Sara Noemí Mata


Decepción
03/Enero/2011
No hay un mejor palabra para describir lo que como ciudadana siento cuando trato de razonar abiertamente una decisión con las autoridades, cuando entro en contacto directo con ellas para buscar un diálogo y acercar información y posiciones entre lo que se proyecta como una decisión y lo que personalmente pienso y comparto con mi comunidad.

A menudo me pregunto qué piensan nuestros dirigentes políticos cuando piden a los ciudadanos participar en los asuntos de su comunidad. Creo que su expectativa es que en un acto público les aplaudamos, que los ciudadanos paguemos nuestros impuestos y multas sin objetar los montos, o que hagamos ordenadamente filas en las oficinas de gobierno para meter por escrito una petición y llenemos formatos de agradecimiento incluso antes de que una solicitud nos haya sido atendida. Por supuesto, entienden que los llamados a la participación ciudadana se deben traducir que el día de las elecciones acudamos temprano en las casillas y les aceptemos como logros sus medianías y perdonemos sus yerros, omisiones y autoritarismos.

A lo que definitivamente no están acostumbrados nuestros funcionarios públicos y representantes populares es a dialogar auténticamente. Ellos saben recibir oficios y dar contestaciones vagas; a veces ponen un oído para fingir la escucha a sus gobernados.

Esto me ha ocurrido con el caso de los Aposentos del Centro de Bienestar Femenil del Barrio de San Juan de Dios que vive una problemática de vaciamiento y subutilización sistemática por parte del DIF Municipal para eliminarlo como un lugar de residencia para mujeres solas o en situación de abandono.

El DIF ha decidido convertir el lugar en un Centro gerontológico y desde hace al menos cinco años negó sin fundamento legal el acceso a nuevas residentes y presiona a las actuales con enviarlas a vivir con sus familias o llevarlas a un asilo. A la par, el DIF promovió un juicio civil para hacerse con la propiedad del predio donde se albergan 107 pequeños departamentos, varias salas de encuentro y vida comunitaria y frondosos jardines.

Algunos detalles del caso fueron publicados en mi columna del 11 de Octubre (http://impreso.milenio.com/node/8846292) y más ampliamente compartidos con vecinos del Barrio, en particular con el Comité de colonos. Desde entonces, también escribí a las regidoras Lucía Sánchez (PAN) y Julia Lira y Olga Sandoval (PRI), las dos primeras integrantes del Consejo Directivo del DIF y la segunda del Instituto Municipal de la Mujer. La presidenta del DIF Municipal y esposa del Alcalde, Sra. Eugenia González, recibió igualmente mi escrito.

Solicité que el máximo órgano de decisión del DIF -su Consejo Directivo- y del Municipio -nuestro Ayuntamiento-, revisara una política silenciosa de años ejecutada por funcionarios medios del DIF de vaciar el Centro de Bienestar Femenil, negar el acceso a nuevas residentes y presionar la salida de las mujeres que aún viven allí, menos de 30.

Nunca objeté la necesidad de hacer un centro gerontológico pero cuestioné la decisión de eliminar un espacio de vivienda económica y comunitaria para mujeres solas. Mi advertencia fue sobre la importancia del enfoque de género que tiene ese espacio y de la enorme identidad barrial que Los Aposentos le han dado por más de 50 años al barrio de San Juan de Dios.

De las regidoras no recibí ninguna respuesta oficial ni formal; de hecho, mi escrito se perdió en el limbo ciudadano del artículo 8 constitucional. Entonces busqué personalmente a mis representantes en el cabildo: con franqueza la regidora panista me comentó que el DIF le había dicho que ella no me contestara nada porque la institución lo haría. Por parte de las priístas, Olga Sandoval no conocía los documentos que había dejado en su oficina y Julia Lira explicó que sí se atendió la petición pero que no se podía hacer lo que pedía pues el Consejo Directivo del DIF ya lo había atendido.

En efecto, semanas atrás el DIF abordó el asunto en su sesión ordinaria del 11 de Noviembre. He presenciado diversas sesiones del organismo, pero en ésta, las consejeras ciudadanas y representantes del Cabildo votaron y aprobaron llevar su reunión en privado y me sacaron. De momento no vislumbré qué argumentos se podían tener para defender un proyecto y que éstos no puedan ser expuestos públicamente a la vista de una ciudadana interesada en ello, como era mi caso y que, además, no tiene capacidad de voz ni voto ante ese Consejo.

La respuesta me llegó unas semanas más tarde, firmada por la directora del DIF, Ana Esquivel: ella me comunica que descubrieron que en Marzo de 2006 el Consejo Directivo de la institución determinó no admitir más inquilinas porque, de acuerdo a la ley de asistencia, no es competencia del Sistema DIF ofrecer servicio de alojamiento a mujeres mayores. Aunque la disposición regía sólo para ése año, “la decisión se ha prolongado hasta la fecha” y en la misma sesión privada a la que no me permitieron presenciar y ahora me relatan “el Consejo acuerda ya no admitir más inquilinos y crear un Centro gerontológico en el espacio de San Juan de Dios”.

La decisión de destruir el Centro de Bienestar Femenil para construir allí mismo un Centro gerontológico está ahora formalmente validada. A veces nos rasgamos la garganta pidiendo políticas públicas con visos de integralidad, que optimicen los recursos públicos y que sean auténticos espacios de participación social. Hay pocos casos en que las circunstancias están dadas para lograrlo. Éste caso era uno de ellos pero tampoco se obtuvo nada.

La verdad, duele “ser escuchados” pero que a los ciudadanos no se nos dé un estatus dialogante. Duele acopiar información oficial y testimonios de vecinos implicados y llevarlos al escritorio de nuestros representantes políticos para que se pierdan frente a la voz más fuerte –aunque escondida- de los burócratas de siempre. Como mujer, como ciudadana leonesa, como vecina de San Juan de Dios duele, y mucho.
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