Sara Noemí Mata


Infractores de cuello blanco
17/Enero/2011
En la clasificación de los delitos se llama “de cuello blanco” a aquellos ilícitos que se comenten sin sangre, normalmente en los ámbitos financieros o fiscales y que para ejecutarlos no se necesita tener como protagonistas a tipos duros, armados o drogados, sino a flamantes ejecutivos, probablemente bien vestidos, que tienen oficinas en lugares elegantes y despachan negocios con educadas y estudiadas maneras de obtener una ganancia que no por ello deja de ser ilegal.

Solemos pensar que los delincuentes “de cuello blanco” defraudan a clientes o al fisco pero hoy en nuestras calles tenemos un ejemplo en que la principal víctima del atraco es la ciudad misma: se trata de las empresas de anuncios espectaculares.

Desde hace unas semanas, acaso un par de meses, comenzaron a aparecer en nuestras avenidas anuncios espectaculares con la leyenda de “clausurados”. Las carteleras están por toda la ciudad y anuncian por igual una cadena de librerías, una marca de zapatos o un programa de gobierno.

A la par, en los periódicos locales se ha publicado, en voz de funcionarios como Bruno Fajardo y Georgina Morfín, directores de Verificación Normativa y de Desarrollo Urbano, respectivamente, que la medida es resultado de un proceso administrativo en que se detectó que los espectaculares no tenían licencia y aunque los propietarios del predio o responsables del anuncio podían subsanar el trámite se hicieron acreedores de esa sanción preventiva.

A muchas empresas les han cobrado por un servicio –anunciarse- que se oferta irregularmente pues ahora sabemos que dichos anuncios no cuentan con una licencia para ser instalados. Además, estos “profesionales de la publicidad” le han extraído furtivamente a la ciudad el valor de colocar anuncios en los lugares más transitados por su gente, no porque lo hagan a escondidas sino porque no cumplen con la normatividad que la ciudad tiene para ello y, muy probablemente, no le retribuyen lo que fiscalmente le corresponde.

Es tal la proliferación de anuncios espectaculares en la ciudad que se torna fácil suponer que muchos de ellos lo hacían sin permiso, pero ahora tenemos la constatación de que en tal práctica incurren no sólo pequeños propietarios que “venden” su azotea para instalar un anuncio o rentan su cochera para elevar un “autosoportado”, sino que a tal práctica se suman empresas dedicadas a ese ramo de la publicidad tan famosas como Vendor o Axxa.

La práctica que se asoma es muy grave porque consiste en obtener utilidades de una actividad ilegal y mezclarlas con las que se obtienen legalmente. En otras actividades ilícitas como el narcotráfico y la trata de personas, a esto se le llama “lavado de dinero”, aunque también pudiéramos equiparar este manejo a la industria de la piratería en la vertiente que consiste en vender como original lo que en realidad es falso o no tiene permiso de reproducción.

Lamentablemente en el país de la impunidad se suelen tener mejores argumentos para “arreglar” lo ilegal que para sancionarlo. En el caso de los anuncios espectaculares las autoridades municipales suelen abrir periodos de “regularización” de anuncios que en principio fueron colocados sin licencia, permiso o autorización; se razona que es tan caro desinstalar un anuncio de este tipo que es preferible darle un permiso y acaso cobrarle una multa. Se engrasa así el círculo pernicioso de ilegalidad-impunidad que lo mismo rige para golpeadores de mujeres, para desarrolladores de fraccionamientos irregulares o para empresas y profesionales de anuncios espectaculares.

Nuestras autoridades municipales están dando un indicio de que esta lógica se puede combatir: al instalar sellos de clausura al menos hacen visibles a los publicistas infractores, (preferiría llamarlos delincuentes pero algunos sentirán muy duro el calificativo y hay que aceptar en la técnica legal se les concede ese trato) y en algo previenen a las empresas que ocupan de sus servicios; a éstas, como al usuario o comprador final de los productos anunciados nos recae algo de responsabilidad si continuamos impasibles ante quien nos vende algo que tiene un componente o viene en un empaque o vehículo ilegal.

Ahora falta que el municipio disponga con mayor precisión al público los registros de cada anuncio en que ha procedido la clausura y los que se avanzará hasta el retiro físico de las estructuras. Hasta donde he podido observar los numerales que justificaron los sellos citan los mismos artículos de una normatividad derogada (el reglamento de anuncios) pero que probablemente sigue en aplicación si es que los procedimientos de sanción fueron iniciados antes de la vigencia del muy presumido Código Urbano, en julio de 2010.

Serviría mucho que la Dirección de Verificación Normativa, dependiente de la Secretaría del Ayuntamiento, o la Dirección de Desarrollo Urbano o, incluso, una Comisión del Ayuntamiento, difundiera la ubicación de cada anuncio detectado ilegal y que clarificara si definitivamente operaba sin licencia (permiso o autorización) o, teniéndola, incurrió en otra falta como no renovarla, en dejar sin mantenimiento la estructura, o demás que contempla el Reglamento o el Código Urbano; también, que vuelvan a poner en línea el Reglamento de anuncios que aunque derogado se sigue aplicando en casos como éstos, pero que ya no puede consultar el público en Internet.

Me parece que estamos frente a uno de esas materias en que es fácil obtener la colaboración ciudadana para que el padrón de anuncios espectaculares autorizados se mantenga actualizado y entre todos, autoridades, publicistas, empresas que requieren anunciarse y ciudadanos interesados en la imagen urbana de su ciudad, actuemos por que se respete la ley.
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