Sara Noemí Mata


Derecho al pataleo
18/Noviembre/2013
El derecho al pataleo es uno de las garantías individuales que nunca han estado en la Constitución pero siempre fue garantizado por el régimen priísta que alguna vez fue conocido como la dictadura perfecta. Este derecho empezó a ganarse por los partidos de oposición cuando el PRI los aplastaba en todas las votaciones y a los líderes la izquierda o de la derecha les quedaba el loable recurso de subir a la tribuna para fijar su muy digna posición política de rechazo o rendir declaraciones ante la prensa en que criticaban el atropello del que acababan de ser víctimas por obra y gracia del “mayoriteo”, mientras se sobaban las heridas en escenas que la televisión no trasmitiría pero sí registraba. Con la transición del régimen autoritario a la democracia trastabillante que hemos construido, el derecho al pataleo fue legado de los partidos políticos a los ciudadanos.
Podríamos definir el derecho al pataleo como la garantía que tiene todo ciudadano y ciudadana mexicana de sacar su coraje públicamente cuando en el ejercicio de otro derecho consagrado en la Carta Magna, su persona, tiempo y dignidad son ninguneados por un funcionario público o procedimiento oficial, sin posibilidad de solicitar una sanción por el hecho, y sin recurso legal al que acudir, pero con la confianza de que en su persona o su familia no recibirá multa o represión por la expresión pública de su rabia.
Pondré unos ejemplos que he vivido las últimas semanas. Durante el último año ha sido imposible obtener con oportunidad la fecha de la sesión de los Consejos Directivos del Parque Metropolitano de León, del Sistema de Aseo Público (SIAP) o del DIF, por citar los primeros que se vienen a la mente. La ley garantiza que este tipo de reuniones, como las sesiones del Congreso o de los Cabildos, tienen el carácter de públicas pero cada mes hay que corroborar a qué día y hora se convocarán las juntas. “La reunión está programada para el segundo jueves de cada mes, pero si no se puede se pasa al tercero, o al cuarto, o a veces no se realiza; pero yo ya casi no me entero de las fechas porque el director manda directamente la convocatoria”, me dijo cierto día la asistente del director del Metropolitano, en la enésima llamada, para rematar mi desesperación por conocer este simple dato.
Pensé que la cosa mejoraría cuando le planteara directamente a Olaf Gómez lo que estaba ocurriendo. Pedí una cita y una semana después fui atendida. Para cerrar nuestra conversación me dijo sin asomo de duda: “la próxima junta será el jueves previo que inicie el festival del globo”. O sea, ¿el jueves 14? “Sí, aquí nos vemos” y me extendió la mano para despedirnos. Pero, ¡oh!, sorpresa, el miércoles previo su asistente me comunicó que la sesión no se había convocado y por tanto no se realizaría y, claro, me pidió hablar en días posteriores para saber si había nueva fecha. Recibo esta respuesta mientras miro mi recibo telefónico y recaigo: el número más marcado de mi paquete de cien llamadas a números locales es precisamente el del Parque Metropolitano. O sea que a estos cuates les hablo más que a mi madre. ¡Caramba, llamar entre 8 y 12 ocasiones al mes, a la misma entidad, para no obtener nada!: es una perdedera de vida, diría mi difunta abuela.
En otras dependencias la cosa no pinta mejor. Les platico del SIAP. Su conmutador, que lo mismo recibe quejas por la no recolección de basura, abusos por cobros y peticiones menores como la fecha de reunión de su Consejo Directivo, suele estar muy saturado por lo que me vi en la necesidad de adquirir un teléfono con altavoz para poder continuar con otras actividades en lo que una corre con suerte de que la llamada sea recibida por la grabación. El otro día logré ser atendida por “la única persona que lleva ésos datos” y luego de excusarse por tercera vez en menos de diez días de no tener aún confirmada la fecha de la reunión, se le ocurrió preguntar: “¿Usted ya ingresó la petición de esto que me está preguntando?”. Mi estupefacción salía por los ojos. ¿De modo que después de meses de estar requiriendo infructuosamente este dato, que viabiliza o nulifica la posibilidad que la ley me otorga de observar una sesión pública me vengo a enterar que debo ingresar un oficio para conocer la fecha de una convocatoria? No estará hablando en serio, le contesté y seguimos perdiendo el tiempo.
 La volatilidad de las reuniones públicas no es exclusiva de los consejos ciudadanos. Nuestra más alta tribuna municipal tiene lo suyo. En esta administración les ha dado por difundir las sesiones de Ayuntamiento para las 6 de la tarde (dos jueves al mes) pero celebrarlas a las 12 del día o 3 de la tarde, o a la hora que se les ocurra, sin que haya modo de enterarse con oportunidad del cambio. Y de las sesiones de Comisiones del Cabildo mejor ni hablamos; la función edilicia de esta administración de plano borró de la página los lugares en que se citan los ediles y las fechas que difunden suelen estar desfasadas o de plano, omitidas.
Por ¿suerte? si alguna vez una ha perdido el chance de acudir a la sesión de Cabildo, se tiene la herramienta de visualizar la grabación que hacen y publican sin dilación. Pero el otro día, los informáticos de la Secretaría del Ayuntamiento le quitaron el botón de pausa (y el de rewind y forward) a la reproducción de la junta, por lo que si uno quiere enterarse de lo dicho en el minuto 47 de la sesión hay que chutarse sin pretexto los 46 minutos previos y si por mala suerte no captaste lo leído en el minuto 50 igual toca repetir todo.
Otro campo muy propicio para exprimir la bilis es el de la solicitudes de acceso a la información pública. Dice la ley en la materia que son públicas de oficio, es decir, que deben estar a la consulta sin que medie solicitud, las Actas e Informes que por ley una autoridad tenga que levantar o rendir. Es el caso de las Actas de sesión de los órganos directivos que solían acopiarse en el Registro municipal de Actas. La administración pasada lo montó tanto para las minutas del Ayuntamiento como para las dependencias paramunicipales. Sin saber explicarles por qué, en este trienio el registro era una pachanga: las entidades no mandaban sus actas, las mandaban sin firmas, se retrasaban por meses, o decían que las mandaban y en la UMAIP no las subían y un largo etcétera. En una publicación que presenté a inicios de octubre, señalamos esta omisión y como infeliz consecuencia ahora tenemos que el Municipio ha dado de baja por completo el Registro de actas de las paramunicipales….. Y háganle como quieran.
Pues bien, existimos ciudadanos y ciudadanas empeñadas en saber. Así que solicité lo que debiera estar público. En el sistema INFOMEX Guanajuato pedí recibir la información de modo electrónico, un PDF con las Actas; pero la UMAIP tuvo otra idea y al término legal me notificó que lo que pido está disponible en copias fotostáticas que debo acudir a pagar y recoger a Presidencia municipal.
¿Con que quiere información, eh!? Pues venga por ella y pague, y pierda tiempo, claro. Así leí clarito el mensaje entre líneas a mi solicitud de transparencia. Y sí fui, y pagué, y me sonrieron cuando me quejé.
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