Arturo Mora Alva


Daños
22/Diciembre/2014

Daño es el efecto de dañar. El término proviene del latín damnum y está vinculado
al verbo que se refiere a causar perjuicio, menoscabo, molestia o dolor
.
Buscábamos a 43 y encontramos a miles debajo de nuestros píes


2014 es un año, que visto de muchas maneras se puede resumir como un recuento de “daños”. Daños, de los que hemos sido testigos, pero sobre todo son daños que se sienten en la piel, en el cuerpo, en la conciencia.  En este año que se va acabando hay un  dolor que se percibe y se expresa en frases como “Duele la Patria”, “Qué le están haciendo al país”, “¿Por qué venden y regalan nuestros recursos naturales?” o muchas otras que emergen en las calles, en las universidades, en las casas, en la plática con amigos o con compañeros y compañeras de trabajo, “Ya nadie les cree”, “Fue el Estado”, “¿En dónde estaba el gobierno?”, “Qué nadie sabía, ¡Eso ni ellos se lo creen!”, “¿Quieren desestabilizar al país?” “¿Por qué desaparecieron a los jóvenes normalistas?” “¿Qué fueron fusilados en Tlatlaya?” “1,2,3,4, 5…….40,41,42….¡Justicia!” Y muchas frases y oraciones más que se van escuchando en el día a día, producto de la molestia, del dolor, del enojo, del fastidio, del hartazgo, del miedo, del coraje.
Un país se siente, el territorio nacional toma forma en el corazón y en el alma. Los nombres y los lugares nos remiten a historias y mitos, a tragedias y maravillas. Hoy tenemos en muy poco tiempo palabras cargadas de nuevos significados y sentido. Hay realidades que han hecho nombrar y sacan a flote miles de realidades negadas, muchas de ellas puestas en el olvido por la autoridad, guardadas en archivos de las Agencias de Ministerios Públicos, otras en las oficinas de la PGR, también hay miles en las Procuradurías estatales de justicia. Muchas otras más están sepultadas en las inexplicables redes de la burocracia inventada, para dar la misma respuesta ante el reclamo de justicia, ante la búsqueda ya tortuosa, de un padre, de una madre, de un hijo, de una hija y “estamos investigando, cuando sepamos algo, nosotros nos comunicamos con usted”.
Hay palabras que como “desaparecido”, “desaparecida” que puestos en plural nos dicen que hay más de 23  mil 600 desaparecidos en México, en donde el 71.3% son hombres y el 28.7% son mujeres. Sólo 334 de esos casos son investigados por el fuero federal, el resto 23,271 por el fuero común. El mayor número son personas jóvenes: de 10 a14 años 1,475; de 15 a 19, 3,787; de 20 a 24 años 2,888; de 25 a 29 son 2,656; de 30 a 34, 2,422; y de 35 a 39 2,033. El Estado de la República en donde hay más desaparecidos es Tamaulipas con 5,380 y el que menos es Tlaxcala con 17.
Hoy la palabra desaparecidos tiene nuevo significado, está cargada de ineficiencia, de injusticia, de ausencia de autoridad, de corrupción, de impunidad, al evaluar lo que se ha dejado de hacer por parte de las autoridades, de las policías, del sistema de administración y procuración de justicia. Pero también esa palabra toma significado desde el dolor y la pena de las cientos de miles de familiares que no tienen consuelo, que viven tocando puertas, otras más convirtiéndose en investigadores e investigadoras de sus casos, haciendo lo que no hacen las autoridades, juntando testimonios, reuniendo evidencias, exigiendo un trato digno dentro de su dolor. Las historias son más que espeluznantes, familiares que reciben restos humanos sin confirmar si son de la persona amada que han estado buscando. Historias de padres y madres que han tenido que buscar el rostro de sus hijos en cadáveres que les muestran en las deprimentes morgues.
Hay palabras que toman un nuevo sentido, “vivos se los llevaron, vivos los queremos”, ya Doña Rosario Ibarra de Piedra y el grupo Eureka habían acuñado esta demanda ante el Estado Mexicano, al buscar a los hijos que fueron desaparecidos durante los años de la guerra sucia en México. Hoy esta frase es una demanda que muestra la faceta de un Estado y un gobierno ineficientes. Las investigaciones que se van realizando de forma independiente como realizada por los periodistas Anabel Hernández y Steve Fisher, con el apoyo del Programa de Periodismo de Investigación de la Universidad de California en Berkeley al menos confirman y van obligando a las diversas instancias federales desde la Policía Federal hasta el Ejército  Mexicano a aceptar que estuvieron enterados de lo sucedido en Iguala. Falta que la verdad aflore, que se sepa la verdad, la que sea, pero la verdad.
Hay realidades que se han querido tapar con un dedo, con discursos y con estrategias mediáticas de comunicación y con malas decisiones en el campo político. La situación de La Ruana en Michoacán con la confrontación armada de los grupos de autodefensas es un ejemplo. Las crecientes protestas de la Ceteg de Guerrero y la ausencia de gobernantes como contraparte, para discutir y dialogar ante las demandas presentadas y buscar soluciones, esto otro caso. Está el caso de los padres y madres de la guardería ABC que siguen exigiendo justicia.
Hay un vacío de autoridad, una falta de capacidad y sensibilidad social del gobierno, hay nula autocritica, y en ese marco se está ampliando  la percepción de que el crimen organizado esta en todo y controla todo, que ya está por encima del Estado mexicano. Esta mirada sobre México se confirma desde cómo nos ven afuera del país, basta con ver la declaraciones de José Mujica presidente de Uruguay o los comentarios del presidente Evo Morales de Bolivia para comprobar esta imagen que se proyecta de México y que va más allá del extrañamiento y sorpresa del gobierno federal ante estas perspectivas. El gobierno actual no se hace la pregunta ¿Qué están estos mandatarios viendo y que nosotros no?  También está el reciente informe que elaboró la Embajada de Gran Bretaña en México y que se dio a conocer en pasados días que muestra diversos matices y realidades de la inseguridad y la creciente criminalidad en el país.
Las argucias y la arrogancia para no reconocer las prácticas deshonestas y conflictos de intereses de la clase política que dirige el país es un nuevo lastre que daña la confianza en las instituciones y en los políticos. “La casa blanca” y la casa de Luis Videgaray  junto con las otras casas más, que están saliendo a la luz pública asociadas con el dueño grupo Higa, siguen minando la confianza del pueblo para con sus gobernantes. Se hubiera esperado que después que el Presidente Peña Nieto abriera su declaración patrimonial, el total de las y los funcionarios de primer y segundo nivel de su administración hicieran lo mismo, y nos garantizaran desde la transparencia, que no se han llevado nada, ni se llevaran nada que no les corresponda y que tienen muy claro su compromiso moral como funcionarios públicos, para evitar cualquier dejo de sospecha o suspicacia con relación a compromisos políticos y económicos con personas o con empresas.
El problema es que el daño está hecho y por ahora, al parecer el gobierno sólo quiere irse de vacaciones, como ya están de vacaciones los Diputados y Senadores, así como, las y los Ministros de la Suprema Corte de Justicia, esperando, eso parece, que los problemas de esta crisis de gobierno se resuelvan por sí solos.
Falta que el gobierno, en su conjunto, vaya reconociendo todos los daños colaterales que su acción y sobre todo su omisión están causando y que por ahora ni siquiera quieren explorar su existencia.
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