Sara Noemí Mata


¿Adiós al CendIBERO?
24/Marzo/2014

Después de casi quince años de brindar uno de los más estimables servicios sociales, educativos, laborales y personales que una madre trabajadora puede requerir, el CendIbero ha anunciado a sus actuales usuarias que dejará de prestar sus servicios a finales de julio.

Según las notas de sociales publicadas al respecto de los festejos de Navidad y Primavera pasados, el Centro de Desarrollo Infantil de la Ibero León, CendIbero, atiende entre 80 y 60 infantes mensualmente; la mayoría en horarios de trabajo de sus madres por las mañanas, quienes hasta ahora pueden dejarlos desde los 45 días de nacidos y hasta antes de cumplir los cuatro años; se trata de un trayecto que en las guarderías se llama lactantes, maternal y el equivalente primer grado de kínder.  El CendIbero también recibe por las tardes, y los sábados por la mañana, niños hasta los 8 años de edad, hijos e hijas de profesoras o personal que requirieran atención capacitada para realizar tareas escolares, actividades formativas o simplemente convivir con otros menores mientras sus madres trabajan o toman alguna clase.

El CendIbero ha sido y es singular por eso: ofrece un servicio a que sus trabajadoras tienen derecho, pero sin ser obligatorio, para la Ibero como patrón, ofrecerlo directamente; pronto y por más de una década, se convirtió en uno de los proyectos más queridos por la comunidad universitaria pues no sólo atiende a los hijos de las empleadas, sino que también recibe a hijos e hijas de alumnas y ex alumnas, y más recientemente, a los de empleadas de la otra institución jesuita, el Instituto Lux.

Con horarios flexibles, precios accesibles y una cercanía al centro de trabajo y estudio, pocas veces logradas, el CendIbero experimentó también un modelo de atención a los infantes que tiene las virtudes de la personalización, la convivencia de chicos de diferentes edades, la socialización amigable en un espacio educativo para adultos, como es un recinto universitario y, en fin, la certeza vivida por varias decenas de mujeres de que su condición de género, su necesidad y gusto por el trabajo o por el desarrollo profesional no era una condicionante negativa para el ejercicio de su maternidad, para tener un hijo y verlo crecer en un entorno seguro y solidario, a unos metros de su trabajo,  casi a su vista y bajo su cobijo.

No soy usuaria del CendIbero ni lo fui de modo regular en el pasado cuando mi hijo requirió guardería, por lo que no soy una afectada directa, pero su anunciado cierre me hace sentir muy afligida porque soy egresada de una institución que es parte del Sistema Universitario Jesuita y me resulta muy difícil entender que sus actuales autoridades puedan cerrar un proyecto como éste, con apenas ninguna explicación, ya no digamos una búsqueda de alternativas para reforzar su viabilidad.

Antes de escribir este artículo, pedí a la Universidad Iberoamericana León una explicación sobre el cierre del CendIbero. El área de Comunicación Institucional respondió: “No hay notificación oficial a la fecha, sobre el cierre” y, añadió que ésa sección de la Universidad, el Cendi, depende de la “Oficina de Servicios al Personal”. Al consultar con diversas personas de la Ibero, me parece suficientemente claro que la decisión de cerrar el CendIbero no puede provenir sino de la más alta autoridad del campus, es decir, de la Rectoría. De hecho, cuando el proyecto fue lanzado, en la primera rectoría del laico Sebastián Serra, el CendIbero pasó por análisis del más alto círculo directivo de la universidad jesuita. Se atendieron los beneficios para las madres trabajadoras, para hacer realidad un derecho que las mujeres teníamos ya entonces, pero que, como ahora, es francamente insuficiente de saldar desde la oferta pública de guarderías de la seguridad social.

Se podrá decir que tener una guardería no es esencial para el funcionamiento de una universidad, que quizá la Ibero está perdiendo recursos al ofrecer este servicio a sus empleadas y alumnas. No tengo los números a la mano, pero no veo por dónde ésa explicación se sostenga: el CendIbero cobra cuotas –competitivas para el mercado de la atención a infantes- por los servicios de tiempo completo, medio tiempo o por horas a los hijos e hijas de sus usuarias, incluso si éstas son sus empleadas, porque la guardería nunca entró en el sistema de subrogación del IMSS. Una prueba de su viabilidad económica es que habitualmente tuvo lista de espera para ingresar a nuevos menores, como casi cualquier guardería pública o privada de la ciudad que esté prestigiada por la calidad de su atención.

Por sobre las consideraciones puramente financieras, no entiendo que de una forma tan súbita, la Ibero o sus funcionarios más altos puedan desprender del ser y quehacer universitario la garantía de un derecho de las mujeres que laboran o estudian en su entorno a ejercer su maternidad y la crianza de los hijos en las mejores condiciones posibles; sólo recurriendo a las lógicas deshumanizantes contra las que los jesuitas dicen educar y trabajar en sus obras, es que me puedo explicar que una empresa universitaria pueda desentenderse de las problemáticas concretas de sus empleadas y alumnas para conseguir una guardería confiable y se le haga lógico desincorporar este servicio que viene prestando con buenos estándares y espléndidas experiencias personales y familiares a cientos de integrantes de la “comunidad jesuita”.

Hace pocos días, el rector de la UIA León, Marco Antonio Bran Flores, sacerdote jesuita, dijo en un evento cultural: “la realidad nos interpela y (…) no podemos pasar indiferentes frente a la desigualdad genérica que tiene consecuencias graves para las mujeres, el 8 de marzo es pues un día en el que recordamos que las mujeres  tienen derechos y que tenemos un compromiso todos para contribuir a que sean una realidad”.

¿El Rector dijo eso porque creía en tales palabras? Y si fue así, ¿por qué las acciones no respaldan su pensamiento?, me pregunto.
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