David Herrerías Guerra


No tirar el agua de la bañera con todo y niño
31/Octubre/2012

Es verdad: desde que nació ya venía un poco raro. Desde el principio fue un problema su alta dependencia de la chiche del erario, mientras agitaba su manita ciudadana. Vio la luz envuelto en sospechas edípicas: ¿será capaz de juzgar a su propio progenitor?  Su Consejo Directivo, si bien con algunos matices, acusaba un poco el problema de los puentes construidos en el sexenio pasado… se cargaba un poco hacia el azul. Así nació el Observatorio Ciudadano de León, casado con un método, que es a la vez fortaleza y camisa de fuerza, útil, pero insuficiente para reflejar todos los resultados del ejercicio del poder en el municipio. Ya venía enredado el niño, atravesado, pero nació, a fin de cuentas.
 
Y si no hubiera nacido así, es probable que no hubiera visto la luz. Y ahora que lo vemos caminar, a sus dos añitos, con todas sus desventajas, constatamos también que el Observatorio ha generado información bastante útil, ha logrado la participación de más de un centenar de ciudadanos y, sobre todo, ha contribuido a crear esa cultura de la auditoría ciudadana que tanto nos hace falta. Hay otros problemas familiares que desde luego, le han hecho más difícil la vida al niño, como la relación del Municipio con la Fundación para los Gobiernos Confiables. Aunque políticamente esos asuntos sean los más sabrosos y redituables (especialmente para el PRI) no son los más importantes, ahora que el niño ya camina. Lo fundamental es asegurar que el Observatorio pueda continuar y pensar en qué condiciones lo puede hacer.
 
Un asunto central es la fuente de los recursos. Una organización cualquiera, que quiera realizar una labor así, no se puede construir únicamente de voluntariado. La pregunta es ¿debe recibir fondos públicos? Primero hay que recordar que los fondos del erario no son propiedad del Ayuntamiento, son, precisamente, del público, de todos nosotros. En ese sentido, la decisión de otorgar dinero a un organismo tiene que ver con la utilidad que este tenga para la colectividad. Si el Observatorio nos es útil a nosotros los ciudadanos, podemos exigir que parte de nuestros impuestos se destinen, precisamente, a cuidar que el Ayuntamiento nos de un buen servicio.
 
El problema es que el Observatorio se mueve en una frontera muy difusa: ¿es una típica organización de la sociedad civil? Si así lo fuera, tendría que depender de muchas fuentes de recursos, especialmente de los particulares, aunque no renunciara a las fuentes gubernamentales. Pero en ese sentido, el erario municipal no tendría que otorgarle recursos preferentemente frente a otras organizaciones que decidieran también hacer observación. Pero si tiene una relación de dependencia presupuestaria con el Ayuntamiento, es entonces algo más parecido a un ente paramunicipal, aunque tenga un gobierno ciudadano; o un organismo de interés público, como los partidos políticos.  Si el OCL quiere ser una organización de la sociedad civil, surge la pregunta: ¿por qué el Municipio tiene que dar recursos a este observatorio en particular y no a otro? ¿por qué no a cualquier organización que diga que va a hacer observación se le dan recursos públicos?
 
Se abren, me parece, dos caminos: una opción es que el Ayuntamiento declare como una necesidad, el contar con este organismo y convierta el Observatorio en un ente paramunicipal, dependiente del erario, con un presupuesto asignado como porcentaje del gasto público, fijo, y con un Consejo Directivo Ciudadano que se renueve democráticamente, independiente de los cambios tri anuales. En este caso, el Observatorio tendría que estar constituido como cualquier entidad paramunicipal y su organización interna podría normarse para asegurar la participación de diferentes sectores de la sociedad.
 
La otra opción es el Observatorio como un ente autónomo, ciudadano. En ese caso, el Ayuntamiento podría (debería) declarar que existe un monto determinado para apoyar la auditoría ciudadana, y que, bajo ciertas condiciones, se abre una convocatoria para que diversas organizaciones accedan a ese recurso, con reglas y compromisos claros. Una de estas organizaciones podría ser el actual Observatorio, pero podrían surgir otras, probablemente con objetos de observación más específicos (la cultura, la ecología, etc)  En este caso, cada observatorio sería totalmente independiente en cuanto a sus métodos y su constitución interna, siempre y cuando cumpliera con ciertos requisitos de rigurosidad para validar su derecho a recibir recursos públicos.
 
Desde mi punto de vista, ambas opciones son posibles y podrían ser útiles. Hay otros dos caminos que me parecen perniciosos: el primero es tratar de ser las dos cosas al mismo tiempo. El segundo es menospreciar el esfuerzo de estos años y destruir la idea de un Observatorio Ciudadano: sería como tirar el agua sucia de la bañera con todo y niño. (david@propuestacivica.org.mx)
 
DEJANOS TU COMENTARIO
1456374297.png
1321493145.gif
1381429645.jpg
1321493278.png
1321493200.png