Sara Noemí Mata


No se mata la verdad matando periodistas
10/Septiembre/2012
Cada país tiene una fecha para lo mismo, pero la oficialidad de nuestra wikipedia indica que antier, 8 de septiembre, debió conmemorarse el Día Mundial del Periodista.

Ser periodista es una categoría extraña. No todo el que escribe en un periódico es periodista y hay muchos que hacen un periódico sin que sus nombres se publiquen nunca y, por ende, sin que se les reconozca como tales. Se es periodista por auto adscripción y por el reconocimiento de los otros, sean éstos los lectores o colegas de oficio.

A veces se distingue entre periodistas y reporteros, o entre periodistas y presentadores de noticias. La ignorancia de algunos conduce a llamar periodistas sólo los que escriben las noticias y se deja en un lugar aparte dejar a los fotógrafos, camarógrafos o a los editores.

En otras ocasiones, el estatus de periodista se cuestiona por las prácticas anti periodísticas en las que incurre una persona en el ejercicio del oficio, o por dedicarse más al comercio de su posición de influencia en la opinión pública que a su encargo social de informar.

Buscar la definición profesiográfica del periodista podría llevarnos muchas líneas y apenas importa a un puñado de quienes pasamos por allí. Lo verdaderamente grave e importante para el resto del puñado que reconocemos la relevancia de un periodismo libre y profesional para nuestra democracia, es que esta profesión se ha convertido en una de altísimo riesgo en nuestro país.

En todos los nichos del oficio diario de informar –inclúyase reporteros, fotógrafos, editores e incluso voceadores-, en medios locales o nacionales, sean periodistas de información policíaca o reporteras de fuente política, nuestro país acumula la cuenta de 126 personas muertas relacionadas al periodismo.

Recuperar sus nombres y su historia es, más que un esfuerzo de recuerdo u homenaje individual, una vía para construir una radiografía de lo que pasa con este gremio, en que el asesinato es la última y, quizá, diminuta etapa de las presiones cotidianas que viven y que se manifiestan en amenazas, agresiones, extorsiones y censura. Esta recuperación de biografías e historias se ha convertido, además, en el más reciente proyecto curado por el colectivo NAR, Nuestra Aparente Rendición, portal web liderado por la escritora catalana Lolita Bosch.

La idea consiste en que 126 periodistas vivos, más unos 50 editores, diseñadores y fotógrafos, se encarguen de reconstruir la historia de sus 126 colegas muertos. Sus textos se editarán en un libro que se espera circule de modo gratuito en la próxima Feria del Libro de Guadalajara, este diciembre.

Pero a diferencia de un periódico que se paga el día en que es puesto en circulación y su lector lo compra, para imprimir este libro se ha lanzado una campaña de crowdfunding, es decir, financiamiento masivo vía internet.

Si Ud. quiere respaldar al proyecto, debe entrar a la página www.goteo.org, allí se busca el link “No se mata la verdad matando periodistas” y se conocen las condiciones de aportación. Los donativos se realizan desde 9 euros, equivalente a 150 pesos y hasta 250 euros, un poco más de 4 mil pesos. Lo novedoso de esta forma de microfinanciación es que el cargo a su tarjeta bancaria se realiza sólo en caso de que se logre reunir el monto planteado por los organizadores para editar el libro. Si no se logra la meta, el cargo no se realiza.

Esta característica del sistema de financiamiento permite la transparencia porque hay que registrarse en el sitio de goteo.org pero también garantiza el anonimato si el donante lo prefiere. A mi me estimula probar cómo la internet y las redes pueden dar ese sentido de que un aporte personal, aunque sea modesto, puesto en relación con el de otros, puede hacer, o no, realidad un proyecto trascendente. Y creo que el de la solidaridad y exigencia de respeto y garantías al trabajo periodístico lo es.

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