Sara Noemí Mata


Un clima de cambio
03/Septiembre/2012
Después de abordar en tres entregas la revisión de las propuestas de campaña de la próxima alcaldesa de León, la priísta Bárbara Botello, arriesgo una serie de propuestas personales en que me gustaría que mi próximo Cabildo se destacara.

Es de suponer que no soy la única: por estos días muchos ciudadanos, organizaciones civiles y grupos de interés están tratando de dejar en los oídos de los próximos gobernantes y representantes populares lo que considera sus prioridades. Lo que cada sector o grupo social expresa es disímbolo y muy desigual la capacidad que tienen para, enseguida, hacerse escuchar e influir. La forma en que la próxima alcaldesa acomode y priorice estas demandas definirá sus ideas políticas mejor que todos los discursos y propuestas expresadas en campaña.

Los consejos ciudadanos.- La conformación de los consejos directivos de las entidades paramunicipales y el juego social y político que se les brinde a los consejos consultivos existentes estará entre las primeras acciones en que el barbarismo y sus aliados verdes del Cabildo mostrarán su talante de gobierno. Si optan por un sistema democratizador y abierto, harán amplias convocatorias para la renovación de los Consejos, analizarán las propuestas que organismos y ciudadanos les presenten y transparentarán los criterios para elegir a sus integrantes. También podrían reproducir las formas del panismo, caracterizadas por el secretismo, ánimo de control y un presunto equilibrio entre grupos de interés, a costa de poner en los consejos de las paramunicipales a los amigos y leales partidarios, incluso si no tienen ninguna vinculación con el área de gestión de dichas entidades o sostienen posiciones contrarias a los intereses públicos representados en ellas.

La cuestión verde.- La mayor efervescencia de participación social en la ciudad se presenta en torno a los problemas ambientales: la defensa de los árboles y áreas de donación destinadas a espacios verdes, los reclamos por el impacto contaminante de las ladrilleras, la promoción de la bicicleta, el conflicto con los pepenadores y la militancia por cambio en los hábitos de consumo han politizado en los años recientes a numerosos ciudadanos que se ven orillados a organizar con otros sus reclamos y luchas. Ante la mayoría de ellos, la respuesta municipal ha sido de confrontación, de descalificación de liderazgos, de minimización de los asuntos reclamados y, en el mejor de los casos, de apoyos residuales e intermitentes a dichas causas.

Con el cambio de gobierno sería esperable que la atención de estas demandas empiece con una interlocución sistemática con los líderes sociales o ciudadanos destacados que se han puesto al frente de tales demandas u organizaciones; que ese diálogo se realice con miras a incorporar sus resultados de modo efectivo en las decisiones, políticas y presupuestos municipales y con la idea de no desinstalar la protesta ciudadana sino de transformarla en mejor organización civil.

La participación vecinal.- La política continuada y consistente del panismo en este tema fue pulverizar la participación vecinal a través de los comités de colonos y meterlos, sin posibilidad de salida, en una lógica de gestionar, interminable y dificultosamente, apoyos para sus colonias y vecinos, basados en oficios y escritos y en la visita a “miércoles ciudadanos”; pero lo que realmente hacía que una demanda o proyecto vecinal prosperara era el nivel de relación que el líder de la colonia tuviera con los funcionarios de desarrollo social o, por sobre ello, el nivel de compromiso que el o la líder vecinal pusiera para la movilización partidista en los momentos que se requiriera. El priismo que ahora dirigirá el municipio podría patentizar su ánimo de cambio transparentando en qué colonias hay comité y quiénes lo integran, (listados que ni siquiera a ellos como integrantes opositores del Cabildo y con mando en la Contraloría municipal lograron abrir) y promoviendo que la organización vecinal no se enfrasque en costosas, lentas y fatigosas gestiones burocráticas de “apoyos” sino que se capacite a los líderes vecinales para la promoción de una participación democrática y transparente, pero sobretodo, vinculadora de colonias próximas y promotora de la responsabilidad ciudadana.

Las políticas de participación de la mujer.- Quizá el tema de género sea el asunto más castigado -legal, discursiva y presupuestalmente- por los políticos que anteceden al trienio por inaugurar. Los episodios de acoso sexual destapados en las últimas semanas en diferentes oficinas de gobierno municipal dan cuenta de uno de los muchos rasgos que atentan contra la mujer en nuestros lares. El Instituto Municipal de la Mujer, y en general, todas las políticas de fomento de la participación de la mujer y la eliminación de las violencias contra ellas han sobrevivido penosamente al desdén e incomprensión de los gobernantes panistas. El reto de dos mujeres, la alcaldesa y la primera regidora, de cambiar este panorama puede empezar por una atención personalísima a las instituciones y los programas que favorezcan los derechos de las mujeres pero debe culminar en un esfuerzo de transversalización de las políticas de género que siguen esperando pasar de la teoría a la práctica.

Es una obviedad reconocer que el plazo de tres años es insuficiente para consolidar o en ciertos temas, incluso, arrancar cambios esenciales en la forma de gobierno o en el estilo de la representación popular para desmantelar las prácticas corporativas o imbuir en la clase burocrática principios de transparencia y eficacia; pero lo que muchos esperamos del próximo trienio es que no sofoque la llama de transformación que les hizo llegar al cabildo, que nos permita vivir de continuo un ambiente de cambio.

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