Sara Noemí Mata


Al pan, pan; al vino, vino
10/Octubre/2011
Cada día cientos de parejas se casan y algunas decenas de divorcian. Las uniones se comparten al público, se hacen fiestas, se busca salir en las secciones de sociales de los periódicos. Las separaciones buscan vivirse de modo reservado y sin aspaviento. Eso es lo “natural”, lo razonable y a lo que todos quienes vivimos en pareja tenemos derecho. Pero ni los casamientos ni las separaciones pueden mantenerse en secreto, pues son las dos caras de un mismo acto social, y de algún modo u otro se comunican.

Las personas que están en una función pública están un poco más obligadas a pensar cómo informar públicamente cuando atraviesan por una situación de ruptura matrimonial. Hay cientos de fórmulas que los encargados de relaciones públicas de personajes del entretenimiento, de la realeza o del alto mundo de los negocios han ejecutado para dar noticias de este tipo.

Algunas confirmaciones de rupturas son muy acartonadas, otras sinceras o escuetas; algunas brillan por su ejemplar uso del lenguaje para no entrar en honduras, hay quienes prefieren hacer un comunicado conjunto a través de sus abogados o quienes hacen sus confirmaciones independientes por redes sociales o por medio de sus oficinas de prensa. En particular recuerdo el muy elegante informe que se hizo cuando la Infanta Elena, hija de los Reyes de España, se separó de su esposo Jaime de Marichalar: anunciaron “el cese temporal de su convivencia” como preludio a la formalización del divorcio, algunos meses después.

Esto viene a cuento por mi colaboración de la semana pasada. Escribí sobre la renuncia la señora Genny González a la presidencia del DIF Municipal basada en la hipótesis de que se debía a una ruptura matrimonial con el Alcalde Ricardo Sheffield. No pude encontrar, no lo hay ahora, en los medios de comunicación oficiales (me refiero a las páginas web del municipio y el DIF León) ninguna declaración al respecto.

Lo que había en la página del DIF Municipal era el Acta de la sesión donde la señora Genny González había presentado su dimisión y, como parte integrante de la minuta, se anexó la renuncia misma. De allí extraje la cita (“ya no me corresponde ocupar el puesto que debe ostentar la esposa del Presidente Municipal”) que abonaba en mi hipótesis.

Entonces como ahora, no me interesaba escribir sobre la vida personal del Presidente municipal o de la señora González, pero de inmediato me han parecido llamativos las formas y omisiones de los funcionarios públicos entorno al alcalde panista.

El mismo lunes que apareció mi colaboración en estas páginas recibí confirmación del divorcio del Presidente municipal por parte de la oficina de Comunicación Social. El mensaje, de una sencillez asombrosa, contrasta con la sensación que trasmite la misma oficina de no querer hablar públicamente del hecho, de negarse a hacer una declaración oficial.

Es un signo de nuestra inmadurez vestida de conservadurismo, pensé; como leonesa que soy, me pregunto por qué nos encanta hacer como que eso, el divorcio, no pasa por nuestras familias modelo, por qué nos sentimos más a gusto dejando a todos discurrir en el cotilleo morboso y qué tanto eso actúa para reforzar nuestra cultura política de actuar sin información, de entretenernos en declaraciones y dejar pasar los hechos, los datos.

Lamenté que este Alcalde manejara así las cosas, pero en cierto modo disculpé para mis adentros que quizá nunca estemos muy preparados para actuar de modo eficiente en situaciones que a veces nos toman por sorpresa aún siendo los protagonistas.

Pensé que el tema no pasaba de ahí, pero, aunado a lo anterior se ha encadenado una inmadurez institucional que ahí sí, no quiero dejar pasar.

En esta misma semana, el DIF Municipal quitó de su página web la minuta de la sesión con la carta de renuncia de ex Presidenta que ya había hecho pública. Luego, convocaron a la sesión extraordinaria para elegir a la nueva Presidenta sin difundir, por los medios a su alcance, el lugar y hora en que habrían de realizarla. Personalmente realicé varias llamadas y visita a las oficinas del DIF para enterarme cuándo se llevaría a cabo esta importante sesión, pero todo era incertidumbre y evasivas. Finalmente, sesionaron el jueves por la mañana y eligieron a la señora Celina Hernández Rubio como nueva presidenta y, a juzgar por las notas que registraron los periódicos locales, emitieron un escueto comunicado de prensa que dio cuenta del nombramiento.

A diferencia de lo que había ocurrido la semana previa, ahora el DIF no se dio tiempo de subir a su página la minuta de la sesión y aquí estamos sin saber cuántas y cuáles consejeras votaron por Celina Hernández, si hubo alguna otra propuesta o qué argumentaron las ciudadanas y regidoras presentes para decidir que era ella la persona más adecuada para presidir la institución.

La hoy Presidenta del DIF asiste regularmente a las sesiones del Consejo pero francamente no suele participar en dichas juntas. Su principal carta de presentación en el ámbito de la asistencia social parece ser que es mamá de una reina infantil.

Así que tristemente esta institución, que pudiera ser articuladora de una política social, pasa de tener al frente a la esposa del alcalde ¡a la mamá de la reina de la ciudad!

Me preocupa y por eso escribo la parte dos del caso DIF, porque estoy convencida de que en nuestra sociedad, los problemas de atención jurídica familiar, atención a la infancia, a los adultos mayores o a los discapacitados exigen hoy un perfil más profesional y menos socialité, un liderazgo que apele a la experiencia o a la especialización y ya no a una amistad personal con el alcalde en turno o a una cara que retrate bonito en las secciones de sociales. Seguramente en León tenemos perfiles más adecuados para realizar las actividades de desarrollo social encargadas al DIF; lamentablemente parece que no han entrado en la mente de nuestros gobernantes o de nosotros mismos.
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