David Herrerías Guerra


Cómo sobrevivir al pleistoceno
11/Julio/2012
En las Joyas, enorme zona marginada al poniente de León, las casillas de votación se apiñan en escuelas. Al interior de cada una las cosas transcurren con normalidad. Pero apenas afuera, en los patios, hay un hervidero de operadores políticos del PRI y del PAN. A las personas les cuesta mucho trabajo ubicar su casilla, porque el analfabetismo funcional les impide ubicar su apellido entre las opciones que se han dibujado en los cartelones. Un grupo de mujeres “ayudan” a los votantes a dirigirse a la casilla que les corresponde. No son funcionarias del IFE, sino militantes de los partidos que asumen esta función ilegalmente. ¿De parte de quién viene usted? le pregunto a una, la que veo más inocente. “A mí me mandó la señora Carmelita”. - Pero la Señora Carmelita de qué partido es… “Ah,  es del PAN”. Y antes de que pueda decir más, nos aborda rápidamente otra mujer con el colmillo más retorcido, y toma la ofensiva: “¿Y ustedes qué hacen? ¿por qué están aquí?”. Nosotros tenemos acreditación del IFE como observadores, estábamos legalmente en el lugar y decidimos quedarnos a observarlas. Somos incómodos, se nota a leguas.
La escena se repite de una u otra forma. Al final vamos descubriendo que las operadoras están revisando listas de personas que van a votar. Si alguno no llega, cerca del cierre de casillas, lo mandan llamar. Son principalmente del PAN, pero descubrimos a gente del PRI y de Nueva Alianza. Así desde fuera, no podemos saber si están cobrando los regalos abundantes que dieron antes o si simplemente están asegurándose de que sus votantes duros lleguen a la casilla.
Entrevistamos gente a la salida. Casi todos afirman que en la mañana alguien pasó por su casa a tocar para avisarles que fueran a votar. No saben de qué partido. Ninguno confiesa haber sido forzado o haber recibido algo a cambio de su voto, pero saben de los regalos que circularon por la colonia. Algunos se quejan de que no les toca nada.  En los cursos previos que dimos en las colonias los participantes fueron más explícitos, y nos hablaron de los regalos y promesas que se andaban repartiendo. No fue un secreto, llegó a los medios.
Sabemos que es muy difícil saber cuál fue el efecto de todo eso que se gastó en regalos y tarjetas. ¿Cuánta gente, al momento de votar obedeció al compromiso adquirido al recibir una tarjeta? No se pude calcular. Comprobar que se dieron regalos no es comprobar la compra del voto, ese es el problema. Y si se comprueba que los gastos de campaña fueron excesivos, la ley no prevé que por eso se anule la elección. Se pondrá una multa al partido que pagará con los recursos que nosotros le damos con nuestros mismos impuestos. Pensar que se pueda revertir un resultado es muy inocente, al menos con las reglas actuales, que son las que los mismos partidos impusieron.
El problema es que nuevamente tendremos un presidente con un consenso muy bajo, no sólo por el bajo porcentaje de la población que lo apoya (son más los que no lo quieren que los que lo quieren) sino por las dudas que surgen del mismo proceso.  Si hubo alguno que pensara en la posibilidad de estar frente a un PRI diferente al de los grandes dinosaurios las prácticas electorales no confirman la hipótesis.
Pero le debo a Vicente Fox la convicción férrea de que México puede sobrevivir a cualquier cosa, incluso a un presidente tan obtuso y cínico como él. Por eso no comparto el pesimismo de algunos compañeros en el sentido de que con el regreso del PRI a los Pinos hemos regresado a donde empezamos aunque no me queda la menor duda de que habrá que empujar más que nunca desde la sociedad civil para evitar que se reconstruya el viejo sistema autoritario, en alianza con los partidos de oposición y los grupos progresistas al interior del mismo PRI.
Las primeras y urgentes tareas tienen que ver con la elección misma: es necesario transparentar lo más que se pueda la elección, revisar los gastos de campaña y la compra del voto y sancionar a los culpables. Habrá que empujar también y de manera  inmediata, la democratización y apertura de los medios de comunicación. Es obvio que el asunto no está en las prioridades de Peña Nieto, pero ahí habrá que enfocarnos todos los demás. Hay más de una especie de lacras políticas (Marín, Ulises, y otras familias de saurios similares) que esperan ansiosos su hueso. Habrá que estar atentos e impedir su ascenso. Habrá que buscar, de nuevo y con más insistencia, la recuperación de la CNDH, de los organismos de transparencia, del IFE con participación ciudadana que no derive de las componendas partidistas. Habrá que empujar una reforma educativa que le quite a Elba Esther, que siempre sabe cómo caer de pie, el control de la SEP. Esas son las luchas que nos pueden proteger de la vuelta al pleistoceno.
En el 2000 quisimos iniciar una transición que no se dio o se logró muy parcialmente. Hoy nos toca volver a intentarlo, pero hay que hacerlo bien. Como dijo el P. Solalinde: “La última carta por jugar es la de la sociedad civil”.
DEJANOS TU COMENTARIO
1456374297.png
1321493145.gif
1381429645.jpg
1321493278.png
1321493200.png