Sara Noemí Mata


Reforma Urbana
07/Marzo/2011
Fue alcalde y habla con el entusiasmo de quien quiere volver a un cargo público; de hecho, en octubre de este año acudirá nuevamente a las urnas a ver si logra su reelección.

Enrique Peñalosa gobernó la capital de Colombia, Bogotá, de 1998 a 2001 y su exitosa aplicación de un sistema masivo de transporte basado en autobuses (como el que en León llamamos orugas y que de hecho imitó a colombiano Transmilenio) le catapultó a la fama mundial como experto consultor en estrategias y políticas urbanas, especialmente en materia de movilidad.

Pero las fortalezas de Peñalosa están en la concepción de la ciudad y de su claridad para identificar los resortes básicos que la mueven, en lo que hay que hacer para incidir exitosamente en ellos.

Sentados a una plática en su oficina bogotana, donde lo mismo recibe legaciones extranjeras, clientes de su consultoría y prepara su campaña electoral, Peñalosa estima en alto a nuestro país y dice que si fuera empresario comprando países, él preferiría a México frente a Brasil: con todo y la violencia, su país tiene mejores números y Brasil está sobrevalorado, nos dice.

Pero en materia de ciudades, México está haciendo todo lo que no debe hacerse, sigue, paso a paso, el modelo de anticiudad que ya se conoce y se padece.

Peñalosa se refiere a la libre operación de las empresas desarrolladoras de vivienda industrial que construyen miles de casas en las periferias, a más de quince kilómetros del centro de ciudad, donde no hay mucho más que casas y casas y casas.

Esos grandes desarrolladores de viviendas ganan haciendo casas pero no valorizan el suelo y en cambio, entregan a los jóvenes a la vagancia y luego a la delincuencia porque en esas barriadas las casas son tan pequeñas que expulsan a los niños y jóvenes a las calles, pero éstas no ofrecen ningún atractivo ni actividad ni conexión a los bienes que la ciudad tiene en otra parte, alejados de este confinamiento social.

Peñalosa declara su credo en el capitalismo, con una notable excepción: el mercado de la tierra urbana. En las ciudades la tierra debiera pertenecer al Estado y éste, a través del gobierno, administrar las fracciones que conviene desarrollar y valorizarlas a través de la infraestructura que sea sustentable ambientalmente y equitativa en lo social.

La propuesta parece radical incluso para él que debe presentar adecuadamente ideas audaces y que el electorado de su país lo vote. Pero el principio de la reforma urbana está en esa rectoría esencial que el gobierno debiera de tener sobre el soporte para el desarrollo de toda ciudad que es el suelo.

En nuestra ciudad, León, tenemos más de veinte años confiando en que la existencia de un instituto de planeación y la realización y actualización constante de planes de ordenamiento urbano podría conducirnos a una ciudad sustentable y equitativa. Hoy debemos superar ese supuesto teórico y político y mirar que en todo este tiempo nos han faltado (por diseño legal o por aplicación de los existentes) instrumentos para intervenir en el mercado de suelo urbano.

Unos de ellos, son los bancos de suelo que por excepción (y con preocupantes fallas en su ejecución) se han emprendido desde administraciones municipales o la aplicación de altas tasas de predial para lotes ociosos (no sólo de grandes dimensiones) dentro de la ciudad.

Podría haber más. Una, mencionada por Peñalosa, es la expropiación que sí está en nuestra legislación pero que goza de mala fama entre políticos y ciudadanía además de que está legalmente diseñada para procesos largos incluso cuando el interés público es mayor y muy claro. El Estado podría, por ejemplo, ejercer el derecho de tanto que tiene cuando un ejido contiguo a la ciudad de desincorpora para entrar al mercado de suelo urbano.

Otros instrumentos para una gestión eficaz del suelo urbano que desde el municipio se podrían ensayar ya, sería el promover construcción de vivienda popular en los barrios históricos así como el otorgamiento de créditos de Infonavit o de IMUVI en zonas céntricas o ya construidas, aunque hemos visto cómo esta tendencia enoja a los desarrolladores de vivienda.

También está, y varias ciudades son ejemplo de esto, la promoción de la vivienda en renta y de formas de propiedad diversas a la tradicional, como el otorgar el usufructo a largo plazo o el promover y desarrollar el régimen condominal.

Por supuesto, también por la información cruza un mercado de suelo menos dominado o especulador como el que padecemos y nuestro gobierno local podría contribuir a ello construyendo y publicando un sistema de precios promedio de venta de predios por zonas o colonias.

Además hay que forzar a que las instancias de planeación (el IMPLAN) y las de vivienda (IMUVI), agua (SAPAL) y transporte se vinculen fehacientemente; estos son los resortes de la ciudad y cuando cada uno se mueve por su lado, no hay avance armónico posible.
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