Sara Noemí Mata


Cómo hacer verdes las áreas verdes
04/Julio/2011
A menudo que leo o escucho una declaración pública del alcalde Sheffield le reconozco una virtud de responder con chispa o jocosidad a señalamientos o críticas. A veces hasta me sonrío por cómo le da la vuelta a las cosas o trae a colación dichos del habla popular para eludir una respuesta o para lavarse las manos. Una de esas anécdotas ocurrió recientemente cuando comentó una protesta simbólica de vecinos de los bulevares López Mateos y del Francisco Villa que colocaron letreros en defensa de los árboles. Habitantes y comerciantes los redactaron en tercera persona del singular, como si los árboles hablaran e hicieran peticiones del tipo “no me mates, yo soy tu oxígeno”.

El alcalde leonés comentó muy serio que los vecinos –y los árboles- nada ganan con colgar recados en los troncos y que en lugar de defenderlos políticamente, se pongan a regarlos, a echarles agua. A mí me pareció muy atendible lo dicho por Sheffield, pero como tantas otras soluciones que se ofrecen para la acción de los ciudadanos, me parece que se queda en el terreno de lo irrealizable porque se fincan más en el voluntarismo (“si quieren, pueden”) y en el valor ético (“es obligación de los ciudadanos actuar por su entorno”) que en la practicidad para las personas a quienes se propone que lo hagan, o en la factibilidad de la propuesta a nivel de la ciudad.

Suena bien que los vecinos de un área verde trabajen para mantenerla, planten árboles y los rieguen, pero dichas áreas no siempre son colindantes con viviendas y cuando sí lo son, los vecinos contiguos estarían en una obligación desigual de proporcionar el agua de su casa para regar el área común.

Creo que a muchos en nuestra ciudad nos ha tocado ver o participar en esfuerzos de vecinos que tienden largas mangueras desde su casa para echar un poco de agua a las plantas sembradas en camellones o en las áreas de donación cercanas. Algunos más hacen una vaquita para pagar de cuando en cuando una pipa que garantice la subsistencia de esas áreas como algo más que baldíos.

El agua para las áreas públicas, para nuestras sedientas “áreas verdes” –decretadas así por una aprobación del Ayuntamiento, pero lo entrecomillo porque casi nunca tienen ese color- es un problema de ciudad y como tal debiera abordarse. Con esto me refiero a que debe vincularse la solución con el organismo de agua, nuestro laureado SAPAL.

Hasta hoy se ha circunscrito la labor de SAPAL en la dotación de agua potable para el consumo humano, agua para la industria y su posterior saneamiento en ambos usos. Eso es lo principal para cualquier empresa de acueducto y alcantarillado en el mundo, pero en cualquier ciudad se ocupa un uso para el riego de las áreas verdes comunes que pudiera subsumirse al derecho al agua para el consumo y la sobrevivencia.

Cuando pienso en que se involucre a SAPAL en la solución de nuestras áreas verdes no estoy pensando en que todos nuestros camellones o áreas de donación estén empastados y reciban riego diario (nada más antiecológico para la zona semidesértica en que nos hemos convertido), pero sí en que se genere una política por la cual cuando el organismo apruebe o reciba la instalación sanitaria de un fraccionamiento nuevo obligue a la instalación de una red para surtir agua tratada a las áreas verdes, o que facilite con tecnología y capacitación administrativa a los vecinos el disponer de tomas de agua para el riego de áreas verdes. Es increíble que ni siquiera las zonas habitacionales colindantes con las plantas de tratamiento de SAPAL, -Villas de San Juan, por ejemplo- cuenten con un área de esparcimiento vecinal bien reforestada y regada con el agua que allí mismo se trata.

Por otra parte, si hoy en día un comité de colonos –entusiasta, reconocido por el municipio y con todo el ánimo de dar mantenimiento y riego a su área de donación, desea contratar una toma de agua para uso común debe pagar y dar las salvaguardas idénticas a si se tratara de un usuario particular (entre 600 y 11 mil pesos) y pagar el saneamiento, aunque no lo ocupe.

Lo que quiero destacar es que no hay un tratamiento especial (ojo, no irresponsable) a un actor colectivo como son los ciudadanos organizados en un comité o asociación de colonos, que actúan sobre un espacio público, en una propiedad municipal. La ciudad desaprovecha así una formidable oportunidad de tener un bien organizado sistema de dotación de agua para uno de los usos más queridos socialmente, y exigidos a últimas fechas, como lo son las áreas verdes, realmente verdes. Más lamentable –o esperanzador, según el ánimo- es que ya exista la tecnología para hacerlo posible y las facultades legales para operarlo pues SAPAL es autoridad plena en los usos urbanos del agua. De hecho, hace unos meses se habló en el Consejo Directivo del SAPAL que estaban probando unos medidores de prepago de agua (similares a los que distribuye CFE en que el suministro se corta cuando se agota el saldo) para instalarlos en escuelas, con quienes se tiene una larga historia de dotación insuficiente, desperdicios y moratorias de pago.

Medidores de este tipo y un contrato especial para riego urbano en áreas de donación, aunados a una tarifa especial o un volumen de dotación exenta, pudieran promoverse como una política realista y eficaz para mejorar nuestro entorno, para hacer más habitables nuestras zonas populares, más valiosas las residenciales y hasta para mejorar el microclima que cada año nos atormenta más.

De la botica, un rosario de dudas para resolver en el verano:

1- ¿Quién va a enseñar en la UNAM-ENES León? El edificio va adelantado, las carreras a impartir se definieron, el director ya lo nombraron y en unos días se anuncian los alumnos seleccionados, ¿y los maestros? ¿los traerán del Distrito Federal?

2.- ¿Por qué el Partido Verde en el Cabildo hizo mutis en el informe sobre las áreas verdes que se rindió en la sesión de Ayuntamiento de esta semana? ¿Toda su beligerancia surgida por el caso Villas del Juncal sobre las irregularidades en el registro y vigilancia de las áreas de donación se limitaban a saber que en la presente administración se han asignado uso de área verde a 109 predios que totalizan 308,721 metros cuadrados? ¿Y eso qué?

3.- ¿Cuándo nombrará el Ayuntamiento de León a los integrantes del Consejo Consultivo Ambiental? ¿En la sesión del 7 de julio, en la del 14 o ya de plano volviendo de vacaciones?

4.- ¿Le darán presupuesto municipal al Patronato de la Ciudad Histórica? Después de eso, ¿por fin empezará a funcionar su Consejo Directivo?

5.- ¿En qué otras áreas de nuestra inventiva gestión pública municipal surgirán consejos consultivos? Ahora que tenemos uno de Turismo Médico, ¿cuáles nos faltan?
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