Sara Noemí Mata


La última y nos vamos
25/Junio/2012
En mi vida adulta nunca he faltado a una cita electoral. He vivido ocho elecciones y por momentos siento que la actual es bajo que me he encontrado en mayor tensión, nerviosismo. Pero hacer el recuento sirve para constatar que no, que seguramente las anteriores tuvieron su componente de gravedad, de momento histórico.

La elección de 1991 la recuerdo como la del fraude contra Fox hacia la gubernatura; la de 1994, la del asesinato de Colosio en plena campaña y el momento zapatista; la extraordinaria de 1995 fue importante para los guanajuatenses porque repuso la de 1991 y ahí resultó electo Fox como gobernador. La elección de 1997 fue la primera que organizó el entonces nuevecito Instituto Electoral del Estado de Guanajuato (IEEG) y donde se experimentó un inusitado reparto de poder local. La elección del 2000 fue histórica porque “sacó al PRI de Los Pinos”. De la elección intermedia del mandato presidencial de Fox, en 2003, no tengo un recuerdo particular pero el llamado de la historia nos convocó de nuevo al 2006, donde experimentamos la más cerrada competencia presidencial y miles nos resistíamos a ir a dormir ante el incierto panorama que nos pintaban las noticias y declaraciones aquella noche. En el ámbito federal la elección de 2009 la vi más como velar armas y esperar a la cita del 2012 pero en el ámbito local fue la posibilidad más cercana de la alternancia a nivel municipal.

Quienes hemos tenido el privilegio de vivir de cerca este devenir político hemos constatado muchos avances; también a ratos nos deprime encontrarnos con varias prácticas que ni todo el dinero ni todo el esfuerzo empeñado por miles de ciudadanos y políticos han terminado por darnos un clima de competencia sin trampas, sentado en la información y deliberación política de altura.

Es un enfrentamiento entre de la aspiración a que un momento -el momento electoral- cambie nuestra historia contra la realidad de que nuestra historia y cultura democráticas transita y avanza por pasos más pequeños, a veces inconsistentes y sujeto a muchos jaloneos en torno a la dirección que debemos tomar.

Voy a dejar de escribir en este espacio por un par de semanas. La víspera de la jornada electoral estaré concentrada en las últimas tareas preparatorias de la elección que se dan en el Consejo Distrital en el que participo y aunque seguramente habría tiempo para comentar sobre ello, lo que se leería el 2 de julio sería de total irrelevancia porque sólo importará quiénes y por cuántos votos ganaron.

El domingo entrante todos querremos saber los grandes números para ir a dormir, felices o decepcionados si es que la mayoría favoreció a quienes nosotros creíamos y queríamos. Quienes estamos involucrados en un Consejo debemos entender las estrechas diferencias que se hayan dado para calcular y programar la tarea de los siguientes días, los del cómputo oficial. El martes 3 y miércoles 4 de julio comenzará una tarea muy tensionante pero vital para que el país siga en marcha la segunda semana de julio.

Aunque nuestro marco legal y las sentencias de tribunales electorales han complejizado los cómputos, confiamos y nos preparamos como consejeros ciudadanos para proporcionar certeza en los niveles en que nos toca actuar. En realidad, de lo único que se trata es de garantizar la mayor fidelidad posible a la expresión y voluntad de elección manifestada por los electores en su día.

A menudo la etapa de los cómputos, que puede prolongarse sin interrupción hasta el sábado siguiente a la elección, resulta incomprensible para la gente o los reporteros de medios de comunicación. Uno no entiende porqué tardan tanto y vuelven a contar todo, o casi todo, o porqué discutir sobre algo que “está tan claro”.

Es casi obligado que comiencen a circular versiones de que ahí se negocian triunfos o derrotas, de que ahí se deshace el trabajo que otros miles de ciudadanos hicieron en las casillas, que ahí se desvirtúa la decisión de la gente.

Mi apuesta y empeño es porque ello no ocurra. Más allá de que los resultados del próximo domingo nos digan que las encuestas tenían razón o que se equivocaron rotundamente, habemos convencidos de que hay que construirnos esa certeza sobre el conteo de los votos para que al día siguiente nos pongamos a trabajar en las otras certezas que los mismos procesos electorales nos dejan: lo que está mal construido y no funciona de nuestros partidos políticos; las prácticas discriminatorias hacia la participación política de las mujeres; la expansión y tecnificación de los ambientes y acciones de compra y coacción del voto; el inmenso poder de desinformación que los medios de comunicación ejercen sobre nuestra sociedad y lo que nos falta a las organizaciones ciudadanas para ser un factor eficaz de formación cívica crítica y apartidista.

DEJANOS TU COMENTARIO
1456374297.png
1321493145.gif
1381429645.jpg
1321493278.png
1321493200.png