Sara Noemí Mata


El agandalle de Flexi
08/Abril/2013

En los últimos meses, en la Ciudad de México se ha debatido con intensidad la instalación de parquímetros en colonias residenciales. Resulta muy ilustrativo todo lo que se juega en una decisión aparentemente administrativa que debe resolver una autoridad local y el nivel de involucramiento ciudadano que un asunto como éste puede generar entre vecinos, comerciantes y visitantes de barrios y colonias residenciales completas. Los estacionamientos públicos y el estacionamiento en vía pública constituyen una de las vertientes más problemáticas que impactan el uso y disfrute del espacio público por toda la población, sea que tenga auto o no. Dedicaré el presente artículo y el de la semana entrante a abordar el tema desde nuestro contexto leonés.

Me ha pasado en un par de ocasiones que al circular por el bulevar Francisco Villa, entre Mariano Escobedo y López Mateos, exactamente frente a la fábrica de calzado Flexi, propiedad del empresario Roberto Plascencia, he tenido necesidad de estacionar mi auto; lo intento en una larga franja de estacionamiento en batería “aparentemente” público que se dispone desde hace años para el uso particular de la citada empresa. Apenas pongo mi auto en uno de los escasos u ocasionales lugares vacíos, se me acerca un guardia de la empresa y me acosa con preguntas: ¿con quién viene? ¿de qué proveedor es representante? Con radio abierto, el guardia me indica que las cámaras de seguridad de la empresa ya me siguen y él recibe instrucciones para continuar el hostigamiento hasta echarme, con todo y auto, del estacionamiento que, según él y sus jefes, es “propiedad de Flexi”.

Molesta por lo que intuía era una arbitrariedad de los guardias privados que suelen ser personajes con poca preparación y que sólo siguen consignas, pregunté a través de la ley de transparencia si en realidad esta franja de estacionamiento en batería es propiedad de la empresa Flexi o de cualquier particular (sin que me proporcionaran el nombre) para deducir si ésta tiene derecho de limitar el uso libre del espacio. La respuesta del Municipio que se consignó en la solicitud 86613 es contundente: “la Dirección General de Desarrollo Urbano informa que el espacio a que refiere su solicitud está considerado como vía pública”.

Vuelvo al lugar con esta certeza sólo para verificar con qué refinamiento e impunidad una empresa líder de los fabricantes locales se apropia de manera continuada de este trozo de calle. Flexi tiene marcadas con líneas amarillas los cajones de estacionamiento; los lugares más cercanos a los accesos viales a su complejo fabril los tiene reservados “para los directores y gerentes”, luego siguen los espacios para “los proveedores”, después unos cajones para los obreros que pueden llegar en modestos coches y lo que resta, casi frente a su tienda de saldos, para clientes y visitantes.

La apropiación indebida de la vía pública se completa con postes para colgar cadenas que impidan el uso de estacionamiento cuando los lugares llegan a desocuparse y con otros postes de señalética pirata que tienen la leyenda “prohibido estacionarse”.

En total son entre 45 y 55 espacios de estacionamiento (no los pude contar con exactitud por el hostigamiento relatado a cargo de los guardias privados) que Flexi usa a lo largo de, por lo menos, 10 horas al día, 6 días a la semana. Si la fábrica del Señor Roberto Plascencia, o sus usuarios, pagaran al Municipio, digamos, la tarifa de 7.50 pesos que se cobra en los estacionamientos propiedad pública (como el que está en las oficinas de Desarrollo Urbano) se ingresaría a la semana entre 22 y 25 mil pesos; al mes, unos 90 mil pesos; al año, tranquilamente, al menos un millón de pesos.

Como los franeleros y los viene-viene, el uso abusivo de los espacios y la vía pública, en este caso de la mano de la empresa orgullo de nuestra tradición zapatera, se facilita por falsos argumentos como que ellos facilitan y ordenan la siempre conflictiva vía pública, por falta de conciencia ciudadana sobre cuántos recursos públicos sustraen los privados que ejecutan esta apropiación indebida, pero sobre todo por el repliegue de la autoridad correspondiente, en este caso, Desarrollo Urbano y Tránsito municipales.

En el caso del estacionamiento frente a Flexi, la empresa marca adecuadamente el deslinde de su complejo industrial (varios edificios, casi la manzana completa) con un enmallado que nadie trasgrede, pero el pavimento entre este linde y la banqueta lo dejaron empedrado a fin de engañar con que dicha franja aún es su propiedad y, por tanto, lo usufructúan para el estacionamiento que, de por sí y en sus propios terrenos o en lotes rentados, debieran proporcionar a su personal y proveedores.

Inclusive si, como en los hechos Flexi defiende, esa franja empedrada fuera propiedad del Sr. Plasencia, es claro que la misma no tiene el ancho para alojar sino autos muy pequeños en lugar de las camionetas de los directivos y las de los proveedores, por lo que continuamente el “estacionamiento de Flexi” en realidad ocupa el espacio de banqueta para peatones.

Pero no: esa franja de vía pública no es propiedad de Flexi; ojalá que su dueño ordene cesar el uso indebido y abusivo que la empresa hace de ella o que las autoridades le pongan un freno. No se trata de atender la molestia de algunos ciudadanos que hemos osado estacionarnos ahí, sino de aclarar, para todo fin legal y práctico, que el espacio público y la vía pública tienen precisamente el carácter de públicos y que, si se van a usufructuar, el beneficio debiera ser colectivo.

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