Sara Noemí Mata


Evaluar al transporte / 2a Parte
19/Septiembre/2011
Entre las mejoras que puede tener la Primera Encuesta de opinión de los usuarios del Sistema Integrado de Transporte (SIT) que comenzamos a comentar en este espacio la semana pasada está el medir, así sea en la manifestación de los encuestados, los tiempos de espera o de trasbordos pues la apreciación de “corto” o “largo” no permite una exigencia real de mejora, es decir, como usuaria, necesito que en seis meses o un año en que se vuelva a realizar una medición como ésta, la autoridad nos muestre que los tiempos de espera de la ruta alimentadora o de la oruga bajen de 18 minutos a 17, ó 15, ó 9 minutos por decir números al azar, con lo cual bajará también el tiempo total del viaje.

Creo que sucesivas encuestas deben permitir relacionar los tiempos de viaje con las distancias promedio recorridas. En la encuesta del Centro de Transporte Sustentable (CTS) se preguntó el promedio de estaciones recorridas, que resultó entre 8 y 9. Si pensamos que -por estándar- entre una estación y otra de las rutas troncales no deben mediar más de 400 metros, podríamos deducir que el promedio de recorrido por pasajero es de 3.5 kilómetros.

Nuevamente, la encuesta resulta débil para permitirnos observaciones que mejoren el sistema en su conjunto y no nada más el servicio de las troncales, pues su instrumento no indagó sobre la distancia total, incluida la realizada en rutas alimentadoras y auxiliares. Pese a ello, quiero resaltar la utilidad de este indicador en la percepción y en la realidad de la movilidad cotidiana de León pues al tratarse de una ciudad particularmente expandida, donde las colonias y zonas habitacionales están cada vez más alejadas del centro urbano y de los principales polos de comercio y socialización, el transporte público debe jugar un papel relevante en “acercar” a la población a “su ciudad” y no sólo resolverle sus traslados más indispensables (al trabajo o a la escuela) con un costo de tiempo y dinero elevado.

Además, relacionar los tiempos de viaje con las distancias recorridas se va a tornar, cada día más, en uno de los puntos críticos para que el transporte público le vaya ganando terreno a la movilidad en auto particular, el cual es, a mi ver, uno de los principales retos que tenemos los leoneses. En las situación actual, y siguiendo los datos de la encuesta comentada, si para trasladarse en promedio 3.5 kilómetros (o incluso el doble, si fuéramos indulgentes en nuestra hipótesis) una persona emplea 40 minutos, se sentirá poderosamente atraída a conseguirse una carcachita o un auto en abonos para dejar de perder tiempo en la parada del camión. Ya sabemos que ésta es una salida falsa en la movilidad sustentable de cualquier ciudad, pero no podemos permitir que nuestro sistema de transporte orille a los ciudadanos a experimentarla y a que con ello vengan mayores presiones sociales y políticas de más vías rápidas y puentes para autos.

Otro hallazgo de la encuesta, que en el lenguaje delicado de las presentaciones oficiales llaman “áreas de oportunidad”, es que un 57% de los usuarios considera que el costo del pasaje es caro y un 77% se quejó del calor dentro de los autobuses. Ésos dos rasgos que las notas periodísticas reflejaban con nitidez en los días de la entrada de la segunda etapa del SIT, hace poco más de un año, y que las autoridades minimizaban con desdén, o francamente ignoraron, siguen presentes en la experiencia cotidiana de moverse en el transporte público leonés y ahora tienen una medición que definitivamente tendrá que cambiar y nuestro gobierno pugnar porque se transforme.

No es por quitarle valor a los reconocimientos internacionales que el SIT ha logrado o los aprendizajes que ha propiciado para la gestión del transporte en otras ciudades mexicanas, pero francamente creo que si en una siguiente encuesta de percepción estos dos indicadores resultan igual o peor evaluados por los usuarios, alguien tiene que responsabilizarse de ello.

Numerosos estudios en naciones diversas y en ciudades de gran tamaño como podemos considerar a León, muestran que la movilidad cotidiana está descendiendo. Justamente, el número total de viajes que hoy se contabilizan en el transporte público es de 700 mil viajes, apenas 50 mil viajes más de los que se realizaban en nuestro vetusto y caótico sistema de camiones que hace una década obligaba a los choferes a pelear por pasajeros en los principales bulevares, maltratar a los usuarios y hacer parada donde se les pedía o antojaba.

Nuestra ciudad ha crecido física y poblacionalmente –más lo primero que lo segundo- pero pareciera que nuestro transporte público no lo ha hecho al ritmo ni de lo uno ni de lo otro aunque ha concentrado fuertes inversiones y cambios estructurales en su gestión financiera. Naturalmente necesitamos más explicaciones –locales y globales- a este descenso o estancamiento de la movilidad en transporte público. Considero que la encuesta del CTS nos devuelve datos interesantes que debieran poderse cruzar o analizar con datos de otras encuestas y estadísticas de gestión del propio sistema que hoy no se hacen públicos.

Se agradece y es muy valioso que una organización no gubernamental contribuya con mediciones como esta encuesta de percepción, pero necesitamos instrumentos definitivamente concebidos para los fines de la política municipal de movilidad que hasta ahora no se han abordado bajo la excusa de que el gobierno municipal no dispone de recursos para su aplicación o de que una encuesta a usuarios debieran patrocinarla los proveedores del servicio, los concesionarios, pero que éstos no quieren gastar en ello.

Si nos quedamos con la primera justificación tendríamos que aceptar que el gobierno municipal no pone en el centro de su acción a sus ciudadanos, ni en tanto sus necesidades de transporte cotidiano ni en cuanto a una política urbana sustentable en el mediano y largo plazos; si nos quedamos con la segunda estaríamos en el supuesto de que el “hombre-camión” fue sustituido por el “empresario-S.A.” pero que ambos siguen teniendo de rehén a sus usuarios y a la autoridad rectora de este servicio público. Y se supone que ya no estamos en ninguno de dichos casos, ¿o sí?
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