Sara Noemí Mata


La pascua de Ingrid
25/Abril/2011

Escribo este artículo por la necesidad ineludible de repasar y compartir, especialmente en este tiempo de Pascua. Leer sobre el fenómeno de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ha sido para mí una obsesión, cual debe, solitaria y sin tregua; quizá un poco antes, pero definitivamente desde aquel diciembre de 2007 en que se difundieron las dramáticas "pruebas de vida" de la colombo-francesa Ingrid Betancourt, fue que me enganché con este tema.

De buscar todas las noticias sobre el cautiverio de esta mujer y del grupo de secuestrados con valor político, salté a la fascinación de conocer sobre la guerrilla popular más longeva del planeta y luego a acercarme al análisis sobre las implicaciones políticas de las FARC en la Colombia actual y las hondas raíces que tiene la violencia-no sólo la narcoviolencia o la violencia guerrillera- en ese país sudamericano.

Con las dificultades que hay en México por allegarse ediciones colombianas sobre el tema guerrillero colombiano, amigos en tránsito por los continentes -el europeo y el suramericano- me han ido resolviendo el acceso a libros y, finalmente, una reciente visita a Colombia me permitió equiparme en este sentido. De esta última incursión es que conseguí el libro No hay silencio que no termine, el relato biográfico de Ingrid Betancourt sobre los seis años y medio que duró su cautiverio a manos de las FARC.

El libro de Ingrid Betancourt puede parecer intimidante por sus 708 páginas, pero sobre todo por afrontar el dolor, narrado en primera persona, de un secuestro en condiciones extremas, inimaginables a ratos por el escenario naturalmente salvaje de la selva virgen y despiadada: el amazonas colombiano y también por la degradación y recomposición humana que se vive allí donde se carece de todo, excepto de ideología y pobreza.

En realidad, los detalles de su cautividad se conocían previamente por relatos de secuestrados que fueron liberados antes que Ingrid en la "Operación Jaque" (Julio 2008) o por comunicaciones que ella y decenas de secuestrados más emitían a sus familias. Así, sabíamos que Ingrid intentó fugarse en cuatro ocasiones, que se enteró de la muerte de su padre por casualidad, que sufrió enfermedades como hepatitis y lesmaniasis y que la dura convivencia en la selva, y su propia personalidad, le acarreó distanciamiento con su ex compañera de partido político, Clara Rojas y constantes roces con sus compañeros de cautividad; también que nunca renunció a exponer sus ideas políticas en el sitio donde tendría el mayor de los rechazos: en medio de la guerrilla que la consideraba el emblema de una burguesía a la que ellos combatían.

El libro de Ingrid no se destaca por contener revelaciones totalmente nuevas sino por el valor que ella muestra por hurgar en sí misma, por analizar la evolución de su persona a lo largo de esos casi siete años, sus modos de enfrentarse a humillaciones, a la desquiciante uniformidad de los días en la selva y a la cancelación de su derecho a la libertad y a la felicidad.

"Acudía a una enorme reserva de recuerdos, dando gracias por la inmensa felicidad que había acumulado durante años (…) sabía que jamás renunciaría a mi lucha por regresar viva a casa".

Mujer educada y refinada, Ingrid Betancourt no concita muchas simpatías en su propio país y, sin embargo, allá nadie le regatea la integridad, valentía y espíritu rebelde que mostró en su actuar político previo al secuestro y que en su relato también se manifiestan.

Yo agrego el rasgo de honestidad que plasma en sus confesiones.

Dice, por ejemplo: "Descubría otra manera de vivir, menos en la acción y más en la introspección.

Imposibilitada para actuar sobre el mundo, desplazaba mi energía para actuar en . Quería construir un yo más fuerte, más sólido. Las herramientas que había desarrollado hasta entonces ya no me servían. Necesitaba otra forma de inteligencia, otra forma de valentía y mayor resistencia. (…) Había tenido que pasar más de un año secuestrada para comenzar a cuestionarme a mi misma" o "a veces me sorprendía pues no conocía bien los engranajes de mi propio temperamento".

No elude contar la degradación humana que situaciones de vida tan extremas hunden por igual a cautivos y captores. Cito: "Teníamos hambre, sufríamos y comenzábamos a comportarnos como si fuéramos menos que nada" o "La selva nos convertía en cucarachas, nos arrastrábamos bajo el peso de nuestras frustraciones". "Sin libertad, la conciencia de si mismo se degradaba hasta el punto de no saber ya quiénes éramos".
"Lo más grave no era morirme.Lo peor era convertirme en lo que más aborrecía. Quería mi libertad, conservar mi vida, pero decidí que nunca me convertiría en asesina. No mataría ni siquiera para fugarme".

Como católica, recurre en diversos momentos de su secuestro, como efectiva tabla de salvación, a la lectura y meditación de pasajes bíblicos. Dos en particular nos explican momentos clave en la particular pasión que vivió Ingrid.

El primero, cuando revisa el relato de las bodas de Caná en que Jesús recibe una casi-orden de su madre de convertir agua en vino.

Ingrid se pregunta: "En este estado de ausencia total de libertad, ¿me quedaba a mi alguna posibilidad de optar por algo? En caso afirmativo, ¿por qué?" La segunda, en los días más duros de la parte última de su secuestro, cuando le tienen prohibido hablar siquiera con los compañeros de infortunio más cercanos, ella responde en un diálogo: "Mira en lo que nos hemos convertido en este campamento; los problemas que tenemos para permanecer unidos frente a una guerrilla que nos intimida y amenaza.

Los apóstoles tuvieron miedo y sólo Juan estuvo al pie de la cruz.

Pero después de la resurrección ya no se comportarán de la misma forma. Van a ir hasta las cuatro esquinas del mundo y se van a matar por lo que han visto. Los van a decapitar, crucificar, despellejar, lapidar defendiendo su historia.

Cada uno supo superarse, vencer su miedo a la muerte. Cada uno escogió quién quería ser".

La pasión, en su sentido cristiano, tiene muchos caminos. La historia de Ingrid Betancourt, contada por ella misma, es impactante y conmovedora. Con su dosis de misterio como el de Jesús, también nos deja varias lecciones y nos abre a la esperanza, en especial de que terminen todos los secuestros políticos y económicos de las FARC. Felices pascuas a todos mis lectores y editores.

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