Sara Noemí Mata


Evaluar a los ciudadanos
22/Octubre/2012

La retórica de la ciudadanización que se ha popularizado en los últimos años en todos los ámbitos de lo público, quizá excepto en el de las finanzas macroeconómicas y de los presupuestos públicos, tiene un flanco débil que pocos se atreven a criticar.

Me refiero la necesaria evaluación sobre su desempeño, la eficacia que esperamos muestren en su ejercicio y a una actitud ética sobre su práctica.

A los ciudadanos puestos en Consejos directivos o consultivos no se les pasa asistencia, no se ven obligados a explicar el sentido de sus votaciones, o argumentar sobre sus posiciones públicas.

A menudo no sabemos de sus resultados, de su afonía en los espacios en que deben tomar la palabra y discutir con información con los funcionarios o regidores determinada política o programa oficial.

Partimos de la idea de que un ciudadano es más honesto que un político o representante popular, que va a ser más crítico o innovador que un funcionario que lleva años en determinada dependencia; entonces el público y los medios de comunicación, usuales entidades que piden cuentas, se desentienden de sus resultados o confían ciegamente en ellos.

Las instituciones por su parte, usan los nombres o presencias ciudadanas, a menudo calladas o irrelevantes, para presumir de una apertura social de la que no gozan y llegan a extremos de simulación como el ocurrido en IMPLAN que sus Informes anuales son firmados por consejeros ciudadanos que no se presentaron nunca a las sesiones ni sostuvieron trabajo en comisiones.

El otro extremo del actuar de ciudadanos en Consejos se ubica en el protagonismo que está fuera de todo marco normativo y de una comprensión elemental del funcionamiento de las instituciones y políticas públicas.

Es natural que ciudadanos destacados, o de personalidad líder, sientan un impulso fuerte de imprimirle su sello a las instituciones donde los invitan a colaborar honorariamente, pero conviene preguntarse si valen declaraciones como las que ha vertido Azul Etcheverry, la presidenta del DIF municipal, en relación “diseñar su plan de trabajo” o “imprimirle su visión empresarial” a la gestión institucional.

Ni el DIF, ni ninguna institución municipal está esperando que su nuevo presidente de Consejo llegue para indicarles el “Plan de Trabajo”, éste debiera estar en planeación institucional y planeación de gobierno municipal y desprenderse de los marcos normativos que rigen los programas básicos de cualquier dependencia. Su presidencia o consejería ciudadanas debieran abordarlos con toda seriedad, criticidad y ánimo de mejora, sobre todo de ajuste a la realidad de los problemas otras organizaciones sociales involucradas o las poblaciones-objetivo señalen.

Debieran de hacerlo, fundamentalmente, como cuerpo colegiado que son y en estrechísima relación con los representantes populares de quienes vienen sus facultades elementales, en el caso local, con los regidores, síndicos y Alcaldesa.

Admito que esto es difícil porque los ediles que hemos tenido en los últimos años tampoco han dado el trato, asistencia y participación adecuada y esperable, legal y estratégicamente, a estos espacios de la gestión pública participativa; en términos llanos, a menudo los regidores del Ayuntamiento no acuden a las sesiones de los Consejos, llegan tarde o se salen antes, tienen pocas respuestas a cuestionamientos de los ciudadanos cuando enfrentan conflictos con otras áreas de la administración municipal y no construyen un sentido de cuerpo con los ciudadanos a quienes han llamado a compartir poder.

En las semanas que vienen se cambiarán los integrantes de una veintena de Consejos Ciudadanos. Ojalá la renovación se haga parcialmente, analizando los ediles y señalando los ciudadanos, a aquellas personas que han adoptado con compromiso y eficacia su papel. Algunos criterios que podrían emplearse ahora, o en el futuro, para realizar esta evaluación a los ciudadanos en los Consejos son:

*Comprensión y apego a la legalidad municipal y de la institución, sin admitir malabarismos burocráticos para restar transparencia al accionar de la institución.

*Compromiso de participación con tiempo de calidad y actuación democrática fuera de las reuniones a que es convocado.

*Ejercicio de comunicación y enlace con otros ciudadanos sobre el propio actuar en la esfera pública.

*Autocontención de ánimo de ser tratados con deferencias, querer seguir en un cargo o saltar a otro.

*Conciencia para diferenciarse de los representantes electos o funcionarios de gobierno, sin ubicarse moral o prácticamente sobre ellos, sino distinguiéndose por su vinculación y compromiso con el mosaico de sentires y proyectos ciudadanos.

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