OSC´s trabajando


Tras el sueño de un bosque para Las Joyas
Por Sara Noemí Mata
06/Diciembre/2016
Visto desde lejos, el terreno donde crece el Bosque La Olla parece un baldío como tantos que hay en la zona de Las Joyas, con algunas basuras que han recalado en sus orillas, unos montículos de escombro o algunas llantas inservibles que alguien ha dejado al paso; quizá un poco más verde de lo habitual para terrenos en el olvido.
Visto de cerca, ese pedazo de tierra de poco más de tres hectáreas guarda dos bienes más bien escasos en la ciudad: naturaleza y organización ciudadana para cuidarla.
El terreno es un sumidero de humedad que en ciertas zonas aún permite hundir los pies en lodo y agua aunque ya ha pasado más de dos meses de las lluvias más copiosas de la temporada; en el lugar crece –y ahora mismo puede verse- una planta acuática nativa de lagos y pantanos de norteamérica, que está asociada a las culturas precolombinas, llamada tule, palabra de origen nahuátl. Además por un costado, pasa un arroyo que aún lleva agua y en ese entorno es común encontrarse con viboras, renacuajos, saltamontes y uno que otro pececillo. En el lugar se cruza por variedad de flores silvestres y en los árboles de mezquite y sauz que perviven ahí, muchos infestados de muérdago, es fácil avistar cardenalitos o colibríes.
La segunda peculiaridad en el terreno es la organización de ciudadanos, varios menores de edad pero no por ello menos ciudadanos, que con una combinación de terquedad y esperanza están buscando que eso se convierta en parque, y aún más, en un bosque, donde la naturaleza y la convivencia entre vecinos haga lucir muy distinto un lugar que ahora parece perdido. Está entre dos colonias populares de origen informal: Rizos del Saucillo y Camino a San Juan y a tiro de piedra del conjunto habitacional Cañada del Real.
Esta historia empezó hace poco más de tres años cuando por iniciativa y gestiones de las organizaciones y personas de la Red de solidaridad La Olla y Propuesta Cívica se consiguió que ese terreno se reincoporara al patrimonio municipal, luego se le asignara un destino de área verde, en seguida se tomara en cuenta las expectativas de los pobladores más cercanos para diseñar lo que hoy está mandatado que se construya como una de las medidas de mitigación ambiental de la etapa 4 del Sistema Integrado de Transporte (SIT).
El 17 de septiembre pasado, en colaboración con dependencias municipales, se plantaron en el terreno poco más de 50 árboles en los puntos donde no serán afectados ni estorbarán las obras posteriores de construcción del parque. Ese día acudieron voluntarios de cerca y lejos, de organizaciones ambientalistas y personas que nunca habían plantado un árbol, empleados de Parques y Jardínes, cadetes de Policía y un pequeño enjambre de niños y niñas que suelen juntarse de lunes a viernes en el Club de tareas “Barra infantil” del conjunto habitacional Cañada del Real, ubicado a medio kilómetro del sitio.
Estos pequeños han sido los más persistentes cuidadores de los árboles de este bosque urbano en formación. Cada miércoles, un grupo de entre 10 y 15 menores, unos por la mañana y otros por la tarde según el turno en que acudan a la escuela, salen del centro de acopio de Cañada del Real bajo la guía de dos maestras y una persona de mantenimiento. Llevan unas cuatro cubetas y una carretilla. Al llegar al sitio se dispersan un poco siguiendo sus intereses: los hay quienes van directo a lanzar piedritas al arroyo, otros agarran palitos para juguetear con ramas en el agua; unas niñas buscan ranas y otras prefieren deslizarse por una improvisada resbaladilla de tierra.
Las guías Brenda Paola, Isabel y Adriana Fonseca recuerdan a los niños que vienen a regar y las más activas, que suelen ser las niñas, responden con rapidez: empiezan a acarrerar las cubetas semillenas de agua hasta cada árbol plantado.  Más o menos, ponen tres cubetas a cada árbol. Luego vuelven al juego, a adivinar si entre la tierra se forma la figura de un mounstruo o si las piedritas blancas a la orilla del arroyo podría ser los huevos de una víbora.
Para los árboles en el márgen norte del terreno el agua se toma del arroyo y para los del margen sur se acarrea de un tinaco que se obtuvo en préstamo por parte de una de las constructoras de la obra del bulevar Aristóteles.
La cita de los miércoles para cuidar los árboles ha comenzado a ser atendida por más vecinos de Rizos y de Camino a San Juan y hasta de colonias más alejadas que colaboran con alguna de las organizaciones de la Red La Olla.
Por ejemplo, Rosendo Arroniz, de AUGE, acude para coordinar otras tareas de mantenmiento, como el desyerbe o la vigilancia en el crecimiento de los ejemplares y Carlos Almanza como auxiliar de mantenimiento en el Centro comunitario de Cañada del Real acarrea los implementos y pone sus fuerzas para el llenado de las cubetas con agua; además, la organización AUGE animó a un grupo de estudiantes de la Ibero a realizar una actividad lúdica en el lugar el pasado 29 de octubre y luego a realizar una colecta para adquirir una desbrozadora que ya donaron para los trabajos en el Bosque.
Entrevistados para este artículo, varios de los niños y niñas que participan en el riego semanal, aunque tienen el referente de los parques Explora o el Metropolitano, ya no recuerdan cuándo fue la última vez que los visitaron porque sus familias no tienen recursos para acudir con frecuencia hasta allá, así que este bosque en ciernes se ha instalado ya como uno de sus lugares preferidos de todo lo que conocen y esperan de su ciudad León. Deseamos que muchas otras voluntades personales y políticas se unan para que este parque, ya plasmado como proyecto municipal, se convierta en el sueño de muchos.


Esta colaboración colectiva muestra la pluralidad del trabajo de los ciudadanos organizados y asociaciones civiles. Es coordinada y editada por Propuesta Cívica Guanajuato.Apareció publicada en Periódico Milenio el 6 de diciembre de 2016.
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