Sara Noemí Mata


Tenerías: la tradición como pretexto
07/Febrero/2011
En las últimas semanas, desde octubre para mayor precisión, SAPAL emprendió una campaña de verificación y sanción a curtidurías que siguen realizando los procesos más contaminantes de la industria ya prohibidos para las áreas urbanas.

La sanción que le impuso SAPAL a las curtidurías contaminantes básicamente incluía la clausura de las descargas de estos establecimientos al drenaje de la ciudad, lo que, sin implicar el cierre del resto de actividades de la empresa, devenía en el cese de su producción y muy probablemente en el paro de sus trabajadores. A partir de ahí, los dueños de las empresas idearon la más reciente forma de oponerse a cumplir con las normas ambientales que se les han anunciado por años a su gremio y que, también por años, han podido sortear gracias a su influencia política o a la debilidad de autoridades pasadas.

Los curtidores opuestos a cesar sus procesos húmedos de curtido dentro de la ciudad primero organizaron una manifestación en el estacionamiento de un centro comercial; luego difundieron en los medios de comunicación el argumento que su proceso de curtido eran antiguo, con 150 años de hacerse en forma igual y que por ello habría un valor cultural en seguirlo practicando.

Finalmente, uno de los curtidores afectados, emplazado a recibir a los verificadores de SAPAL, convocó a igual hora a los familiares de sus trabajadores, con hijos y pancartas, a tratar de impedir la clausura de sus drenajes.

Las crónicas de los reporteros y las imágenes de los fotoperiodistas que cubrieron el intento de bloqueo, muestran que las familias sostenían consignas como "queremos trabajo", "dejen trabajar a mi papá" o "tenemos hambre", revueltas con declaraciones oportunistas pero sin asomo de verificación como el que "Semarnat ya vino y dijo que no contaminamos" o el "llevamos años aquí y nadie se ha muerto por esto".

El dueño de la empresa en cuestión, Curtidos y Maquilas, remató que SAPAL lo estaba "obligando a firmar" un convenio de reubicación de su proceso más contaminante a las áreas autorizadas como si ello evidenciara la violación de un derecho particular y no la sujeción a una obligación que como empresario curtidor tiene.

Lamentablemente la forma en que se nos plantea este conflicto, como tantos otros de naturaleza ambiental, se traduce en que las normas ecológicas dejan sin empleo a cientos de familias humildes o destruyen procesos industriales tradicionales, o que para cumplir con el derecho a un ambiente sano para todos se tenga que sacar de la industria emblemática de León al tramo más débil, el de los micro y pequeño curtidores.

En esta cuestión, no hay dilema entre un derecho y otro: se trata de razonamientos falsos que ayudan a encubrir realidades más dolientes como la de patrones no preocupados por la salud de sus trabajadores o los vecinos de sus fábricas, o la de autoridades incapaces de hacer cumplir una norma, sea ambiental o laboral.

Por fortuna, al menos de parte de la autoridad de SAPAL en este caso, se ve una posición distinta: hoy podemos congratularnos de tener verificadores suficientes y preparados para hacer cumplir una norma ambiental, lo que no ocurre en otros campos, como el de la vigilancia de los bosques, los bancos de materiales o de las ladrilleras que igualmente afectan la salud de los leoneses.

Llegar a que ninguna tenería de León realice los procesos de curtido más contaminantes y prohibidos para el área urbana será un paso histórico por lo que ha costado en tiempo y convencimiento público de su necesidad; pero apenas un logro modesto en lo que hay que hacer para tener una ciudad con pleno cumplimiento las normas ambientales, no sólo en materia de descargas al drenaje, también en emisiones contaminantes al aire y en la deforestación y malos usos del suelo.

A las tenerías a las que se han clausurado sus drenajes porque se niegan siquiera a adquirir el compromiso de reubicar sus procesos húmedos, les siguen las que firmaron para torear la ley y la autoridad, pero que en los hechos poco o nada han dispuesto para probar la transformación de sus industrias. SAPAL las tiene identificadas y también debe ir por ellas.

Por supuesto, es deseable contar con más investigación para seguir trabajando sobre las partes contaminantes de la curtiduría, para informar al público de su control y manejo y paulatinamente elevar los estándares de lo permitido para esta industria, así se haga fuera del área urbana o dentro.

La tradición no puede ser emblema del deterioro paulatino y silencioso de nuestro ambiente y salud pública, sino el fermento de lo que es sustentable a futuro y de lo que no admite otro aplazamiento.
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