Sara Noemí Mata


Mujeres superadas
IMM: Conservadurismo, marginalidad y conflictos
11/Abril/2011
Esta semana esperamos una reunión importante en el Instituto Municipal de la Mujer. Para el 13 de abril está programada la realización de la sesión ordinaria de su Consejo Directivo, pero esta instancia que es el máximo órgano de gobierno del IMM vive una, una más, de sus crisis institucionales.

El pasado 9 de marzo, durante la sesión correspondiente, presentaron su renuncia al cargo dos consejeras: la presidenta Ma. Antonieta Díaz Guadarrama y la consejera Célica Cánovas Marmo. Aunque allí mismo debió de darse cuenta de las renuncias y se debió llamar a las suplentes de las consejeras salientes, la situación ha entrado en momento de indefinición debido a la intervención de Francisco Fuentes, director jurídico y de gobierno de la Secretaría del Ayuntamiento.

El funcionario, quien se encontraba presente en la sesión de las renuncias, dijo a la Presidenta que su dimisión no podía ser efectiva sino hasta que la conociera el Alcalde y la Secretaria del Ayuntamiento, por lo cual ella debía seguir fungiendo como Presidenta hasta que no se nombrara a alguien en su lugar.

Para agravar la situación se ha instruido a la Directora del organismo, Teresa Zorrilla a no convocar a la siguiente reunión, pues será la Dirección de Gobierno, es decir, Francisco Fuentes, quien realizará la convocatoria oficial.

Las renuncias de dos consejeras del IMM son preocupantes por sí mismas y porque se suman a la renuncia anterior de otra consejera, con lo cual tres de seis consejeras ciudadanas nombradas ya no estarán. Esta situación pudiera no ser tan grave si los funcionarios municipales permitieran que las disposiciones del reglamento del IMM se aplicaran sin demora y, en caso de duda, se ofreciera una orientación legal y formal expedita.

La normatividad que rige al IMM establece en su artículo 20 que: “Las faltas temporales por licencia, permiso o causa justificada de la Presidenta del Consejo Directivo hasta por dos meses, serán cubiertas por el Secretario Técnico”. No estamos efectivamente ante una ausencia temporal de la Presidenta, sino ante una ausencia definitiva por renuncia, pero esto no da pie para que el Director de Gobierno se adjudique la facultad de convocar a la siguiente sesión y tramitar las renuncias y ausencia que se han presentado. De hecho, el artículo 17 del Reglamento del IMM establece: “en caso de ausencia de la Presidenta, las sesiones serán presididas por el Secretario Técnico (la directora Teresa Zorrilla, en este caso), tendrá además de su voto el de calidad”; y previene en el artículo 21 que “la falta consecutiva de alguno de los miembros a tres reuniones de Consejo Directivo, sin causa justificada, se tendrá como ausencia definitiva, en cuyo caso se llamará al suplente, dando aviso al Ayuntamiento”.

La realidad de dos renuncias de consejeras del IMM no se ajusta milimétricamente a lo contemplado por el Reglamento del IMM pero, en mi lectura, la propia norma del organismo contiene los procedimientos para suplir las ausencias temporales o definitivas de las ciudadanas nombradas consejeras. Este proceso consiste llanamente en que el Consejo Directivo llame a las suplentes y dé aviso al Cabildo.

Ya con el Consejo integrado nuevamente, entre sus integrantes deberán realizar una votación para elegir a su nueva Presidenta y seguir la gestión normal tanto del Consejo como del Instituto. Hoy estamos ante la incertidumbre de si esto ocurrirá porque la intervención del Director de Gobierno no se ha dado para clarificar sino para sembrar más dudas sobre cuáles son los pasos que debe dar el Consejo y de allí posibilitar una intervención política en los nombramientos.

Donde sí debiera intervenir la Secretaria de Ayuntamiento es en comunicar al Cabildo que se ha producido una vacante definitiva, cuando ni el suplente ha podido integrarse al trabajo de su Consejo; es el caso de la primera renuncia (la de María Valencia) que hubo en el Consejo Directivo del IMM, hace más de tres meses, pero también de otras que no se han resuelto, como la de Edgar Gerardo Zozoaga en IMUVI.

El Instituto Municipal de la Mujer ha tenido una trayectoria institucional con fases identificables tal como lo ha analizado la académica de la Universidad Iberoamericana Guadalupe Fernández en su libro “Transversalidad de la perspectiva de género en las políticas públicas. Análisis del IMM 1997-2006”. La fase más dura ha sido, con alta probabilidad, la que dirigió Luz María Ramírez porque logró que la institución y sus políticas viraran de la perspectiva de género a una perspectiva de la familia, abandonando con ello los intereses estratégicos de las mujeres y el abordaje de sus problemas más críticos. El periodo que le siguió, el de la directora Gabriela Hernández, simplemente institucionalizó esa corriente conservadora articulada sin mayores sobresaltos, pero también sin mayores resultados, a la ideología de una facción del partido que nos gobierna.

El arranque de un nuevo Consejo Directivo y una directora distinta prometía algún cambio sustantivo, o al menos una gestión revitalizadora del enfoque de género. A un año y medio de ese reinicio lo que tenemos a la vista es una sucesión de problemas que aquejan al IMM: desde la remoción y liquidación en exceso de la anterior directora que ha derivado de un procedimiento legal exigido por la Contraloría, la pelea porque no se le quitara un predio donde el IMM construyera un centro de atención a mujeres, el castigo presupuestal que se sigue imponiendo a esta instancia paramunicipal y ahora las renuncias de algunas de sus integrantes y la incertidumbre sobre su relevo.

Al Instituto Municipal de la Mujer le urge una revisión a su reglamento, a su figura legal; siguiendo a la Mtra. Guadalupe Fernández, a aquellas condiciones institucionales y presupuestales que le garanticen una “función específica y fundamental de transversalizar la perspectiva de género en la totalidad de la política pública municipal; es decir, capacidad de incidencia en todas las direcciones, áreas y departamentos del municipio”.

No queremos ver ahogada al IMM en corrientes conceptuales conservadoras y regresivas, pero tampoco en grillas de poca monta ni en la inanición de presupuestos destinados al fracaso o la marginalidad. De eso ya hemos tenido mucho. No más, gracias.
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