Sara Noemí Mata


Atalaya
10/Enero/2011
Hace un año se conformó e instaló el Observatorio Ciudadano de León (OCL). De modo simbólico el arranque se fechó el 20 de Enero, aniversario de la fundación de León.

Desde un inicio fui invitada a participar en el Consejo Directivo de la naciente asociación civil pues la organización para la que colaboro, Propuesta Cívica, había dado un seguimiento cercano lo que se enunció como una promesa del alcalde panista Ricardo Sheffield en materia de participación ciudadana.

A lo largo de doce meses he sido testigo de las dificultades para construir un mecanismo eficaz de rendición de cuentas y participación cívica como lo pretende ser el OCL.

El proyecto ha enfrentado diversas problemáticas que ubico en tres campos: por una parte, el consolidar un grupo amplio de ciudadanos que comprometan tiempo, mente y corazón en un proyecto; originalmente el Alcalde cifró en 160 el número de ciudadanos que conformarían al OCL, pero a la vuelta de un año se ha batallado siquiera con contar con un tercio de ellos con una participación permanente.

Lo segundo ha sido la institucionalización de un proyecto, que a pesar de haber iniciado con la cuestión financiera resuelta (el Ayuntamiento le canalizó dos millones de pesos para su arranque) y el soporte de una organización experta en el modelo de participación propuesto (llamada FIDEGOC, Fundación Internacional para el Desarrollo de Gobierno Confiables), ha lidiado con la conformación de diversas partes de la organización: el OCL tuvo en sus inicios un consejo directivo de 17 miembros, uno consultivo (que se esperaba fuera de hasta 160 personas pero en la primera verificación no rebasó los 50) y un novel equipo operativo; han sido arduos y no siempre satisfactorios los trabajos para alinear entre sí en sus habilidades de análisis, negociación y comunicación, a la vez ponerlo en concordancia con las necesidades legales y agilidad operacional que ocupa un proyecto nuevo.

Finalmente, la estructuración de una herramienta teóricamente poderosa para observar a la sociedad y pedir cuentas al gobierno, ha mostrado en la práctica muchas limitantes para aprehender la realidad compleja que vivimos y los mínimos de disfrute de bienes y derechos que como leoneses quisiéramos fijar para evaluar a nuestro gobierno.

En el primer año del OCL se aplicó en una ocasión la herramienta IWA4 y los resultados se difundieron sin la metodología de “semaforización” que está en la naturaleza del instrumento. La razón principal fue que “los verdes” logrados sonaban poco reales o creíbles a vista de los mismos ciudadanos que habían observado y valorado las evidencias mostradas.

En mi opinión ese primer ejercicio fue valioso porque permitió exigir que los indicadores se refirieran a todo León; parece una obviedad pero no lo es: en muchas de nuestras dependencias municipales hacen mediciones de metas sobre porciones recortadas de nuestro municipio (las colonias no regularizadas, las no municipalizadas, las comunidades rurales, entre otras) lo que suele arrojar resultados “positivos” sobre el acceso a bienes o servicios públicos, pero que por años ha dejado a una parte de León en la sombra y condenando a sus habitantes a ser leoneses de segunda categoría.

Ahora se prepara la segunda verificación del OCL que se aplicará a partir del 24 de enero. La herramienta ha sufrido algunas modificaciones; dicho con franqueza y por la naturaleza misma del instrumento que precisa de validaciones internacionales, los cambios han sido algunos por sugerencia de ciudadanos que participamos como consejeros consultivos o directivos, pero todos han tenido que tener la aprobación de la FIDEGOC, por lo que la autonomía del Observatorio para construir una herramienta propia y más adecuada para los leoneses siempre tendrá esta limitación.

Como muchos otros ciudadanos sigo participando en el OCL navegando del entusiasmo a la decepción y devuelta a la esperanza porque creo que nuestra imperfecta democracia nos requiere más allá de unos momentos de silencio frente a la urna de votación; nos pide sacar fuerzas cada día para remontar la desconfianza y descalificación a priori que los partidos y los políticos han impuesto a los ciudadanos como lógica dominante de actuar e intervenir en la escena y la discusión de los asuntos públicos, nos pide un gran esfuerzo intelectual para desentrañar la maraña (legal, de formatos, procedimientos, oficios…) en que la burocracia envuelve los programas y políticas públicas que debieran estar orientadas al ciudadano, a los diagnósticos de la realidad y a los derechos de los leoneses.

Personalmente rechazo el estilo del gobierno municipal, a cuya instancia nació el OCL, que insiste en presentar el proyecto como algo “revolucionario”, “único en el mundo”, “que es imitado en 17 países” pues no es verdad y crea expectativas erróneas sobre el alcance del mismo y los resultados que se podrán rendir con los recursos públicos que se han depositado en él.

Lo que sí puede ser un cambio significativo en materia de rendición de cuentas es que las 260 evidencias que se ofrecerán en el proceso de verificación y que con el apoyo del Consejo Directivo hemos pedido que se pongan a disposición pública desde el momento en que se rindan, puedan empezar a ser usadas, analizadas a fondo por ciudadanos, académicos, organismos sociales, movimientos ciudadanos para dialogar en serio con los encargados de la gestión pública, para mostrar lo que nos tiene insatisfechos y lo que queremos que cambie.

Entonces sí el Observatorio ciudadano se convertirá en una verdadera atalaya, como nos lo define la Real Academia Española: un lugar desde donde registrar y dar aviso de lo que se descubre, apreciar mejor nuestra realidad y procurar inquirirle.
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