Sara Noemí Mata


No aprendemos
20/Enero/2014

En los últimos años he estado en innumerables foros universitarios o gubernamentales (con ello quiero enfatizar: pagados con recursos públicos), en que se habla de la necesidad de incorporar al peatón en las políticas de movilidad y en el diseño de nuestras calles y avenidas.  Lo he leído en declaraciones de representantes populares y de académicos que dirigen licenciaturas de arquitectura o urbanismo. Pero apenas una se baja del auto e intenta ir andando, por ejemplo, a la terminal de autobuses urbanos o llegar caminando a un nuevo centro comercial comprueba que no aprendemos, que ni siquiera hay un intento por aplicar ese sentido común en que se basa el diseño de ciudades de escala humana.

Me ocurrió esta semana en que decidí ir caminando desde la estación Delta de las orugas a la plaza Altacia, en el oriente de León. Entre estos dos puntos no media más de dos kilómetros, lo cual lo ubica  en realidad en una distancia perfecta para ser recorrida a pie o incluso en bicicleta.

De hecho, sobre la bulevar Delta, en el tramo más nuevo, es decir, del bulevar Aeropuerto hacia Las Torres existe una ciclopista que se interrumpe sin pedir disculpas justamente en el cruce con bulevar Aeropuerto. 

Las épocas en que fueron construidos las dos vertientes del Delta pueden dar algunas explicaciones a ese diseño tan disímbolo: por un lado, una avenida con tres carriles por sentido, con banquetas en sus costados y ciclovía en medio; por el otro, una avenida en que el tercer carril se ha hecho meter con calzador donde sólo había dos, con banquetas estrechísimas, cuando hay y un camellón imaginario donde se plantan los postes del alumbrado público.

La paradoja es que es en éste tramo del Delta, por su carácter de zona industrial, donde existe más circulación de peatones y ciclistas sin que a la fecha ninguna adecuación se haya hecho para favorecer su circulación segura.

Desde que Altacia abrió, fueron notorios los ajustes a la señalética para autos que buscan llegar al centro comercial, la renovación del alumbrado y la reparación de baches en las calles que conducen a él, pero nada se registró sobre las banquetas o la iluminación del resto de las calles, por ejemplo, las que conducen al bachillerato técnico que está equidistante del centro comercial respecto de la avenida Delta.

Los cientos de jóvenes que van a esta prepa pública sufren continuamente sustos y asaltos cuando se dirigen a pie a la parada de la oruga. No nos enfocaremos ahora en el asunto de la seguridad pública sobre uno de los cruces más transitados de la ciudad o sobre robos a transeúntes sobre avenidas primarias, sino sobre  lo arriesgado que es ser peatón debajo de ese flamante puente. Por cada sentido que organiza el puente hay cruces de unas cuatro o cinco vueltas, con semáforos para cada sentido, pero ninguna “fase” contempla a los peatones. Además, en las reducidas banquetas que rodean los pilares del puente olvidaron pavimentar el paso de peatones.

¿Qué pasaría si los peatones se quejaran por cada tramo sin banqueta que los hace tropezar y los locutores de radio amplificaran su queja tanto como lo hacen con los baches que lastiman a los autos?

La ruta peatonal hacia el nuevo centro comercial es accidentada e insegura, olvidada pues. También si se viene desde López Mateos, el cruce está plagado de peligros.

Me asombró descubrir que los puentes peatonales-ciclistas del distribuidor vial están pavimentados pero no aplanados y al bajar, hay tramos de banqueta inexistente justo en el frente del centro comercial hacia el bulevar Aeropuerto, en la parte de acceso al puente que el desarrollador comercial tiró para construir uno que mejor se adecuara al acceso de sus clientes en auto. Imagino que sus objetivos se cumplieron, pero lo que corresponde al espacio público, es decir, a la olvidada calle para quienes somos simplemente peatones y no clientes quedó como siempre: reducida y maltrecha.

Por supuesto, no todo es construir una banqueta amplia para que ya sea un ambiente agradable para la caminata. Una prueba está allí cerca: en el largo frente del panteón jardines del tiempo está dotada una banqueta de ancho irregular pero que en ciertos tramos tiene hasta dos metros. El desdén por lo que se ve y quien circula más allá de su límite es muy parecido entre los dueños del centro comercial y los dueños del panteón.

El frente de Jardines del Tiempo acumula basura y tierra y aunque tiene cajetes para el arbolado de alineación, en ese tramo no han prosperado los árboles.

El barrido municipal se ocupa de los camellones, ignorando como si no existiesen las banquetas de los costados y no estoy sugiriendo que se gaste dinero público en el aseo que debiera correr a cargo de particulares, pero pareciera que nuestro Ayuntamiento no tiene medios para proveernos, más allá de las intenciones, de un espacio público amigable y donde el peatón circule con seguridad y placidez aunque no sea turista.
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