Sara Noemí Mata


Metrópoli en construcción
16/Diciembre/2013

Cuando uno revisa las aproximaciones académicas y de política pública que en México han intentado, desde la década de los setenta del siglo pasado, definir el fenómeno metropolitano se encuentra que León casi siempre ha figurado como ciudad metropolitana. Ello ha ocurrido básicamente por el tamaño de su población viviendo en la ciudad y de la economía de carácter urbana, no tanto por haber ocurrido conurbación con algunas de sus vecinas.

Resulta curioso que en las tres delimitaciones que entidades federales involucradas en el fenómeno (INEGI, CONAPO y SEDESOL) han elaborado entre los censos poblacionales de 2000 y 2010, los técnicos han oscilado en definir la metrópoli de León, unas veces en relación con San Francisco y Purísima y en otras con Silao; incluso a la fecha, para estas instancias federales, la conurbación de los Pueblos del Rincón es reconocida como zona metropolitana aparte. 

Lo cierto es que desde 2008, León forma jurídicamente zona metropolitana con los tres municipios mencionados debido a que se firmó un convenio entre sus Ayuntamientos para declararse como tal.

Existen brechas de todo tipo y escala entre la construcción legal que ha permitido a los cuatro municipios acceder al Fondo metropolitano, la gestión coordinada de los fenómenos de integración funcional que viven las ciudades entre sí y el surgimiento de una identidad común como metrópoli que es preciso estudiar y atender a partir de reconocer lo que une a los cuatro municipios. En Les Ateliers, los cuatro equipos partimos de identificar como “los comunes” la estructura urbana, los hechos históricos y los recursos naturales que han marcado a las cuatro ciudades: poblaciones con ubicación estratégica a lo largo del tiempo, grandes inundaciones, paisajes naturales y culturales compartidos, fuertes dinámicas de inserción de sus territorios en tramos de la economía global y un acentuado desperdicio de los recursos suelo, agua y energía.

Arrancamos también del argumento de que conurbación no es sinónimo de metrópoli y que una zona metropolitana no precisa de “conurbar” o extender sus áreas urbanas para organizarse y funcionar como tal.

Igualmente, una ciudad grande, como lo ha sido históricamente León, con una innegable influencia urbana sobre las poblaciones cercanas pertenecientes a otros municipios, no es suficiente para entenderse como zona metropolitana. Estamos, pues, ante una metrópoli en construcción.

Los equipos que formamos en Les Ateliers coincidimos en varios puntos que intentaré resumir:

Es posible impulsar el crecimiento económico y de bienestar social de las cuatro ciudades sin extender sus actuales límites urbanos, es decir, sin detonar la conurbación hoy incompleta entre las ciudades, del Rincón y León, y entre ésta y Silao. Esto implica dejar de asumir como inevitable, como destino urbano o como dinámica deseable que las cuatro ciudades, o al menos León y Silao, formen un continuo urbano, por más que el eje que las une, la carretera 45, viva una de las más complejas e intensas dinámicas de desarrollo.

Los planes urbanos vigentes y en proceso de elaboración, sobre todo de León y Silao, presentan el riesgo de impulsar la extensión de sus áreas urbanas especialmente a partir del llamado Eje Metropolitano. Esta prolongación del bulevar Alonso de Torres que llegaría hasta Comanjilla y que Silao paulatinamente también ha hecho coincidir en sus proyecciones urbanas implicaría la ampliación de más áreas baldías o vacantes al interior de las ciudades y entre una población y otra. De completarse, esta vialidad envolvería al Aeropuerto del Bajío y Puerto Interior en la trama urbana de la que hoy está separada.

La gestión de la movilidad cotidiana con fines de trabajo, estudio y recreación entre los habitantes metropolitanos es imperativa y puede convertirse en la clave de la integración como zona metropolitana.

Las cuatro ciudades deben clarificar y potenciar su relación con el paisaje natural que los bordea por el norte y poniente (el Cerro del Palenque, la Sierra de Lobos y la Sierra de Guanajuato) y el paisaje y actividad agrícola hacia el sur; al tiempo de hacer entrar nuevamente la naturaleza a las ciudades: los parques lineales sobre el sistema natural de ríos y arroyos, los parques metropolitanos en torno a las presas y demás corredores verdes y amarillos en las ciudades son algunas de las estrategias ya visualizadas por los municipios pero en gran medida pendientes de ejecutar.

La gobernabilidad metropolitana pasa por la construcción de “los intereses comunes” que pueden compartir los cuatro municipios, los cuales deben expresarse en instrumentos de planeación metropolitana y en los criterios de asignación de proyectos a financiar con el Fondo metropolitano, pero también se necesita el empoderamiento de las comunidades que forman las ciudades metropolitanas, de modo que puedan responder con mayor vigor y autonomía a los procesos económicos de la globalización y al debilitamiento de sus capacidades de organización interna para asegurarse bienes como la salud y la educación.

Quiero enfatizar que lo expuesto en esta colaboración es un resumen personal de la experiencia y proyectos visualizados en el taller, con sus momentos de revisión por parte del Jurado internacional y los pilotos de Les Ateliers. Por fortuna, el detalle de lo que cada equipo propuso está publicado y accesible por internet en ateliers.org.  El documento se llama “Cuaderno de sesión” y los invito a su revisión detallada.

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