Sara Noemí Mata


Un aumento con cariño
05/Mayo/2014

Ha pasado ya un mes desde la aprobación del aumento de las tarifas del transporte público en León y me había guardado de publicar mi opinión porque me daba mucho coraje el manejo político con que la alcaldesa se puso a presumir que desde ahora a los adultos mayores les saldrán gratis sus traslados en la ciudad.

“Es una ayuda, con mucho cariño para Ustedes”, dijo la alcaldesa priísta ante unas cien personas usuarias de un centro gerontológico, según consignaron varios medios. ¿Una ayuda?, ¿con cariño?, me preguntaba mientras se me abrían los ojos de plato, como en las caricaturas. ¿Acaso no sabe la primera edil que la gratuidad a los adultos mayores no tiene ni un centavo de subsidio de las arcas públicas sino que es pagada íntegramente por el resto de los usuarios? ¿Por qué si su gobierno no pone un centavo, se atreve a decir que es una ayuda? ¿Es que su gobierno entiende las tarifas diferenciadas, que en teoría deben ser parte de una política pública sobre movilidad, como regalos o ayudas con cariño?

Mi perplejidad y coraje fue mutando a risa y luego a una comprensión más asentada. Ese tipo de intervenciones de la alcaldesa se fueron multiplicando y, conociendo algunos detalles del operativo para repartir las “tarjetas de gratuidad” ahora veo que el gobierno priísta vio la rentabilidad política en algo que le cuesta cero pesos siguiendo simplemente los rieles de negociación que dejaron puestos los panistas a quienes reemplazaron.

La idea del “regalo con cariño” se complementó con una publicidad engañosa que cualquiera que supiera regla de tres o reparara cómo se estructura la tarifa en nuestro sistema, desmontaba con rapidez. Los publicistas del Municipio difundieron que “el promedio de aumento” era menor que los que habían autorizado los alcaldes predecesores. Mentirillas. Lo correcto era que Transporte Municipal (pomposamente se hacen llamar Dirección de Movilidad) dijera cuál era la evolución del aumento para cada tipo de usuario y, lo más importante, que nos revelara el porcentaje de aumento a la “tarifa ponderada”, que es con la que realmente se negocia, y que se obtiene de saber a cuántos viajes se pagan con precio de estudiante o de adultos mayores, cuántos de usuarios general con tarjeta y cuántos con efectivo. Porque toda la movilidad, ponderada por segmento tarifario, entra en la misma bolsa que los transportistas se reparten –desprendiendo sus costos y asegurando su ganancia- y que los gobernantes, antes los panistas, hoy los priístas-ecologistas, han convenido no intervenir ni regular, sea por evitarse problemas, sea porque no han construido una visión de política pública en materia de movilidad.

Luego, el gobierno exploró justificar que el precio de un boleto en el SIT no es el más caro de las grandes ciudades del país, destacando que si bien en el DF o Guadalajara donde hay sistemas “tipo oruga” el pasaje es más barato se tienen que pagar más por conectar con otros sistemas de transporte. Como esta vía justificadora es más complicada de explicar y probar, y escasamente convincente hacia el común de leoneses, pronto se abandonó.

“El PRI gobierna para las élites”, calificó el PRD municipal la autorización del aumento. Pienso que en este caso gobierna para el inmediatismo de la próxima elección.

La decisión de llevar la tarifa a 9 pesos para el usuario general sin tarjeta que es el principal segmento de la movilidad diaria en el sistema integrado, a costa de dar la gratuidad a los adultos mayores es una medida que no se articula a ninguna decisión para dar sustentabilidad y mejoras al transporte público frente a sus principales competidores en la ciudad: el automóvil y la pobreza urbana.

Lo que un trabajador en lo individual o lo que una familia gasta semanal o mensualmente en transportarse, crecerá de modo importante, por lo cual, además del porcentaje de aumento, de si está en el promedio de sus antecesores, o de si éste se ajusta o no a la inflación o a los aumentos en los insumos de los transportistas, debiera atenderse la capacidad adquisitiva de los leoneses para pagarlo.

Entre las clases sociales más empobrecidas una salida es trasladarse en bici, comprarse una moto donde viajen 3 ó 4 personas; o quedarse en casa, en los entornos sin bibliotecas, deportivas o escuelas a que les condena la no-movilidad urbana. Incluso la movilidad de obreros por un mejor empleo en ocasiones se amenaza cuando pagar los camiones se chupa las posibles mejorías salariales.

Entre quienes tienen una posición económica un poco más holgada, la opción del auto propio se robustece, incluso frente a los constantes aumentos a la gasolina y demás gastos asociados a tener coche. No es raro que la persona del servicio doméstico de una familia termine gastando en camiones casi lo mismo que los patrones por la gasolina de sus coches. Esto es un rasgo de nuestra sociedad inequitativa e injusta, pero también de un gobierno que no apuesta por la masividad del transporte, adecuado en rapidez, calidad y precio, para equilibrar las diferencias sociales y hacer más viable ambiental y urbanísticamente a la ciudad.

De ningún modo estoy en contra de los beneficios tarifarios a los adultos mayores o a la población estudiantil y de ello hablaré en la próxima entrega.
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