agotado el plazo, el conductor puede volver a pagar sin mover de lugar el auto.

Lo destacable del sistema es que el 30% de los recursos recaudados se entregan a los vecinos organizados en comités de transparencia para su aplicación directa en obras de mejoramiento del espacio público. El recurso no es menor: según el informe 2012 de la recaudación en colonias de Polanco se generaron 57 millones de pesos por estacionamiento y 17 millones se obtuvieron como contraprestación para la rehabilitación de espacios en las mismas 10 colonias. Si bien el sistema “ecoParq” ha tenido un éxito diferenciado, nuevas colonias del DF siguen sumándose a su aplicación que además contempla un tratamiento especial (exención del pago) a los residentes.

Las disyuntivas que estos tres ejemplos de manejo del estacionamiento en vía pública nos retratan son: primero, el uso de tecnologías (cuáles son las más viables, de menor costo administrativo y mayores ganancias), en segundo lugar, si hay que propiciar la movilidad de los autos estacionados (limitar, como en Zacatlán a tres horas lo que se puede permanecer en un mismo cajón) o permitir permanencia de los automóviles por largos periodos con la condición de que paguen su cuota; evidentemente, esto depende de las características de la zona cuyo estacionamiento se va a regular pues no es lo mismo un área histórica que una zona comercial, hotelera o de servicios mezclada con colonias residenciales. Finalmente, está el énfasis que se pone en la aplicación de multas y consecuencias graves (inmovilización del auto, como ocurre en el DF) para los que no paguen el parquímetro público, o su contraparte más concientizadora o autorregulable del automovilista (como es visible en Zacatlán, Pue.)

No importa el tamaño de ciudad, ni el color o siglas del partido gobernante; tampoco que tengan un rimbombante Instituto de Planeación o una específica “autoridad del espacio público”; el éxito en el manejo del estacionamiento en zonas urbanas de gran demanda, radica en reconocer que se necesita una intervención de la autoridad local y una determinación para devolver al espacio público –y a sus usuarios, los ciudadanos- la riqueza y servicios que de él se extraen.

Ojalá que estas tres experiencias de parquímetros públicos contrastadas con la errática y omisa política que en la materia se sigue en León, ayude a descubrir cómo pequeños esfuerzos de actuación en el espacio público generan una experiencia urbana radicalmente distinta, ordenada, respetuosa, disfrutable.

DEJANOS TU COMENTARIO
1456374297.png
1321493145.gif
1381429645.jpg
1321493278.png
1321493200.png