David Herrerías Guerra


La cultura del estiércol
15/Mayo/2013
Va, de lo más pequeño a lo más grande:
“Todos haciendo la tarea como locos y yo tumbado frente a la tele. Hace un mes que encontré el cuaderno de mi primo que tiene las mismitas tareas que nos deja el profe. Las copio en 5 minutos y listo. A seguirla gozando. ¡Que trabajen los burros!”.
“Hubieras visto,we. Todo mundo haciendo cola para entrar y yo voy, me le pongo enfrente al tipo de la puerta y le digo con mi cara de niña pobre: «déjame pasar nada más a dejarle unas llaves a mi prima, que ya está adentro» ¡y el baboso que me deja pasaaar! ¡Obvio me quedé adentro!  ¿a poco no me vi  bien lista?”
“Me pasé el alto enfrentito de la patrulla, wey. Y a la hora que me detienen, les echo el choro de que soy abogado y mi hermano los empieza a filmar con su teléfono. Se pusieron bien nerviosos y nos dejaron ir. A mí los tránsitos me la ….”
“Ya llevo dos años de atraso en los impuestos. Me los voy toreando. Al rato van a sacar una campaña de condonación para recuperar algo de lo perdido. Entonces les voy a pagar sus corcholatas, borrón y cuenta nueva.  Así me la llevo y me ahorro una lanota de impuestos ¡que paguen los más güeyes!”
“No es que gane tanto aquí de burócrata. El negocio, si te pones abusado, está en otro lado. Mira: la otra vez le ayudé a unos abogados a resolver una bronca que tenía con unas multas. Como yo conozco bien a todos, sé cómo aceitar la maquinaria. Les condonaron las multas, ellos se ahorraron una lanota y yo de ahí saqué más que lo me gano en un mes de trabajo. ¡No me den, na más pónganme donde hay!”
“No nos está pidiendo mucho, Sr. candidato. Unos permisos para tres casinos en el municipio cuando ya estemos donde vamos a estar. A cambio: apoyos en efectivo para la campaña y buen trato en los medios… ¡de mensos no aceptamos! ¿no?”
“Dicen que decía Don Porfirio: «A mis amigos clemencia y benevolencia; a mis enemigos, todo el peso de la ley» Así que no se extrañe: si se pone en mi camino, le rascamos un poco y le encontramos algo. Si se porta bien, no se preocupe, usted sigue al frente del sindicato”.
Desde lo pequeño a lo más grande, al final, lo que une a estos monólogos es la cultura de la ilegalidad. Lo más grave del asunto no es que se produzcan los hechos de ilegalidad, sino que se les reviste de juicios de valor positivos: son más abusados los que aprovechan la ocasiones de enriquecerse con el erario que los que pasan por ahí sin sacar un beneficio. Son más listos los que adelantan en la fila que los que respetan su lugar.
La ilegalidad ha sido también justificada como una forma de insurgencia popular, como una forma de rebelión frente a unas autoridades que tampoco respetan las reglas del juego. Lo paradójico del asunto, es que en un país sin leyes, quienes terminan aprovechándose más son siempre los peces más grandes. Lo hemos visto: si hay laxitud en la forma de cobrar los impuestos, las multas y las sanciones, quienes aprovechan mejor esa laxitud son las grandes empresas. Si hay un uso discrecional de la fuerza o de la persecución de los delitos, quienes terminan en las cárceles son los más débiles, quienes no tienen abogados, quienes no tienen un iPhone para filmar a sus verdugos. Si construimos un sistema burocrático farragoso que fomenta la existencia de coyotes y dificulta todo, quienes se pueden saltar los controles porque pueden “aceitar la maquinaria” son los que cuentan con más recursos o tienen “los conectes” en los altos niveles.
La legalidad es la mejor defensa que tenemos contra el abuso de poder; pero desde todos los frentes, desde la autoridad y desde la ciudadanía, minamos ese valor que es esencial en cualquier sistema democrático. Es verdad que el Estado es el primer responsable de la construcción de la legalidad, pero los ciudadanos “de a pie” debemos ser los primeros interesados en protegerla, porque en eso se juega nuestra igualdad y libertad frente a los poderes políticos y económicos.
Usted y yo tenemos que decidir si seguimos haciéndonos los listos cavando nuestra propia tumba en un estercolero de ilegalidad, o ponemos un alto, empezando por lo más pequeño e inmediato y exigiendo lo propio a los más grandes. (david@propuestacivica.org.mx)
 
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