Sara Noemí Mata


El plan que todo lo puede
11/Febrero/2013

No sé si en otras latitudes las leyes y los planes tengan el “poder brujo” que ejercen entre los mexicanos, los guanajuatenses y por estos días, los leoneses. Tendemos a creer que con una reforma constitucional, con un cambio a una ley importante o con la emisión flamante de un plan de gobierno ya hemos dado un gran paso en la mejoría de nuestras condiciones de vida o de la calidad de nuestra democracia.

Hay mucho de magia en este pensamiento pero, sobre todo, mucho de una característica muy nuestra del modo de hacer política –entre los que ejercen el poder- y de relacionarnos con la política –entre los que nos toca vivir sus consecuencias-. Me refiero al anhelo por incorporar en el discurso de los planes todos los asuntos de los que se ocupa un gobierno con igual estatus de importancia y nuestra complacencia a repetir los lugares comunes como el de la participación ciudadana, la visión de ciudad o la gestión integral.

En esta semana se aprobó el “Programa de Gobierno Municipal 2012-2015” con el voto en contra de los cinco regidores panistas y los dos del PANAL. Debido a que aún no se puede conocer de primera mano el documento guía de la administración priísta en su regreso al poder municipal, he revisado con atención las crónicas del la sesión de Ayuntamiento y las declaraciones previas y posteriores de los regidores de oposición para emitir su voto en contra.

Parece que los panistas no salen de su perplejidad de ser oposición, o aún peor, que luego de gobernar el Ayuntamiento durante 24 años con mayorías que no siempre fueron holgadas, hoy esa experiencia no les de para una argumentación elemental de su voto en contra del plan de gobierno priísta en el espacio obligado para ello: el de la sesión del Cabildo o antes, en la sesión de la Comisión de Planeación.

Luego, en una rueda de prensa, los regidores panistas –temblorosos e inseguros los imagino, pues así es como se desenvuelven en las sesiones de cabildo que me ha tocado presenciar- se respaldaron con sus dirigentes estatal y municipal para señalar que votaron en contra de la planeación barbarista, porque no cumple con el formato de plan establecido en la ley respectiva, porque no fija plazos para la aplicación de sus proyectos ni montos presupuestales para realización y porque ciertos problemas los aborda sin la complejidad que de suyo tienen. Pusieron como ejemplo que la atención a grupos vulnerables no contempla a los adultos mayores y que en tema de migración no habla de los migrantes que llegan, sino sólo de los que León expulsa.

No tengo a la vista el documento aprobado, lo cual es explicable porque al estar pendiente su publicación en el Periódico Oficial no cobra vigencia y todos los gobiernos suelen ser poco diligentes para agilizar este trámite. Sin embargo, en la aprobación extraña que se le denomine “Programa” en lugar de “Plan” de gobierno municipal pues, efectivamente, es una cuestión formal que el sistema de planeación gubernamental, que rigen la Ley orgánica municipal, así como las leyes general y estatal de Planeación y los reglamentos municipales respectivos, indican que cada administración debe emitir en el plazo de sus primeros cuatro meses, un Plan municipal de gobierno. El mote de “programa de gobierno” se reserva a las estrategias particulares que sobre un problema o dependencia administrativa se elaboren a partir del Plan.

La objeción formal del PAN puede deberse también a que la estructuración interna del documento presentado no responda al muy cuadriculado formato en que las leyes dicen que deben hacerse los planes o, incluso, a que no se siguieron las formalidades, porque eso son, para consultar a la población antes de su emisión. No lo sabremos sino hasta que se publique el documento respectivo.

Quise atender las otras cuestiones “de fondo” que la oposición panista alude, para ver si podía compartirlas. La más importante, a mi juicio, es que el Plan de gobierno no declare en qué año de los que dura el trienio se llevarán a cabo los principales proyectos y con qué presupuesto. “Si nos dicen que harán tres súper escuelas no sabemos cuándo las iniciarán y cuándo las terminarán, porque hasta ahora ellos argumentan un plazo de terminación de tres años y pueden hacer todos los proyectos en el último año y nosotros nos tendríamos que quedar cruzados de manos porque no hay nada escrito”, explicó el regidor Alejandro Arena, en una entrevista.

En realidad los planes municipales de gobierno nunca han hecho gala de esta precisión de temporalidad y dinero público implicado, porque la ley no se los exige y ningún político ha decido distinguirse por ello. Consultando los planes de los últimos tres alcaldes panistas, Sheffield, Vicente Guerrero y Alaniz, efectivamente son una sucesión más o menos organizada de proyectos, ideas o acciones concretas, sin fechas de realización, ni montos presupuestales comprometidos y sólo muy ocasionalmente con una contextualización de efectividad frente a tal o cual problemática que se proponían atender.

Los apartados pueden llamarse diferente pero prácticamente se refieren a lo mismo: lo que en Vicente Guerrero se llamó “bienestar para todos”, se puede equiparar a “calidad de vida y desarrollo comunitario” del de Ricardo Sheffield y al que Bárbara Botello anuncia como “desarrollo social e incluyente”.

Es muy atendible lo que reclama el regidor Arena, que ellos como ediles y nosotros como ciudadanos deberíamos saber con más detalle la encadenación temporal de los grandes proyectos de la administración, así como el compromiso presupuestal que hace la alcaldesa hacia objetivos de la mayor importancia, como el esfuerzo municipal de elevar la calidad de la enseñanza en las escuelas públicas leonesas, pero reclamarlo a golpe de silencio como lo intentaron los panistas fue una vía timorata y medrosa pero, sobre todo, ineficaz porque los panistas saben que no es bajo la formalidad del Plan municipal de gobierno que pueden hacerlo o porque desconocen los otros instrumentos políticos y legales para impulsarlo, como lo es la aprobación del presupuesto municipal o la posterior vigilancia de los Programas operativos municipales (los famosos POA).

A mi ver y aún sin conocer el documento, el Programa o Plan de gobierno municipal tendrá sus limitantes por la forma en que se concibe el proceso de planeación, porque éste no sirve para destacar los asuntos centrales del desarrollo que como ciudad nos lastra y porque no hay, aún, mecanismo de enlazar la enunciación de un proyecto o programa municipal, con su momento presupuestal y la rendición de resultados que llega a tener.

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