David Herrerías Guerra


"Venimos por nuestros huevos"
29/Mayo/2012
Cuando el sesenta y ocho, yo era todavía un niño, tenía nueve años. Pero recuerdo de esa época al ejército en San Ángel resguardando los accesos a Ciudad Universitaria; las expresiones de repudio de mi mamá y retazos de pláticas que alcanzaba al vuelo sobre algún pariente que había sido detenido en la Universidad. Unos años más tarde, empecé a recuperar la memoria de lo sucedido y a interesarme sobre lo que había pasado. Leyendo y escuchando a algunos editorialistas que minimizan o denuestan al movimiento #Yo soy 132, me parece volver a leer a muchos de los periodistas que escribían en los años setenta.
 
Se acusa a estos jóvenes, a los de hoy, de armar un movimiento que no tiene plena claridad en las metas, de estar desorganizado, de no tener líderes claros. Se les increpa porque de la presentación de un candidato en una universidad de paga, ahora extrapolan el asunto y exigen libertad y apertura de los medios electrónicos. En el 68, había como ahora movimientos de jóvenes protestando en otras partes del mundo. Pero el detonador de las grandes movilizaciones fue un hecho aparentemente alejado de la política: un pleito entre preparatorias, pésimamente manejado por el Estado. Las consignas, las peticiones, los líderes, la organización fue surgiendo en el camino.
 
Para la mayoría de los editorialistas y los medios, en una época en la que las opiniones estaban cuidadosamente pastoreadas por el gobierno, los estudiantes no salían a las calles por su propia voluntad sino manipulados por fuerzas oscuras, más concretamente por Cuba y los comunistas. Así era: los jóvenes mexicanos, buenos pero inocentes, eran manipulados por otros, no eran capaces por sí mismos, de atentar contra el régimen. También ahora hay que sospechar de la mano de un titiritero que manipula a los universitarios. No se pueden indignar solitos ante el cerco informativo. Pero ahora, como antes, los estudiantes afirman su autonomía: “No venimos por una torta, venimos por nuestros huevos” resuena en las manifestaciones. ¡Qué mal hablados!  igual a los del 68, que manchando la investidura presidencial gritaban en el Zócalo capitalino: “Sal al balcón bocón”. ¡Qué poco universitarios, que intolerantes! Antes, como ahora, cuando la juventud se harta, no lee el manual de Carreño.
 
Estamos jugando a las semejanzas, no afirmamos que el movimiento de ahora sea lo mismo que el otro. Las circunstancias históricas son diferentes, los actores son otros y lo de hoy, no sabemos a ciencia cierta dónde puede terminar. Pero el movimiento que devino en tragedia hace más de 40 años, está, para todos los analistas, en la base de nuestra actual democracia. Habrá quien le de más o menos importancia, pero es indudable que fue una de las grandes grietas que permitieron más tarde la semi destrucción del sistema político mexicano. Y esto lo admiten muchos, incluidos  los que antes acusaron a esos estudiantes de manipulados, violentos, intolerantes, desorientados.
 
El movimiento de ahora, que surge como “anti EPN” muy pronto se ha enfocado en lo que está en la raíz del problema: el control de los medios electrónicos por un duopolio que está demostrando su capacidad para impulsar a un candidato hasta la cúspide. Un grupo de poder económico que se convierte en uno de los principales escollos de nuestra endeble democracia. El movimiento pone el dedo en un llaga ya purulenta que otros han combatido, hasta ahora, sin éxito. Lo que el suceso de la Ibero México logró fue mostrar el descaro con que pueden manipular la información y con ello a las masas. Y la clave fueron los cínicos y burdos intentos de control por parte del equipo de campaña del candidato del PRI y de los medios de comunicación asociados a Televisa. La demanda va más allá de estas elecciones, porque es una demanda que tendrá que atender quien llegue a la presidencia y al congreso. Pero al mismo tiempo sí tiene que ver con las elecciones, porque es claro que mientras Peña Nieto da rodeos y contesta con evasivas a las preguntas sobre la apertura a la competencia en ese sector, AMLO lo pone como parte central de su campaña.
 
No ayuda a los jóvenes el uso que el perredista ha dado al hecho, contrastando su propia visita a la Universidad Jesuita con la del mexiquense . No en balde les llueven a los jóvenes descalificaciones tan disímbolas como lópezobradoristas y pirrurris. Es muy probable, a pesar de todo, que el movimiento iniciado en la Ibero no impida el triunfo de Peña Nieto, como el 68 no impidió que llegara en el 70 un demagogo al poder. Pero si el enfoque del movimiento se mantiene en contra de la manipulación informativa, podemos iniciar un sexenio interesante en el que la sociedad civil organizada en alianza con diputados y senadores pensantes y honestos, podamos sentar las bases para una democratización de los medios.
 
Hablando de universitarios conscientes: los integrantes de “Un Techo para mi País” todos jóvenes no manipulados, hicieron un ejercicio de síntesis de las propuestas de los candidatos a la presidencia. Consúltela en
http://www.untechoparamipais.org/mexico/images/PropuestasCandidatos2012.pdf
Hay que votar informados. (david@propuestacivica.org.mx)
 
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