David Herrerías Guerra


Los mapaches los pagamos con nuestros impuestos
13/Junio/2012
Entre risas y caras coloradas por la pena, actúan. La escena se desarrolla en alguna colonia popular de León. Dos jóvenes representan a los enviados del partido, que hablan con la que se ha puesto en los zapatos de una joven empleada: “Mira: ¿para qué trabajas cuando puedes estudiar? Nosotros te ofrecemos una beca para que sigas en la escuela, sólo tienes que firmar aquí, y nos prometes que vas a votar por nosotros”. La actuación es parte de uno de los talleres sobre compra y coacción que Propuesta Cívica lleva a cabo. Al final de las actuaciones preguntamos: ¿son fantasía o realmente suceden estas cosas en la colonia? Todas son representaciones de hechos reales.
 
Vamos para decirles que se cuiden de los mapaches llevando ejemplos de sus prácticas ilícitas. Ellos nos cuentan casos que nos ilustran a nosotros. “A veces nos dicen que van a hacer la rifa de un aparato, nos junta una señora y nos piden nuestra credencial, quesque para asegurarse de tener bien los datos para la rifa”. – ¿Y sí dan los premios, al menos? – pregunto. “Sí, sí los dan.  A mí me ofrecieron dinero si les juntaba un grupo que votara por ellos”.  Cuando iniciamos nuestra campaña de difusión, que contempla la observación el día de la elección, recuerdo que comentamos: ¿Y qué pasa si no encontramos nada? ¿qué vamos a informar?. – Pues diremos que no pasó nada.. ojala esa sea la conclusión. Pero mientras más vamos a las colonias, más formas diferentes de compra y coacción conocemos.
 
Aparecen también las amenazas veladas: “si no gana el partido, quién sabe si siga el programa Oportunidades”. A las subdelegadas las usan funcionarios del municipio para que les junten gente en los mítines de Salim.  Todo con mucha discreción, con frases incompletas. “Les dicen a los funcionarios que sean discretos, que si los cachan, están solos”.
 
– Pero como sea, sí están regalando cosas buenas – me dicen en las Joyas. Pues sí, están bien generosos, les digo.  – ¿Y saben de dónde sale el dinero con el que les compran los regalos?.
Silencio. – ¡Pues de nuestros impuestos!, de lo que nos quitan cada quincena. ¿Y saben cuánto dinero recibieron este año?... échenle. – “¡diez mil pesos! “ – se aventura un pequeña. – No… tírenle más alto.  – Diez millones, dice un joven. –  No, más alto. – ¡300 millones! – afirma un viejo, con cara de yo-sí-sé-de-estas-cosas.  –  Más de 5 mil millones de pesos – les dejo caer, despacito, como para no lastimar a nadie. Hacen cuentas en el aire, tratan de imaginar qué significa esa cifra, para cuánto alcanza, cuánto ocuparía en billetes de veinte pesos, que son los que más corren por sus manos. No, no lo imaginamos. 500 millones de kilos de tortillas. De todos modos sepa cuánto sea eso.
 
En el País hay al menos 40 millones de personas que viven como ellos, incapaces de imaginar esas cantidades de dinero. Pero los partidos se han asegurado, con un candado en la Constitución, que su botín no baje. Reciben anualmente 75 % del salario mínimo multiplicado por el número de ciudadanos inscritos en el padrón. Y en tiempo de elecciones un 50% más. Y aparte otro poco si quieren hacer publicaciones e investigaciones. Por eso ellos nunca pierden: en el dos mil recibieron poco más de 3 mil millones. En el 2006 más de 4,170 millones. En este año más de 5,140 millones.  Pero además, antes de la última  reforma electoral, la  mitad de ese dinero se iba a los medios electrónicos. Ahora no, porque el IFE administra los tiempos oficiales para sus spots en radio y televisión. Ahora es líquido para las campañas por tierra… y las licuadoras. Pero además, la formula garantiza más dinero a los partidos que obtuvieron más votos. Esto que parece a simple vista justo, ocasiona que la alternancia se dificulte, porque el que ganó, siempre contará con más recursos para mantenerse (aparte del uso ilegal de los recursos públicos, las partidas de comunicación social, etc.)
 
Visto bien, tratar de comprar a la gente con regalos que pagaste con el dinero que te dio la misma gente, no sólo es ilegal, sino bastante perverso. Igualmente perverso es usar los recursos públicos, humanos y materiales para organizar los actos de campaña, porque aparte de usar el dinero que mañosamente se han adjudicado los diputados para sus partidos, usan recursos de nuestros impuestos y abusan del poder sobre la gente para sus fines.
 
Al final de los cursos la gente nos dice: Ya sabemos que es la compra y coacción, bien. Pero ¿por quien votamos? - Por lo pronto – les decimos – no puedes votar por quien te trata de comprar el voto con el mismo dinero que tú le pagaste de impuestos; o te quiere asustar con quitarte programas a los que tienes derecho.  Si son tan cínicos como para abusar de ti porque te ven necesitado, no los puedes poner a gobernar.
 
Ya lo hemos insistido muchas veces, pero el excesivo financiamiento a los partidos no nos da ni mejores partidos, ni mejores campañas, sino al contrario: es una fuente permanente de corrupción.  ¿Qué hacer? Hay que pedir a los diputados que quieren nuestro voto que lleven a la cámara una propuesta de reducir el financiamiento al menos al 50%, o indexarlo a los votos emitidos y no al padrón. Hay que sumarse a la campaña de Propuesta Cívica para observar la elección. Hay que sumarse a los 132. ¡Hay que hacer algo! Lo único prohibido es quedarse inmóviles cuando México se empieza mover.  (www.propuestacivicagto.org.mx)
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