David Herrerías Guerra


¿Es mucho o poco?
24/Enero/2013
Cuando yo tenía muchos menos años que los que tengo ahora, adolescente, ya interesado en las cosas de la política, me quejaba de los altos sueldos que se asignaban los políticos, con todo y que en ese tiempo nadie sabía a ciencia cierta cuánto se llevaban a la bolsa legalmente los funcionarios. Un argumento justificatorio y recurrente de mis maestros conservadores era que los salarios tenían que ser altos para que “no tuvieran la tentación de robar”. El argumento no me convencía antes y ahora me mueve a risa, a pesar de que se sigue usando de vez en cuando. La realidad es que nuestros políticos nos han robado por las buenas – asignándose legalmente salarios estratosféricos – y por la mala – dando concesiones a sus cuates, bajando recursos para sus negocios propios, cobrando el “diezmo” en las asignaciones de obra pública etcétera, y mil etcéteras. Y nunca, sus altos ingresos que reciben con la mano derecha han impedido que la mano izquierda urge en las arcas del erario. El dinero es esencialmente adictivo, pocos son capaces de entender cuándo tienen suficiente.
 
Otro argumento muy socorrido, es el que dice que tenemos que pagarles muy bien, para poder conseguir a los mejores hombres y mujeres. Si les pagamos poco, la empresa privada nos va a piratear a estos profesionistas capaces y emprendedores. No se ría, de veras que hay quien lo argumenta,  a pesar de que la mayor parte de los diputados ni soñando ganarían lo que ganan en otro lugar que no fuera ahí (y mire que en la cámara tienen tiempo suficiente para soñar)
 
¿Pero cómo saber si les estamos pagando lo suficiente? ¿no estaremos explotando a nuestros pobres políticos, que tantos desvelos y sufrimientos pasan por nosotros? Los funcionarios públicos, como cualquier ciudadano, merecen una retribución por su trabajo, de acuerdo a las responsabilidades del puesto, a la preparación que es necesaria para desempeñar esa función, a la circunstancia real y concreta de la empresa o la organización que lo contrata, a la situación económica del país, y en general a su trayectoria y cumplimiento. Para saber cómo andan los salarios de nuestros gobernantes, podemos primero contextualizar en la realidad nacional.
 
El INEGI realiza periódicamente la Encuesta nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares. Parte de la información que nos brinda es el promedio de ingreso en los hogares mexicanos ordenado en deciles, es decir: divide a la población en diez escalones, y nos dice cuanto gana en promedio el 10% de los mexicanos más pobres, luego el siguiente 10% y así, hasta el 10% de los mexicanos más ricos. Cada decil incluye casi a 3 millones de hogares. Sin embargo, esta encuesta se sabe que tiene un subregistro. Es decir, se ha logrado identificar que las familias no expresan todo lo que ganan en la encuesta, de tal manera, que se ha logrado corregir estadísticamente y saber cuánto gana en promedio cada uno de los deciles (Revista Este País, abril 2012).
 
De acuerdo a esto, el 10% de los hogares mexicanos más pobre recibe en promedio 2,149.00 mensuales. Los mexicanos que están en el quinto decil, reciben 7,632.00 pesos. El 50% de los hogares mexicanos vive con menos de 8,000.00 pesos mensuales. En el noveno decil, están los hogares que reciben 48 mil pesos  mensuales. Aquí ya entran, por ejemplo, nuestros regidores y muchos funcionarios públicos medios.
 
En el último decil, es decir, entre el 10% de los mexicanos más ricos, están quienes ganan un promedio de 141 mil pesos mensuales. Pero este decil, lo podemos analizar por centiles, es decir lo podemos dividir en 10 escalones y ver donde quedan nuestros funcionarios: La Presidenta Municipal, por ejemplo, quedaría en el centil 95, gana más que el 94% de los mexicanos. Nuestros diputados locales con sus 138 mil y los diputados federales con sus 149 mil ganan más que el 97% del los mexicanos. El gobernador del estado con sus 166 mil, gana más que el 98% e los mexicanos. El Presidente de la República está en el penúltimo decil, y los consejeros del IFE, y los Consejeros de la Judicatura están entre el 1% de los mexicanos que más ganan en este país.
 
¿Por qué la mayor parte de los mexicanos, que se ubican en los 9 deciles inferiores, tiene que pagar con sus impuestos, salarios que permiten a los políticos estar en los últimos deciles y centiles de esta escala? ¿Es lógico? A la mejor los puestos vinculados a la procuración de justicia que tienen mucho riesgo podríamos justificarlos… pero por ejemplo, los diputados, que no necesitan para llegar al puesto ningún certificado de estudios, que a decir del mismo Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara, “diluyen su responsabilidad en la masa” y que “no era buenos para nada y se metieron de diputados” (sic),  ganan más que cualquier presidente municipal o que miles de mexicanos que tienen estudios, formación y capacidades mucho mejores? No tiene lógica. Lo único que lo explica, es que ellos mismos se fijan su salario y nosotros los dejamos.
 
En el caso de los diputados y senadores (que por cierto mantienen en mayor opacidad sus ingresos reales)  con quitarles todos los sobresueldos, recibirían un salario de casi 80 mil pesos. Podría ser menos, pero sería un avance. Insisto: escríbale a su diputado, a su diputada. Entre a la página del Congreso, o a la del partido político que lo arropa y pídale que se baje el sueldo. A ver qué le contesta.
 
 
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