Sara Noemí Mata


Becas de transporte
21/Mayo/2012

Las campañas para la Alcaldía de León nos han dejado algunas propuestas en materia de transporte público que es importante escudriñar.

Básicamente todos los candidatos han coincidido en continuar con el desarrollo del Sistema Integrado de Transporte (SIT), dicen apoyar la tercera etapa, pero sin especificar si conocen los alcances de la misma o cómo priorizarían las obras que se han estimado en mil millones de pesos.

El candidato del PAN Miguel Salim y la del PRI, Bárbara Botello, también han coincidido, con más o menos detalle, en la necesidad de mejorar físicamente algunos paraderos o elevar las frecuencias de las orugas, aunque sin decir si revisarán la concesión de los paraderos o exigirán la inversión en su mantenimiento.

En lo peculiar de propuestas para el transporte público resalta la de Salim de otorgar 10 mil becas de transporte para estudiantes de secundaria aplicados para que no abandonen la escuela. En este artículo revisaré aspectos económicos, sociales y de las políticas de movilidad cotidiana de tal proposición.

De entrada debo decir que me parece un acierto vincular el transporte a la posibilidad de disfrute de otros derechos, como el asistir a la escuela, pero yendo a los números no me queda claro que tal sea la intención de fondo del candidato panista.

Según los datos presentados por el Observatorio de Seguridad (SIGU-OCL) la inasistencia escolar en niños y jóvenes es una de las más acuciantes realidades que dibujan la marginación y escenarios de violencia en nuestras periferias: en 2010 el 3.8% de los niños en edad de asistir a la primaria no acudía a sus aulas; en nivel secundaria la cifra es del 9.77%. Si estos niveles educativos, que son los obligatorios y en los que nuestras autoridades educativas se ufanan de cubrir totalmente la demanda, es decir, que no faltan escuelas, tenemos en total a cerca de un 13% de niños y jóvenes no asisten a ellas y hemos de buscar las razones de tal abandono.

En las periferias las escuelas están saturadas por lo que a menudo las familias tienen que mandar a sus hijos a planteles en colonias cercanas o más céntricas donde hay cupo. El precio de los pasajes asociado a otros costes económicos de asistir a la escuela y a razones más educativas en que los maestros no logran atraer y contener a sus estudiantes en las aulas, nos llevan a una urgente realidad de abandono escolar en las colonias más pobres de toda nuestra geografía.

En números gruesos, tomando como base la población de 2010, pensemos que hay una población en edad escolar básica (de 5 a 14 años) de 303 mil niños y jóvenes de los cuales unos 40 mil no asisten a la escuela.

Si tomamos sólo a los del nivel secundaria a donde se enfoca la propuesta de becas de transporte de Salim, vemos que el Sistema de estadística educativa de la SEG reporta para el ciclo pasado, 2010-2011, que tuvo inscritos 78,722 jóvenes, y en comparación con el ciclo previo desertaron 4.4%, es decir unos 3,500 adolescentes.

Lo que quiero mostrar es que pensar en 10 mil becas de transporte1 no parece atender ni a los 40 mil niños y jóvenes que ya en el 2010 estaban sin ir a la escuela, ni estar en relación con los 3,500 que tan sólo en el ciclo escolar previo al actual desertaron de la secundaria, además porque el candidato propone otorgar la beca a estudiantes destacados, aplicados, cuando es casi seguro que el problema de abandono escolar y deserción no está entre ellos.

Otro aspecto importante de las becas de transporte está en los costos de su aplicación. El gasto menor es la compra de los plásticos pues para 10 mil tarjetas el municipio sólo tendría que gastar 200 mil pesos o menos (¡con una liquidación de un funcionario rival se completa!). Lo bueno viene en definir cuántos pasajes al día o al mes va a disfrutar el estudiante becado y quién va a cubrir dicho costo.

A 3.70 pesos el costo actual del pasaje para estudiante, garantizando dos pasajes por día (ida a la escuela y vuelta a casa), en los 20 días hábiles que en teoría se acude a la escuela, por 11 meses que dura el ciclo escolar, tendríamos un costo anual de 16 millones 280 mil pesos por otorgar las 10 mil becas de transporte escolar.

El candidato panista ha omitido decirnos si el financiamiento de esta propuesta es por subsidio de recurso público directo (como el subsidio al precio del Metro en el DF), por negociación con los concesionarios del servicio (por ejemplo en el próximo aumento de tarifa) o a través del subsidio cruzado como actualmente se aplica a las tarifas preferenciales del transporte; éste último tipo de subsidio consiste en que los descuentos que se hacen a estudiantes, menores de 11 años, adultos mayores y discapacitados NO los paga el Municipio, ni los absorbe el transportista sino que se pagan con la tarifa general del resto de los usuarios.

Con información del sistema Pagobús podemos saber que de las 412 mil tarjetas que se usaron al menos una vez en Diciembre del año pasado, unas 57 mil correspondían a estudiantes y 56 mil a menores de 11 años que la mayoría, probablemente, también sean estudiantes. Nuevamente, frente a estas cifras es difícil entender a qué obedece el ofertar 10 mil becas de transporte para estudiantes, pues en la investigación de este artículo pude constatar que las enormes y ricas bases de datos de Pagobús que contienen el domicilio de los chicos y el de las escuelas donde acuden, el número de viajes que en promedio realizan o los montos de recarga de sus tarjetas, simplemente no están a disposición de la autoridad correspondiente y no son explotados para hacer propuestas de políticas o programas más puntuales como la que ahora se le ocurre a un candidato.

Insisto: establecer la relación transporte-derecho a ir a la escuela es muy pertinente, pero urgen definiciones del sentido de la política pública (¿revertir el abandono escolar? ¿Contener la deserción en secundaria?) y clarificar cómo será su financiamiento.

DEJANOS TU COMENTARIO
1456374297.png
1321493145.gif
1381429645.jpg
1321493278.png
1321493200.png