Sara Noemí Mata


De la boleta al voto
11/Junio/2012

Para Noemí del Socorro Lucio


Las boletas ya llegaron a las oficinas de cada distrito electoral. Ayer se celebraron en todo el país simulacros de los sistemas por los que el 1 de julio se reportará la instalación de casillas y sus posibles incidentes, del operativo del conteo rápido que realizará el IFE y de la captura de resultados preliminares en el llamado PREP.
Como es sabido para muchos, el traslado y manejo de las boletas electorales se hace con el resguardo del Ejército, se extreman cuidados y se multiplican registros y candados para asegurar su resguardo hasta el día en que son entregados a los presidentes de casilla la semana previa a la jornada electoral.
Cada boleta se sella, se agrupa y “enfajilla” contemplando el número exacto de boletas que cada casilla requerirá; se registran los folios que se entregarán a cada casilla y, al final de cada día, se guardan en cuartos vigilados 24 horas por soldados. Cada paso y movimiento de este material esencial para recoger la expresión de la voluntad de cada votante puede ser vigilado por los representantes de los partidos políticos.
Podría agotar las líneas de esta columna y no terminaría de reseñar los cientos de candados y controles que nos hemos dado en este país para tener unas elecciones limpias. Por ello no deja de asombrarme, e indignarme una pizca, que cualquier persona o contendiente electoral pueda a la luz del día, en un mitin, en una plática entre vecinos o en una entrevista televisiva sembrar la duda y decir que es posible un fraude electoral.
Efectivamente, en la operación de las casillas el primer domingo de julio puede haber fallos humanos: ciudadanos que habiendo sido designados y capacitados no acudan con puntualidad a la instalación de sus casillas; otros que recibieron una capacitación no suficiente para actuar adecuadamente en los momentos clave o quienes con la mayor concentración o empeño cometan errores en la clasificación y conteo de los votos.
Se puede, sin duda, comprar la voluntad de miles de votantes, se puede coaccionar a los menos informados y socialmente más vulnerables (por su situación de necesidad y menor educación), se pueden observar movilizaciones masivas de votantes que, sin tener la decisión de expresar libremente su voto, sean llamados por un partido o líder a cambio de un estímulo económico, para acudir y votar en un sentido específico; en las casillas, distritos o regiones muy disputadas un partido puede promover la sensación de riesgo o violencia hacia los electores para disuadir la participación.  Todo lo anterior se puede y, de hecho, aún es práctica común en nuestros procesos electorales, el presente incluido.
Aún no nos ponemos de acuerdo en cómo eliminar dichas prácticas (¿menos dinero a partidos?, ¿mayores sanciones a quienes incurran en ellas?, ¿mayor cultura democrática al ciudadano?), pero es importante deslindar y decir que éstas corren a cargo, abierta o veladamente de partidos y campañas políticas, de estructuras de gobiernos que corporativizan programas y empleados públicos, y no de los órganos electorales.
De lo que sí tenemos idea, y materiales al alcance, es de las vías para contribuir a minimizar las prácticas que roban la libertad de elegir. Lo primero es asumir que votar es una responsabilidad, más allá de un derecho o una obligación constitucional. Dice un amigo:  “Es como si fuéramos en un camión y nos dieran la responsabilidad de elegir al conductor: no vamos a elegir a uno que no sepa manejar, a otro que esté borracho, o a otro que nos quiera llevar a un lugar diferente al que queremos. Si votamos sin pensar bien y ocurre un accidente en nuestro viaje, éste se ocasionará, en parte, por nuestra culpa".
Lo segundo es apropiarse de la máxima que dice que la legalidad somos todos. Si un partido hace trampas en la elección, si presiona a los votantes con regalos, promesas o amenazas ¿cómo podemos saber que será honesto en el ejercicio de gobierno? Observar con detenimiento las prácticas proselitistas y de control corporativo de los candidatos y gobernantes nos ayuda a cancelarles nuestro apoyo con el voto.
Una tercera vía es construir nuestra decisión de voto conscientes de que tendremos seis diferentes elecciones que hacer, seis cargos en disputa que requieren seguramente ponderación diferenciada de lo que sirve a mi persona, a mi familia, localidad o país para repartir el poder.
Finalmente está el profundizar nuestro conocimiento y compartirlo de modo preciso y sin falseo a personas menos informadas, sobre la forma de emisión del voto para que éste sea válido y las implicaciones del conteo de votos que se han abierto a partir de las coaliciones que actualmente están compitiendo. Particularmente útil para esto es la “Guía para la clasificación de votos de Presidente, senadores y diputados federales” que ha aprobado el IFE y que los funcionarios de casilla tendrán para su orientar su actuar, pero que también es consultable y útil para cualquier persona.
Además recomiendo revisar el libro “Sistema de nulidades en materia electoral” para conocer lo que puede invalidar un voto, una casilla o una elección completa no sólo en la casilla, sino en las fases de conteo y recuento de votos que con probabilidad se darán en la semana posterior al día de elecciones; esta fase nodal de la elección se vivirá con algo de incertidumbre porque puede llevarse hasta cuatro días completos en las sedes distritales y los ciudadanos que ya votaron o recibieron los votos pueden estar sujetos a interpretaciones erróneas o manipuladas de medios de comunicación o candidatos. 
Tanto el folleto contra la compra y coacción del voto editado por Propuesta Cívica Guanajuato como los materiales del IFE son descargables gratuitamente de Internet.
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