David Herrerías Guerra


De tamemes y ciclistas
16/Mayo/2012
Puede ser que nos venga desde el tiempo en que los tamemes transportaban a los altos dignatarios aztecas, que veían desde esa altura a la plebe  – o a los proles – diría alguna hija de candidato. O nos vendrá quizás de nuestra raíz europea y en nuestra sangre tenemos el gusto de montar sobre un carruaje o un caballo de buena alzada para ver de reojo al paseante que usa sus primitivas extremidades inferiores como medio de locomoción. Lo importante es que algo tenemos en los genes que nos hace pensar que la alcurnia viene aparejada – de no sé que mágica manera – al chasis de un carro que nos permite ver pasar fugazmente a los peatones, primero de reojo, después como puntitos que se pierden en el espejo retrovisor. “Pobres, no les alcanza para un coche, pero en cuanto puedan y les alcance..”.
 
Pero déjeme decirle que cada uno de esos paseantes en bicicleta o usuarios del transporte público subsidia en términos ecológicos – muchas veces involuntariamente – a la minoría que usamos automóviles particulares. Me explico más detalladamente.
 
En mi familia decimos que somos amantes del medio ambiente y nos hemos preocupado por construir una vivienda y un modo de vida que llamamos “ecológico" y entrecomillo a propósito por lo que se verá más adelante. Pusimos hace mucho tiempo celdas solares para consumir una parte de energía más limpia, recogemos el agua de lluvia, calentamos el agua del baño con energía solar, separamos la basura, hacemos composta con la orgánica, regamos con aguas grises, no usamos bolsas de plástico en el super… en fin. Nuestra conciencia estaba tranquila. Uno de mis hijos que estudia un posgrado en energías renovables, hizo un pequeño ejercicio sobre la energía que consumimos y nos reporta: En nuestra casa, en promedio por persona y por día, se gastan 4.0 Kilowats / hora (kWh) de gas LP, 1.6 kWh de electricidad, y 10.4 kWh de gasolina (calculando un recorrido de 16 km diarios por persona en un carro compacto). Los paneles solares en un día de muy buen sol, deberían entregar unos 1.2 kWh. Conclusión (con sus palabras): “una vuelta a la universidad en bicicleta ahorra lo que los paneles solares dan en una semana”.
 
No es que poner paneles solares sea inútil: lo importante aquí es darse cuenta de lo que significa en términos de energía mover a un automóvil (que en la mayoría de los casos transporta a una sola persona) comparado con los ahorros de energía en muchos rubros. Los autos son un medio extremadamente ineficiente y contaminante, pero los seguimos usando. Y aunque sólo el 20% de las personas se muevan por esta vía, la gran mayoría de los demás aspira a tenerlos. ¿Por qué? Por un lado, porque hay razones aspiracionales que tiene que ver probablemente con lo que apuntaba al principio de este artículo. Pero por otro, porque las ciudades están hechas para que le vaya mejor al automovilista y están diseñadas así porque los que tienen las decisiones en sus manos, ven la urbe, generalmente, desde el asiento de su auto.
 
En León hemos avanzado en los últimos años – y esto será siempre un reconocimiento al actual Ayuntamiento –  en la construcción de ciclovías. La red se ha incrementado con espacios seguros y se ven cada vez más personas que usan la bicicleta. Pero hasta ahora, la nuevos ciclistas provienen más de los que usaban el transporte público y que se ahorran el pasaje en su bici. Son pocos los que dejan el automóvil para usar las ciclovías. Algunos de ellos, activistas, no solo la usan, sino que empujan su difusión. Por otra parte, el transporte público mejoró en apariencia, pero en la práctica se volvió lento. Los viajes en autobús son más tardados que hace 6 o 9 años, las entradas a las estaciones hacen farragosos los recorridos; las rutas son complicadas; la incertidumbre sobre la frecuencia de los autobuses en las zonas que no alcanzan las orugas es enorme…
 
El tema de la movilidad es un tema crucial, porque tiene que ver con un derroche de energía insostenible, pero además porque afecta directa o indirectamente todas las esferas de la vida en la ciudad. Pero no lograremos que más ciudadanos usen la bicicleta o el transporte público mientras las ventajas entre uno y otro no sean tan abismales.
 
Quien sea el/la presidente en el siguiente trienio, tiene que abordar el problema del transporte público de forma más radical (mejores costos, más regularidad, rediseño de recorridos, más seguridad)  y mantener la construcción de una red de ciclovías conectada al transporte público, con nuevas estrategias (como Ecobicis, renta de bicis, del DF, que tiene más de 40 mil usuarios) y políticas que desalienten realmente el uso del automóvil. Revisemos qué es lo que proponen los candidatos al respecto.
 
Hay también un componente cultural que habrá que ir trabajando. Por lo pronto, empecemos por ver con admiración y darle preferencia a quien decide pedalear en lugar de contaminar.

http://leon.milenio.com/cdb/doc/impreso/9147653

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