Sara Noemí Mata


No es perfecto ni se acerca
31/Diciembre/2012

¿Puede un proceso defectuoso arrojar un resultado bueno? Esto me he preguntado desde inicios de diciembre en que se dieron los nombramientos del Consejo Directivo del Instituto Cultural de León por parte del Ayuntamiento, por el cual catorce ciudadanos y ciudadanas tomaron protesta de su encargo y sesionaron por primera ocasión como máximo órgano de decisión de la paramunicipal.

Desde el cambio de gobierno municipal he venido escribiendo en este lugar la oportunidad y obligación que tiene el nuevo cabildo, en especial la alcaldesa priísta y sus aliados ecologistas, de transparentar y democratizar el ámbito de la participación ciudadana que constituyen los 17 consejos directivos de paramunicipales y los 8 consejos consultivos de que se auxilia el Ayuntamiento para ejercer la máxima representación política y dirección de nuestro municipio.

He registrado también el fiasco madrugador que fue la renovación del Consejo del DIF y el desaseo político y legal con que se dejó, o se instruyó actuar a Alfonso Barajas, anterior y ratificado presidente del Consejo del ICL en cuanto a invitar a personas para integrarse al órgano directivo o a vetar la permanencia de consejeros anteriores.

Ahora que ya sabemos un poco más de las trayectorias de quiénes quedaron, las vías por las que fueron convidados a asumir esta responsabilidad pública y de cómo transcurrió la sesión de instalación del Consejo, ratifico que no hubo una verdadera convocatoria y consulta liderada por el Ayuntamiento, o por miembros de él, para allegarse y procesar con transparencia las propuestas y autopropuestas que para los cargos llegaron a la ventanilla u oídos de nuestros ediles. Alfonso Barajas, un círculo de funcionarios del ICL, y muy probablemente en comunicación con el hoy director Sebastián Serra, confeccionaron una lista de personas a quienes invitar a convertirse en consejeros, pero el universo de los ciudadanos a considerar, las organizaciones proponentes (o si provenían de autopropuestas) y los curriculums de todos nunca fueron puestos en común ni discutidos con los ediles, aunque unos de ellos, al ser conocidos o tener simpatías con alguno de los propuestos facilitaron que la lista total no presentara demasiadas objeciones y que incluso el rechazo inicial que los del verde mostraban al accionar de Barajas, se diluyera.

Al final quedó un consejo directivo poco más grande que el anterior y que el previsto por el Reglamento: de 13 integrantes ciudadanos se pasó a 14, aunque la normativa exige al menos 9 consejeros de dicha extracción. De ellos, sólo dos fueron ratificados en la titularidad del cargo: el propio presidente del Consejo Alfonso Barajas y el rector de La Salle, Andrés Govela, mientras que otros tres fueron pasados a suplentes: Rina Osuna, Emanuel Alvarado y Carlos Javier González.

Es notable que en el nuevo Consejo del ICL se haya doblado la participación de mujeres, de 3 a 6, y que luzca la presencia de jóvenes como titulares y de consejeros con experiencia y más edad, en las suplencias.

Estos aspectos virtuosos no ocultan, sin embargo, lo que he señalado antes: que la lista la confeccionaron de las redes sociales Barajas/Serra, por lo que es señalada la vinculación de varios consejeros con la Universidad Iberoamericana (Rodolfo Horner, Diana Garza, Giovanna Battaglia, Nora Salgado), un par con La Salle (Andrés Govela y Pedro Ardines) y nada más, como si el sector educativo o universitario se limitara a estas dos instituciones; a mi ver es especialmente crítico que ni en el pasado ni ahora, por lo que se ve, se haya consultado a la Universidad de Guanajuato campus León para integrar el Consejo del ICL, pese a que es la única que tiene programas de formación de gestores y públicos culturales, estudiosos de los procesos creativos y está incrustada en el Forum Cultural.

Lo otro es que, si bien la trayectoria de los recién nombrados es atractiva y vigente, acaso de uno o dos puede rastrearse una vinculación con otras organizaciones sociales o colectivos de creadores; esto no es un requisito que les inhabilite para ser consejeros pero, en mi opinión, impide detonar el potencial organizativo y participativo que desde la consejería ciudadana se puede dar.

Además corrobora que los consejeros más que ser propuestos o representar un sector como lo contempla el Reglamento del ICL, fueron acomodados de forma extraña y sin mayor explicación para Dcumplirc con la norma; así, Daayana Quijano que es presentadora de un programa de queja social en Televisa Bajío aparece como del sector educativos, Juan José Cercado que dirige un grupo de baile folclórico representa al ,sector social y Rodolfo Horner que está al frente de un colegio privado lo apuntaron como sector artísticos.

Inclusive si estos detalles formales no fueran importantes, los resalto porque nos muestran un modo de proceder en que la responsabilidad política y de gestión transparente y democrática recae en nuestro Ayuntamiento; a ellos debemos exigirles mucho y esperar un despliegue más riguroso y exhaustivo para las renovaciones de Consejo venideras, no centrado únicamente en la confianza que nuestras amistades y redes sociales nos pueden otorgar.

Con todo, y para enseñarnos la variedad de grises que hay en todo proceso, me pareció destacable la participación que el síndico Luis Gómez y la regidora Bety Manrique tuvieron en la toma de protesta de los consejeros nuevos, el pasado 6 de diciembre, que devino sesión de instalación y elección del Presidente del ICL. Los ediles advirtieron de las formalidades legales para sesionar (que al parecer los nuevos y los ratificados desconocían!) y dijeron a los ciudadanos que la facultad de elegir al Presidente y Director podían ejercerla en ese momento o diferirla para cuando tuvieran mejores elementos para decidir. En ese ámbito de libertad y a la vez, probablemente siguiendo un guión sugerido por quien los invitó, los consejeros ratificaron primero a Barajas y luego a Serra como director, aunque en realidad no tenían alternativas porque ambos eran candidatos únicos.

Al día siguiente, el ex rector de la Ibero fue presentado a los medios y a los funcionarios institucionales como nuevo timón del ICL y a la semana siguiente el Consejo tuvo su primera sesión ordinaria.

Podríamos sostener que el resultado fue bueno, porque se dio sin retrasos, se cubrieron las formas, las votaciones en Cabildo y Consejo fueron unánimes y no hubo en medios de comunicación críticas mayores u objeciones ruidosas a alguno de los nombrados. En lo personal sigo creyendo que hubo vicios de origen o procedimientos políticos tradicionales que se pudieron evitar o corregir y nada nos asegura que en el transcurso de la relación Ayuntamiento-Consejo directivo-Instituto no broten consecuencias de esos defectos: el indicador clave será el papel que los ciudadanos hechos consejeros adopten, de si colocan su responsabilidad legal, política y práctica frente al público sobre la lealtad hacia quien los invitó a ser consejeros, mientras se lían con la fastidiosa formalidad de toda la gestión institucional.

DEJANOS TU COMENTARIO
1456374297.png
1321493145.gif
1381429645.jpg
1321493278.png
1321493200.png