Sara Noemí Mata


Un momento de evaluación
2a. Parte
20/Febrero/2012

Un asunto de la mayor relevancia en todo proyecto organizativo independiente es construir una institucionalidad interna, unas reglas consensadas para repartir las tareas que la asociación se propuso en su fundación y también para distribuir las facultades y poder de decisión y presencia hacia el exterior.

El caso del Observatorio Ciudadano de León fue peculiar porque la convocatoria la realizó un ente público (el alcalde) que además tuvo la determinación de no actuar internamente sino sólo en el llamado inicial . Los que llegamos a aquel fundacional 20 de enero de 2010 en que se constituyó el OCL éramos de variadas extracciones profesionales, socio-organizativas, de perspectiva política y por ende, con diversidad de formas de entender el actuar de un observatorio ciudadano y con expectativas muy distantes sobre sus resultados.

Por razones del modelo que se endosó al OCL y de la decisión un tanto cuanto arbitraria e inexpresada en sus razones, se nos eligió a 17 personas para integrar el Consejo Directivo y se colocó al resto de los ciudadanos que atendieron la convocatoria, en el papel de Consejeros Consultivos. El registro de esta peculiaridad –en la calidad distinta de integrante fundador del OLC- fue deficiente en el Acta Constitutiva al grado que meses después se nos presentó la necesidad de modificar los estatutos internos de la asociación a fin de que se clarificara que los asociados éramos sólo los 17; lo anterior estuvo motivado por que el esquema de un número abierto de integrantes legales de la asociación hacía inviable, según la opinión de varios abogados y notarios, obtener la deducibilidad de impuestos que a la fecha el OCL busca que se le autorice como parte de su esquema de sustentabilidad financiera de mediano plazo.

Mi posición en lo personal fue aceptar el cambio legal porque se daba agilidad al manejo administrativo de la AC y sobre todo, se garantizaba que los consejeros consultivos eran la pieza esencial en el proceso de verificación al Municipio con el IWA, tarea esencial del modelo de observación ciudadana con el que nació el OCL.

Más allá de éste cambio, la labor de construir la normatividad interna del Observatorio estaba por realizarse y a mediados del 2011 se emprendió gracias al impulso de un grupo de consejeros consultivos preocupados por contar con un detallado Reglamento Interno que intensificara y alineara las relaciones entre consejos Directivo y Consultivo del Observatorio, clarificara las formas de relevar a los integrantes del primero y lograr adhesiones al segundo y pusiera normas mínimas para sancionar el cumplimiento o no de todos sus integrantes.

Los trabajos y discusiones de dicho Reglamento fueron intensas y muy útiles para mostrar lo arduo que es llegar a acuerdos incluso con los que compartimos un proyecto y lo temerosos que a veces nos mostramos para sentar las bases de una organización democrática y abierta desde las bases, desde su convocatoria a nuevos miembros y en los mecanismos de reparto interno del poder.

El Reglamento fue aprobado en la última sesión ordinaria. En lo personal mostré mi oposición, y reservé mi voto en ese sentido, a que se creara una Comisión de Honor que, entre otras cosas, “vigilará el espíritu ciudadano con que se creó el Observatorio” y tendrá facultades en el proceso electivo de nuevos miembros del Consejo Directivo. Se pensó que dicho grupo lo integraran los futuros expresidentes del OCL y miembros de FIDEGOC, entre otros. Creo que en una institución ciudadana, todos sus miembros cuidan su carácter independiente y no requieren de un grupo “de notables” que preserven el “espíritu fundacional”; lo anterior es, en mi punto de vista, una envoltura discursiva que permitió a FIDEGOC ratificar en una forma legal, la influencia práctica y cotidiana que le dio haber suministrado el modelo de organización del OCL y la herramienta IWA.

No habría evaluación equilibrada si no se destacan los aspectos positivos en los que el Observatorio ha tenido un aporte relevante. De la experiencia que tuve estos dos años, subrayo el mecanismo de diálogo directo funcionario-ciudadano que suponen los momentos de verificación al Municipio.

En dichos minutos, gobernantes y gobernados se hallan cara a cara; tersos o aguerridos, unos u otros, el encuentro transcurre no mediatizado por burocracias de bajo nivel o medios de comunicación, que usualmente se constituyen en el canal único para que los ciudadanos revisen los resultados de un programa, indiquen su insatisfacción sobre una política o pidan el cambio de un reglamento.

El resto de los mecanismos de diálogo funcionario-ciudadano que conocemos, tipo el miércoles ciudadano o las asambleas de barrio oscilan entre un trámite más de solicitud de algo y la expresión controlada de demandas ciudadanas que usualmente reproducen y reducen el carácter del ciudadano a un solicitante de un servicio público o cliente político de la administración en turno.

La metodología de los encuentros de verificación del OCL, y los preparativos y evaluatorios que se desprenden, apuntan a algo distinto, que dista de ser perfecto o acabado, precisamente por la desigualdad técnica o de acopio de información contextualizada con que el observador enfrenta a un funcionario con todo el aparato legal y burocrático que le acompaña.

Otro dato positivo que puede acreditarse al OCL es la posibilidad de encuentro de ciudadanos de diversa trayectoria e intereses sobre lo público, pero determinados a tener una influencia en el nivel municipal de su gobierno y conscientes del valor de una actuación conjunta. Aunque la cifra mágica de 160 observadores ciudadanos que imaginó el alcalde Sheffield cuando comenzó a airear este proyecto no se ha logrado más allá de registros de papel, creo que cada uno de ellos tiene una trayectoria de participación y organización mayor o especializada que debe estimarse a pesar de las modestas cifras.

El OCL tiene una historia breve y un futuro incierto: en eso se parece a la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil con quienes comparte arena. En mi opinión, sus principales retos están en cultivar la democratización de su institucionalidad interna, acreditar la transparencia y verificabilidad de sus procesos (para lo cual sería útil la publicación de sus reportes de ingresos y egresos y la concreción del Gabinete de evidencias de las verificaciones) y vertebrar con sus productos a otras organizaciones sociales.

Finalmente, por este medio quiero expresar mi agradecimiento más honesto y cálido a todos los integrantes del Observatorio con los que me tocó compartir alguna tarea, alguna discusión, alguna charla para mover a nuestra sociedad leonesa. He aprendido mucho y ésa es una recompensa valiosa para mi.

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