David Herrerías Guerra


Aquel que los desmarginalice un buen desmarginalizador será…
14/Noviembre/2012

– Sí, cuando vinieron traían un dibujo ya muy bien hecho de un centro comunitario o algo así…
– Nos dijeron que si ganaban sí se iba a hacer, pero que tenían que tirar una parte del parque que ya está, porque nada más era un nido de maleantes.
– No venían a preguntarnos si queríamos o no, lo que querían era decirnos que votáramos por ella… ya traían el dibujo muy bien hecho, muy bonito, se los hizo un arquitecto…
– Sí, hasta traían también al arquitecto que lo hizo.
– ¿Y se fijaron qué era lo que contenía ese centro comunitario? ¿es lo que ustedes necesitan?
- No pos no, nada más lo vimos así de rapidito, no nos venían a preguntar… pero si lo van a hacer que lo hagan,  si decimos que no a la mejor no hacen nada y quedamos peor.
 
El diálogo ocurre en reunión con habitantes de las Joyas. Una veintena de grupos en la zona de la Soledad de las Joyas han ido haciendo un diagnóstico sobre la situación de inseguridad en sus calles y están desarrollando propuestas. Como parte de este proceso han llegado a la conclusión de que necesitan un centro cultural y deportivo. En una reunión fueron construyendo idealmente lo que necesitan. Ahí es cuando recordaron que la actual Presidenta les había ofrecido ya algo que parece cercano. Pero a ninguno de los presentes, representantes de unas 20 colonias alrededor del parque en el que se supone que se construirá el Centro, les preguntaron qué querían. Tampoco les ha preguntado nadie sobre la super escuela, ni sobre la preparatoria del Poli. Hay muchos proyectos para Las Joyas porque se ha convertido en una de las zonas marginadas emblemáticas y será, probablemente, uno de los lugares en los que se querrá dejar constancia del interés de la nueva administración por “los marginados”.
 
La palabra marginado, por cierto, queda muy bien para describir a este apéndice urbano de decenas de miles de habitantes, unido a la ciudad por una sola arteria, la calle Aristóteles. Marginados no sólo por la precariedad de servicios sino porque efectivamente, se encuentran en los márgenes, y casi cualquier traslado a las zonas comerciales o laborales de León les costará un mínimo de 45 o 60 minutos. Pero un aspecto especial de la marginación es la poca atención que se les presta para decidir qué es lo que, desde los centros de poder, se quiere hacer en su propia colonia.
 
Un aspecto al que podemos y debemos aspirar en una democracia, es a la capacidad de incidir en la forma en que se aplican los recursos que afectan los espacios inmediatos que habitamos. A esto se le llama gestión participativa, o su traducción en términos de recursos, presupuestos participativos. No es un sueño guajiro, se aplica ya a nivel municipal en muchos lugares del mundo. La idea es que, existiendo un monto determinado de recursos para aplicarse en una zona, sean los habitantes de ese lugar los que decidan en qué y cómo se aplican esos dineros, de forma que les beneficien en lo que ellos quieren y no en lo que se decidió desde la mesa de trabajo de un burócrata.  Hay también la modalidad de poner proyectos a concurso: se anuncia que hay un recurso económico para aplicar en una zona determinada, los interesados –generalmente organizaciones de la sociedad civil – presentan proyectos, y se hace una votación entre los habitantes para aprobar el proyecto que más les interesa. En cualquier caso, de lo que se trata es de creer que las personas pueden decidir mejor lo que realmente necesitan, y además, de conseguir que, al involucrarse en las decisiones, los grupos organizados de las colonias participen en la gestión de los espacios y se comprometan con su uso (para que no se conviertan en nido de maleantes).
 
La gestión participativa, supone además, empoderar a los grupos vecinales – porque el dinero no es del gobierno sino de los ciudadanos – y darles pretextos de organización. Eso no siempre va bien con nuestra cultura política corporativa, en la que el esquema recurrente es el del partido paternalista, al que tienes que darle tu voto para llevarlo al Olimpo, y desde ahí, con un gracioso gesto, hará aparecer por arte de magia lo que tú necesitas, aunque ni siquiera sabías que lo necesitabas, y le quedes agradecido al menos hasta las siguientes elecciones.
 
Las Joyas pueden ser el escenario, en el siguiente trienio, de grandes obras de infraestructura y de proyectos. No es que la intención de voltear hacia allá sea mala, pero se tiene que entender que en ese lugar hay personas pensantes que tiene derecho a conocer los proyectos, que pueden y deben opinar sobre ellos, porque a fin de cuentas son ellos quienes van a aprovecharlos o a sufrirlos. Hay además muchas personas en las Joyas que están dispuestas a colaborar para hacer de esta zona un mejor lugar para vivir (perdón por la frase políticamente incorrecta en este trienio).
 
Lo mínimo que podemos esperar, si es verdad que hay una actitud diferente en la administración municipal, no es sólo una reasignación de recursos, sino una forma nueva de incorporar a los marginados. No se trata de darles más recursos, sino de incorporarlos, “desmarginalizarlos” de la toma de decisiones que los afectan. david@propuestacivica.org.mx
 
 
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