David Herrerías Guerra


Aquel que se ciudadanice un buen ciudadanizador será
27/Junio/2012
Hay una palabra que cada vez escucho con más frecuencia en los discursos de los candidatos:  “ciudadanizar”. Es curioso, porque la palabra se usa como si fuera un sortilegio o un remedio milagroso:  “Mis propuestas son ciudadanas” Ahora todas las ideas son mejores si se ciudadanizan. Al rato, si cunde la moda, otras profesiones, aparte de la de político, empezarán a usarla: “Mire señor, nos dirá el dentista, tenemos un nuevo tratamiento para la caries, es mejor, porque es ciudadanizado”. “Tenemos gasolina con plomo, sin plomo y ciudadanizada”. “Nuestros quesos son saludables, orgánicos y ciudadanizados”. Ciudadanizar es bueno, politizar es malo. ¿Y de cuando acá les dio a los políticos por ciudadanizar todo?
 
En primer lugar hay que tratar de aclarar qué significa ciudadanizar, porque el límite entre lo político y lo ciudadano es de por sí lábil. A fin de cuentas, un político no deja de ser ciudadano por estar en la política, mientras que hay organizaciones ciudadanas interesadas y metidas en la los asuntos públicos. No son pocos aquellos que señalan con dedo flamígero a los ciudadanos que se decantan hacia algún lado del espectro político – especialmente si es hacia la izquierda –  “es que ya se politizaron”. Se suma a la confusión el hecho de que un personaje como Quadri se diga ciudadano,  aunque sea la cara bonita – aún con sus bigotes – de Elba Esther, la madre de todos los grillos. Pero este ambivalente personaje insiste en que todas sus propuestas, por venir de su boca autonombrada ciudadana, son ciudadanas, y son por ello, buenas. También los hay ciudadanos libres y manipulados: los libres son los que opinan como el que opina; los manipulados son los otros, especialmente, otra vez, si tienen propensión a usar la zurda.
 
Pero vamos quedar en algo para poder seguir este artículo: llamaremos políticos a los que aspiran a vivir del erario – dicho de manera prosaica – o a los que aspiran a ocupar un puesto público para, desde ahí, servir a la ciudadanía, dicho de manera poética (cobrando un módico salario, desde luego). Pero no hay que confundir a cualquier burócrata con un político. El político tiene como tarea principal la búsqueda del poder; el burócrata pudo llegar ahí pidiendo chamba como en cualquier otro empleo. Claro que los políticos aspiran a ser burócratas, desde luego, pero de los de arriba. ¿Ve como se complica? Y como ya dijimos antes, no dejan de ser ciudadanos. Para no hacernos más bolas, podemos usar la categoría “Partido”. Ahí, en ese lugar, es donde se guardan los políticos. Si usted está en un partido, con credencial y todo, para efectos de este artículo, usted es político.
 
Ciudadanos somos los otros, los que les pagamos con nuestros impuestos y esperamos que (nos) sirvan. Como a los políticos les pagamos nosotros, tenemos derecho a opinar sobre su trabajo, porque además, los salarios de diputados y funcionarios de alto nivel están entre los mejor pagados de este país. Y lo que ha pasado hasta ahora, es que si usted ve las encuestas de opinión, la clase más despreciada es la política. A tal grado que el CONAPRED debería ir pensando en una oficina especial para la discriminación en razón de su pertenencia a la clase política. A quien menos se les cree en México, es a los políticos, o dicho en términos que pueda entender doña Josefina: son pocos los mexicanos que le confiarían sus hijos a un político. Y por si fuera poco, en las campañas se lanzan unos a otras, otras a unos, tal cantidad de estiércol que nos terminan convenciendo, si no estábamos ya convencidos, de la poca calidad moral de la mayoría de ellos. Dicho al margen: ¿no podrían ir construyendo un poco de solidaridad de gremio para mejorar su imagen?
 
Y así es: tan mala imagen tienen, tan mal huele ya la palabra política, que ahora nos venden la idea de ciudadanizarla. Como si ciudadana fuera una loción capaz de esconder la podredumbre de la política. Pero es curioso: porque de unos años para acá, los partidos han ido des-ciudadanizando instituciones que habían nacido más ciudadanas: como el IFE, la CNDH, el IEEG. Es verdad que algunos partidos se han abierto a candidaturas “ciudadanas”, pero la verdad es que se entregan las que generalmente no pueden ganar y que les darán beneficios al partido al lograr la votación para su permanencia o meter un regidor al ayuntamiento.
 
Si entendemos por ciudadanizar la apertura de espacios para que la sociedad civil organizada pueda participar más en las decisiones de gobierno (consejos ciudadanos democráticos, leyes de participación ciudadana accesibles y funcionales, candidaturas independientes, plebiscito, gestión participativa del presupuesto, organismos de transparencia realmente ciudadanos etc) bienvenida sea la moda de “ciudadanizar”. Pero si se convierte en otra palabra hueca usada sólo como argumento de venta, lo único que se logrará es que el vocablo termine impregnándose del mismo tufillo a pus rancio que tiene la política.
 
Sea como sea, no serán los políticos los que le digan a la ciudadanía el papel que tiene que jugar en la política. Gane quien gane en esta elección, el siguiente sexenio deberá ser el de la sociedad civil organizada, exigente y actuante. (www.propuestacivicagto.org)


Publicado en Milenio Diario, León.   http://leon.milenio.com/cdb/doc/impreso/9151590
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