Sara Noemí Mata


La renuncia silenciosa
03/Octubre/2011

Sorpresivamente, en la sesión del Consejo Directivo de DIF municipal correspondiente a septiembre, renunció su Presidenta, señora Ma. Eugenia González, esposa del Alcalde Ricardo Sheffield. La renuncia fue aceptada en la misma sesión y ahora estamos a la espera de la convocatoria a una sesión extraordinaria en que el resto de las integrantes del Consejo elijan a una nueva Presidenta del organismo.

El sólo hecho de la renuncia de la señora Ma. Eugenia contrasta con la forma como los asesores jurídicos de la Secretaría del Ayuntamiento manejaron una dimisión similar: cuando en abril pasado la Presidenta del Instituto Municipal de la Mujer (IMM) presentó ante su Consejo Directivo la renuncia, a Antonieta Díaz le dijeron que no se podía aceptar y tramitar su decisión hasta que el Alcalde conociera el hecho y realizara la sustitución correspondiente. A la postre, quien salió del IMM fue la directora Teresa Zorrilla y no hubo cambio en la presidencia, aunque subsisten en dicho Consejo vacantes ciudadanas que desde hace meses no se han cubierto.

No he encontrado una explicación clara al retiro de la señora Genny González, como la llamaban colaboradores y compañeras del Consejo, ni siquiera por el conocido eufemismo de “problemas de salud”, que en su caso eran reales y los cuales meses atrás eran reconocidos; en los corrillos mediáticos y de funcionarios públicos se ha obligado a quienes hacen preguntas a notar detalles que deberían ser intrascendentes como el que “la señora ha dejado de firmar con su apellido de casada”.

Sin embargo, la propia Genny González abona en la hipótesis de ruptura matrimonial como razón de su retiro al redactar en su carta de renuncia: “me despido con nostalgia y enorme agradecimiento por la oportunidad que me dieron de servir a los más desprotegidos pero ya no me corresponde ocupar el puesto que debe ostentar la esposa del Presidente Municipal”.

Se equivoca y no la ex presidenta del DIF. Es verdad que su integración a la función pública se dio como resultado de una de nuestras más rancias tradiciones autoritarias y machistas, que es “poner” a la esposa del Presidente, del Gobernador o del Alcalde en ciertos cargos honorarios, sea que a ellas les quede o no el saco, les guste o no el encargo y vayan a tener lucidez y brillo mediático en la medida que a sus esposos les resulte conveniente. Pero es falso que la Presidencia del DIF la deba ostentar la esposa del Alcalde.

Sin que ningún reglamento o ley lo establezca, esta tradición se repitió con la señora Genny González que con un estado de salud quebrantado en el inicio de la administración se puso al frente del DIF pero declinó participar, como legalmente sí está previsto, en el Consejo Directivo del Instituto de la Mujer, donde en otras administraciones municipales también se le ha reservado la Presidencia.

Esta respetable decisión personal tuvo un impacto político de disminuir, así fuera en el plano simbólico, la importancia que el alcalde y su administración daba al Instituto de la Mujer, frente al DIF, congénitamente en disputa presupuestal y burocrática entre ambas paramunicipales.

Personalmente lamento que el retiro de Genny González, como su llegada al ámbito del servicio público, tenga que explicarse por su relación marital con el Alcalde y que no podamos calibrar su aporte a la gestión de una institución tan central en la atención a las personas marginadas como debiéramos hacerlo con cualquier ciudadana valerosa que se compromete a participar en el ámbito público.

En este caso, como en muchos en que se reserva a la mujer el juego de ciertos roles públicos anquilosados, se le condena a llevar la peor parte: si ocurre una separación del cargo como la que nos ocupa resulta que de un día para otro ella pierde la legitimidad para seguir en la responsabilidad que se le confirió, ya nadie se pregunta sobre sus capacidades o aptitudes personales para continuar sino en los detalles de su situación personal y probablemente si siguiera al frente del cargo también habría un sector de la clase política y de la sociedad que la criticaría.

Ojalá que este penoso caso, que supongo no es el primero, sí sea el último que tengamos que vivir como mujeres y como sociedad; ésta, como muchas de nuestras tradiciones políticas debe cambiar.

Supongo que el nombramiento de un nuevo integrante del Consejo del DIF –por cierto, ningún reglamento obliga a que sea una mujer- y la elección correspondiente de una nueva Presidenta –lo expreso en femenino simplemente por probabilidad estadística, no por preferencia personal o legal- no deberá demorar mucho pues a finales de Octubre debe presentarse el Informe Anual de esta institución, pero el documento no fue siquiera tratado por el Consejo en la sesión septembrina, que se limitó a conocer y tramitar la renuncia sobre la mesa.

De la botica

Infraestructura no es superestructura cultural

La desarticulación de los espacios e instituciones culturales en el municipio se desnudan en el Cervantino: ni la venta de boletos ni la difusión de los eventos se hace de modo coordinado, como si el Teatro Bicentenario estuviera en una ciudad y el Teatro Doblado en otra. De hecho, en el primero de los recintos no se imaginan pegando la cartelera de los eventos del segundo y los boletos de un evento no se pueden comprar en la taquilla del otro, ni viceversa.

Consejo de SAPAL va al Zapotillo

Una visita largamente pospuesta es la que van a realizar esta semana integrantes del Consejo Directivo del SAPAL a la zona de obra de la Presa El Zapotillo. En su pasada sesión fijaron el 8 de octubre como la fecha en que conocerán sobre el terreno la obra que promete resolver el abasto de agua a León en los próximos años. La visita se califica “técnica” para resaltar que no contempla ningún encuentro con pobladores opositores o afines a la obra, como si el agua fuera sólo un tema de química y física, presas y acueductos y no de cultura y sociedad.

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