Sara Noemí Mata


Observar también cambia la realidad
OCL presenta resultados de su segunda verificación
18/Abril/2011

El lunes pasado el Observatorio Ciudadano de León (OCL) realizó la presentación de la segunda verificación que realizó a nuestro municipio. Los resultados pueden descargarse en www.ocl.org.mx tanto en la versión de presentación pública como el documento in extenso.

El trabajo del Observatorio Ciudadano de León no es el primer esfuerzo ciudadano por observar a nuestra sociedad y gobierno pero es singular porque ha contado con el soporte económico del gobierno y –para mí más relevante- con la disponibilidad de información de primera mano de las instancias que la generan con sus intervenciones a través de planes, leyes y programas; es original, además, porque intenta una mirada integradora de diversas temáticas y tipos de indicadores que afronta la gestión local. Frente a otros observatorios que se enfocan sólo en la competitividad económica, en los fenómenos urbanos, en la situación de las mujeres o la infancia o en los índices de desarrollo o la pobreza, la herramienta del OCL, llamada TIA-4 (permítaseme una traducción de las siglas en inglés IWA-4: International Workshop of Agreement) consiste en una colección de 39 subindicadores que se desdoblan en 257 subindicadores, divididos a su vez, en cuatro cuadrantes temáticos: Desarrollo Institucional del gobierno, Desarrollo económico sostenible, Desarrollo social incluyente y Desarrollo ambiental sustentable.

El TIA-4, además, admite diez tipos diferentes de evidencias que califican el cumplimiento de los 257 subindicadores como reglamentos, datos estadísticos o bases de datos, presupuesto para diversas áreas o temas, contar con estrategias de promoción o vinculación, o simplemente con un organismo encargado de la atención de una problemática; así como registrar el procedimiento, el plan de trabajo o el programa en temas o asuntos específicos de la gestión pública.

Esta diversidad instrumental es positiva porque a veces los Observatorios se obsesionan con “datos duros”, indicadores numéricos o parametrizados; en contraparte, la herramienta tiene el riesgo de devolvernos una variopinta imagen de nuestro municipio y por ello nos exige una lectura detallada que no entre a sumar peras con manzanas. A esto invito a mis lectores y a ciudadanos interesados en incidir de algún modo y en alguna parcela de realidad de nuestra sociedad y gobierno local. Me adelanto por ahora en exponer lo que en mi opinión son los principales logros –y sus relativas salvedades- de este ejercicio ciudadano.

1) La calificación de los indicadores recae en ciudadanos, no en expertos académicos, en consultores contratados o en analistas de experiencia. Que yo conozca, no hay mecanismo parecido en otro Observatorio: tiene la virtud de que debe convencer al ciudadano y al mismo tiempo, la desventaja de que la capacidad de lectura crítica de los datos y el nivel de exigencia entre los ciudadanos participantes puede haber sido muy desigual, y de hecho lo fue.

2) Se exigió en las verificaciones un criterio de territorialidad. Aunque parezca increíble, en las estadísticas e informes oficiales de nuestro municipio, es práctica común que se hagan recortes de la realidad; por ejemplo, si se está hablando de familias leonesas que tienen acceso al agua potable en su domicilio se manejan porcentajes sin contar a personas que viven en colonias irregulares, o cuando se indaga sobre colonias que cuentan con el servicio de recolección de basura se nos proporcionan datos sin incluir a los fraccionamientos no municipalizados, es decir, que sin ser irregulares no han sido entregados administrativamente al Municipio.

En ocasiones los informes oficiales dan por datos municipales los que conciernen sólo a la ciudad y no las áreas rurales, o cuando se habla de área urbana se excluyen a localidades catalogadas como rurales pero con una dinámica de crecimiento ya de colonias urbanas. La exigencia en que este criterio de territorialidad fuera más claro fue un esfuerzo por sacar de la sombra a esas partes de León sobre la que a menudo no queremos echar luz (excepto cuando hay que ir a pedirles el voto) y para las que el gobierno tiene numerosas excusas para no atender a plenitud.

Debo aclarar que incluso en la segunda verificación no se ha cumplido cabalmente con este criterio porque muchas bases de datos y sistemas estadísticos de nuestro gobierno local no están preparados para arrojarlo pero, reitero, se logró dialogar con los responsables y exigirles que aún cuando su normatividad o sus planes no contemplen una intervención en zonas rurales, informales o no municipalizadas, como ciudadanos no podemos aceptar esos recortes a la realidad.

3) Muestra la increíble e inaceptable desvinculación entre áreas del gobierno local incluso cuando abordan problemáticas comunes en los que las leyes exigen la “concurrencia” de instituciones o en fenómenos sociales en los que a ojos vistos se requiere su coordinación. El problema de los embarazos de adolescentes es, a un tiempo, un asunto de salud, de género, de educación, de atención a la familia y acceso a la cultura, a la infraestructura deportiva y recreativa, pero no hay en el municipio mecanismo alguno para enfrentar este fenómeno. También hay cosas en que la desvinculación es casi vacío como lo relativo a las ciclovías como alternativas a la movilidad cotidiana en que, si bien hay inversión y planes elaborados, no está claro cómo deben compartir responsabilidad instancias como Obras Públicas, Dirección de Transporte y el IMPLAN.

4) Patentiza la necesidad de contar con unos mínimos de información común para la planeación y que de esta se deriven los diagnósticos y metas que se ponen a multitud de planes, programas y acciones de gobierno. Era lastimoso pero ineludible mostrar que la ineficacia de varios programas gubernamentales tiene su origen en este extravío entre la realidad a la que se quiere cambiar y las metas u objetivos que se planean para incidir en ella. Esto ocurre por igual cuando para “luchar contra la pobreza” se planean y ofrecen cursos de microactividades como uñas de acrílico y pasta francesa sin preguntarse cuántos empleos y qué ingresos se mejoran con estas “capacitaciones para el trabajo”; o cuando para promover la equidad de género se tiene un programa en que sólo se tiene a una empresa en vías certificar sus prácticas de equidad laboral; o cuando los promotores del programa “piso firme” desconocen cuántas viviendas en León tienen piso de tierra.

No tengo duda del principio sociológico que sostiene que observar la realidad empieza por cambiarla. Algo ocurre: los observados actúan de modo distinto y los observadores van acopiando elementos para una acción que al principio no contemplaban. Un diálogo se ha abierto, unas evidencias se han puesto sobre la mesa; queda mucho trabajo de lectura, retroalimentación, negociación y más exigencia a nuestro gobierno y a la entrega de nosotros como ciudadanos.

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