Sara Noemí Mata


Mi Feria
24/Enero/2011
Me encanta la Feria de León por su carácter popular. Pareciera como si de pronto emergieran en un punto concentrado los rostros de quienes cotidianamente no nos vemos, pobladores de un León que nos habituamos a la segregación de nuestras viviendas, de nuestros modos de transporte, de nuestros lugares de comer o conversar.

Estamos aquí todos fluyendo por los mismos accesos y pasajes, mezclando nuestras rutas y compartiendo las filas para entrar a un espectáculo o nalga contra nalga en la banqueta para descansar. Todos frente a todos comemos la chatarra de moda y salta a la vista del que se quiera fijar los modos que tenemos de corregir a nuestros hijos o de brindar públicamente una consideración cariñosa a algún amigo o familiar.

Cuando alguien me pregunta qué hay de nuevo en la Feria suelo contestar que todo está igual: allí están los pabellones de chucherías desechables en que hay que descubrir la novedad que un año puede ser una pelota pegajosa o un artilugio vistoso para el cabello. Está el área de zapatos más caracterizado por saldos viejos y de bajo costo que por lo que podría enorgullecer a nuestra industria. Luego el salón Guanajuato, con sus obligados stands municipales, los burocráticos y los de artesanías. Vienen enseguida los comerciantes de ollas y los juegos mecánicos y los puestos de comida. Los voladores de Papantla tienen su sitio, lo mismo que la zona de restaurantes, el palenque y la expo ganadera.

No creo faltar a la verdad. Esencialmente siempre hay lo mismo en la Feria y por eso me es tan apasionante que los leoneses volvamos cada año con devoción. Por supuesto que la apariencia y el montaje de la Feria mejora año con año y es imposible dejar de comparar los terregales de hace dos décadas con las plazas pavimentadas de ahora.

La Feria podría también ser un esfuerzo de educación. Lo es el intento variado del Salón Guanajuato que algunos años tiene buenas experiencias pero que en esta edición luce por su pobreza de recursos e ideas.

Francamente creo que ya está agotado el esquema en que las principales dependencias de gobierno o instituciones autónomas se les concede en automático un espacio de contacto con el público. La tónica general es que se trata de stands aburridos, con funcionarios malencarados por que les toco hacer guardia o empleados de ocasión que lo más que logran es repartir folletos insulsos, destinados a la basura.

Este año se colocó una maqueta que ilustra el proyecto de la presa Zapotillo, tan caro para los leoneses. Le llaman pomposamente Túnel interactivo de Guanajuato. Y ¿qué tenemos? En un área oscura, un pasillo con pantallas en las paredes laterales y un remate al final donde está la maqueta. Parece una buena idea, pero las imágenes de las pantallas laterales no se aprecian pues el pasillo resulta inadecuado para quien se anima a entrar y porque el sonido es inaudible, al mezclarse lo de un video con el siguiente ya que entre ellos no hay mas de dos metros de distancia.

La maqueta del Zapotillo es otra oportunidad desperdiciada. Hecha con los relieves a proporción de la geografía entre los pueblos que se inundarán para traernos agua y por donde correrá el acueducto hasta llegar a nuestra ciudad, sobre la maqueta se muestra un video cenital con algunas generalidades del proyecto hidrológico, pero sobre todo con loas al gobierno que las promueve.

Con nula contextualización de lo que técnica y socialmente implica el proyecto, el prototipo naufraga entre el sonido de las otras pantallas y porque no se puso a una altura en que se apreciara mejor.

Así podríamos ir revisando otros esfuerzos fallidos de nuestras instituciones por comunicarse con su sociedad, pero mejor propongo que el Consejo Directivo de la Feria idee un mecanismo para mejorar ese espacio, para hacerlo generador de buenas experiencias lo cual se opone a caminar por pasillos llenos de displays con el sello justificatorio de los programas de gobierno.

También podría pensar en transformar la disposición de los desechos que los millones de visitantes generamos en ese espacio. Es sintomático que en uno de los lugares y eventos que son orgullo de los leoneses, todos tiremos la basura exactamente como no debemos hacerlo: mezclada, sin reducir ni separar. Igualmente podríamos tener bebederos de agua, potable y filtrada, para reducir la demanda de botellitas de pet o hacer uso de focos ahorradores de luz, justo como se nos llama a emplear en nuestros hogares.

La Feria es un espacio que la ciudad se ha dado así misma para el encuentro, no tenemos muchos más y para nuestro infortunio no funciona todo el año. He planteado algunas novedades que me gustaría encontrar en la edición 2012, aparte de villas nevadas o juegos mecánicos llenos de adrenalina. Además de ver tantos rostros, vestimentas y modos de ser leoneses, me gustaría reflejar a los visitantes de nuestra Feria que como leoneses también nos reinventamos.
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