Sara Noemí Mata


Las Joyas: escuela emblemática y calidad educativa simbólica
17/Diciembre/2012
Es extraño estar de acuerdo con Emilio Chuayffet: hace unos días, en el furor político y mediático que ha causado la propuesta de reforma constitucional en materia de educación, el Secretario de Educación dijo que actualmente más que un igualador de oportunidades o de movilidad social, nuestro sistema educativo era una gran fábrica de frustración entre niños y jóvenes.
Chuayffet dijo que la frustración ocurre cuando se termina la escuela y no se encuentra trabajo. Yo creo que el fiasco empieza mucho antes y pongo de ejemplo no la experiencia propia sino la de varias decenas de madres de familia de la zona de las Joyas con las que he compartido en los últimos meses reuniones de diagnóstico comunitario sobre la violencia e inseguridad que viven ahí niños y jóvenes.
Los niños no aprenden y se dan cuenta, algunos por disciplina familiar persisten hasta terminar el curso, pero los más realistas o impacientes abandonan la escuela porque no les aporta ni siquiera entretención.
 Las madres saben que las cuatro horas que comprende la jornada escolar son insuficientes para que sus hijos progresen en alguna habilidad, pero los envían a la escuela rogando que ese día el director no suspenda clases y porque, de verdad, no hay otra esperanza a la que asirse.
Los maestros y directores conocen al dedillo todas las carencias de infraestructura y programación educativa con que tienen que navegar para llegar al fin de cursos, pero se avienen a las componendas sindicales, a los compañeros profesores que no tienen preparación, que no controlan al grupo y que no enseñan nada.
Los alcaldes –y alcaldesas- saben que en sus localidades la educación no va bien, que las escuelas no tienen maestros completos, ni baños higiénicos pero tienen una coartada perfecta en que la infraestructura educativa no es de su responsabilidad legal, que los profesores no están en su nómina y que, por ende, la calidad educativa, simplemente no es su asunto.
Los gobernadores tienen claridad respecto de todo lo anterior, pero siempre será más fácil y políticamente productivo gastar millonadas en becas que nombrar a los funcionarios y políticas adecuadas para revertir el rezago.
Aunque hace años que en nuestro país se dejó de hablar con insistencia de la cobertura educativa, convencidos de que ése ya no era el reto, sino la calidad, hoy nos damos cuenta de que si bien las estadísticas globales hablan de cobertura cercana al 100% en primaria y secundaria, hay enormes bolsones de rezago en que ni siquiera estos dos niveles históricamente considerados educación básica están cubiertos. La cuestión empeora cuando sumamos preescolar y bachillerato recientemente convertidos en educación básica. Así ocurre en Las Joyas.
En ése espacio del territorio leonés, la alcaldesa Bárbara Botello ha determinado instalar una “escuela emblemática” que fue bandera de su campaña política. Lo hará en donde ya existe una primaria pero con la apuesta de que la escuela irradie calidad de atención de servicios y espacios públicos que son propios del municipio, como la seguridad, la plaza de convivencia vecinal y un polideportivo, hasta ahora inexistentes como equipamientos en el área de Soledad de la Joya.
Urbanísticamente la idea es interesante, nueva por la forma en que en las últimas décadas se proyectan y construyen –o fabrican- las escuelas básicas en México, con prototipos uniformes, con una implantación hosca en contextos populares generalmente pobres de paisaje y con una renuncia, casi por ley, al embellecimiento o disfrute de los espacios en que los niños y jóvenes pasarán una parte de sus vidas.
En la práctica los problemas de un proyecto así saltan a la vista. Como formalmente las primarias son propiedad del Gobierno del Estado, éste tiene que dar su anuencia para que en su predio construyan algo distinto y, además, brindar la disposición de acuerdo para que la mudanza temporal de maestros y alumnos se realice con los menores sobresaltos posibles.
En el diseño de un proyecto como la escuela emblemática con la plaza pública y el polideportivo adosados en el espacio, el reto se centra en integrar funcional y paisajísticamente tres grandes manzanas que en principio tienen usos distintos, una es la de la escuela primaria que ya comenté, el otro es el predio central de la plaza pública (el único de propiedad municipal), hoy física y simbólicamente degradado y sujeto a disputas entre pandillas de la zona y, finalmente, la gran manzana del templo del Señor San José que, como en otras zonas habitacionales, en cabildos anteriores no tuvieron reparo en donar a la Iglesia sin estudiar las limitaciones de diseño de espacios públicos que imponía al propio municipio entregar tal predio.
Si se llegan a solventar estos aspectos arquitectónicos y de diseño, lo que sigue es la gestión de un espacio público de esas dimensiones y función. Estamos muy acostumbrados a hacer parcelas en la gestión de lo público y a levantar enrejados para cada área: que las canchas deportivas las atienda COMUDE, que la escuela la vigile la SEG, que la parroquia cierre sus atrios cada noche y así sucesivamente. Como ciudadanos y como burócratas no conocemos otro modo de gestionarnos nuestros espacios, aunque, al mismo tiempo, tengamos duras pruebas de que ése modelo no es sustentable ni genera participación democrática ni responsabilidad ciudadana.
Si el proyecto barbarista para Las Joyas parte de una “escuela emblemática” lo que más echo en falta es la ausencia total de una vertiente sobre la calidad de la enseñanza no sólo en el plantel que piensa sustituir, sino el estado general de las escuelas básicas en el poniente empobrecido de León y los severos rezagos de cobertura que presenta toda esa área. Incluso si todas las grandes ideas de diseño urbano se materializaran, si se tuviera el dinero para construirlas y la innovación para gestionar los nuevos espacios edificados, me temo que después de deslumbrarnos con tal obra, volveremos a ver la tierra en las calles y los jóvenes vagando como signo inequívoco de que no fuimos a la raíz de los problemas.
 
Adiós prematuro
Conocí a Porfirio Fuentes como brioso y combativo representante del PRD en el Consejo Distrital 06 del IFE.  No puedo decir ni siquiera que trabé amistad, pero sí una respetuosa alegría y compromiso de trabajar por la democracia, más admirable, desde mi punto de vista, en su posición de joven abrazando un partido marginal en las contiendas locales.  Lamento su fallecimiento y abrazo a nuestros amigos comunes.
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