Sara Noemí Mata


Mi glosa del Informe Sheffield
18/Octubre/2010
A diferencia de lo que ocurre en los niveles estatal y federal, el informe anual sobre el estado que guarda la administración municipal no tiene ningún momento ni oportunidad formal, legal y trascendente para ser revisado, respondido, refutado o criticado.

Esto ocurre porque en el municipio legalmente el poder no está dividido: la máxima autoridad es el Ayuntamiento y se supone que es éste órgano colegiado quien rinde el Informe. En la práctica el poder funciona con un alcalde que ejerce acciones ejecutivas y un cabildo que le coopera con las facultades legislativas -hace y sanciona la reglamentación local-.

En los hechos, el Presidente municipal informa de "sus" logros y los regidores se quedan mirando, especialmente cuando les niegan el documento antes de presentarlo.

Los ciudadanos no debemos hacer lo mismo, o sea, botar el Informe cuando apenas ha terminado el brindis. Esta es mi glosa inicial del Informe Sheffield; no pretendo plasmar un análisis pormenorizado sino exponer unos apuntes para una revisión exhaustiva. Uso para ello el compilado de "los 60 compromisos y las 100 acciones" y el Primer Informe de Gobierno 2009-2012, colgado en el portal web del Municipio.

Lo primero que hay que notar es que el Informe oficial (el de las 104 páginas) sigue la lógica de los 60 compromisos y 100 acciones, es decir, aunque está organizado en capítulos temáticos no hay una redacción orgánica sino que el texto se fragmenta en "entradas" con cada uno de los "compromisos".

La organización por "compromisos de campaña" es una estrategia de mercadotecnia electoral heredada del priísta mexiquense Enrique Peña Nieto que el alcalde panista de León no ha dudado en imitar, sin la faramalla de firmar ante notario público pero con el mismo objetivo de personalizar los logros de una gestión pública.

Se trata de una estrategia ineficaz pues las dependencias y funcionarios son presionados para dar resultados -impactar le llaman con eleganciasobre alguno de los "compromisos de la agenda del Alcalde" aunque tengan que sacrificar o marginar alguna otra meta significativa para la ciudadanía, o que venga de un programa de una administración anterior o que aspire a una solución integral y de mediano plazo a cierta problemática.

Otro rasgo negativo de la estrategia es que se ponen en un mismo nivel acciones cotidianas (por ejemplificar, la Acción 56: Programa de atención al migrante), las obligaciones que por ley la administración municipal debe cumplir (Acción 37: limpieza de arroyos o Acción 58: Instalación del Consejo de Protección civil), con las metas trascendentes (Acción 52: Introducir servicios públicos en las 20 colonias populares más pobladas) o las de simple retórica (Acción 47: Por un León sin drogas).

Hace unos días comentaba Eduardo Bohórquez, director de Transparencia Mexicana, que la gestión pública debía organizarse a partir de visualizar el producto final; puso como ejemplo que en su momento la administración Clinton llegó a fijarse como meta que cada funcionario público tuviera una cuenta de correo electrónico; en lugar de formular

"que la administración pública se transforme hacia el uso de tecnologías de la información" como pudiera haberse escrito en un programa mexicano.

En efecto, todo programa de gestión pública es el medio, no la meta de una administración, pero puestas únicamente las metas como se hace en la comunicación social de Sheffield, sin mostrarnos en qué programa, con qué diagnóstico y a qué realidad se pretende transformar, el enunciar la meta y el porcentaje de avance es, por lo menos, engañoso.

A lo largo del Informe y de la revisión de las 100 acciones me han quedado muchas preguntas que tampoco se contestan con el cruce de lo expuesto en el Informe de 104 páginas. Cuestiones como: ¿puede darse por cumplida la cancelación de bonos liquidación a funcionarios si en lugar de eso se hacen convenios con empleados municipales se les pagan compensaciones indebidas por su separación "voluntaria"?

¿Impartir talleres sobre separación de basura a 5 mil personas hace que éstas efectivamente separen sus desechos y qué tiene que ver esa cifra con los millón y medio de leoneses que habitan la ciudad y no separan ni en miércoles? ¿Plantar 118 mil árboles en un año ha cambiado el paisaje y microclima de un equis lugar en León? ¿Cuántos árboles calculan que hay en León para pensar que 500 mil en tres años es una meta significativa?

¿Entrevistar a taxistas y usuarios (¡142 mil veces!?) sirve para disminuir los delitos? ¿cuáles? ¿Promover que las familias se muevan en bicicleta se logra con repartir 140 bicicletas reparadas? ¿El trabajo de prevención de la adicción a las drogas se cubre con una sesión a 330 grupos de escuelas primarias, frente a las 629 primarias y 273 segundarias que existen en León? ¿estas pláticas no se hacían antes? ¿se hacían en igual o menor número? ¿a cuántos jóvenes han salvado de acercarse a las drogas o a cuántos han sacado de ese infierno? Mejor le paro.

Mención aparte tendría que tener el modo de verificar los datos que se informan y la lógica con que los funcionarios públicos, avalados por el Alcalde Sheffield, dan por "cumplido" tal o cual compromiso sin que sus resultados alcancen a rozar las expectativas del ciudadano y por supuesto, preguntar sobre quién se hace cargo de los descalabros y las insuficiencias que la administración municipal ha tenido.

Mi conclusión es que la frase "compromiso cumplido" aunque sea exitosa en la mercadotecnia electoral, cada vez se va vaciando de contenido, cada día resuena menos a los ciudadanos enfrentados con los informes de gobierno y los publicitados logros de los gobernantes y representantes populares. Tenemos que decirlo, a ver si reconsideran los políticos y sus encargados de la comunicación con los ciudadanos.
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