David Herrerías Guerra


Un político que se niega a salir del closet
09/Mayo/2012

Sin lugar a dudas, una de las notas del debate fue el candidato de Nueva Alianza, Gabriel Quadri. Para muchos no fue sorpresa, porque era predecible que sería la única novedad frente a otros candidatos, mucho más expuestos y manidos. Además, era el único que no tenía nada que perder y que tendría todo el tiempo para decir lo que quisiera, al no tener que preocuparse de los ataques de sus adversarios. Y así fue. como un satélite flotando alrededor, logró sin embargo atraer la atención suficiente para triplicar, en las encuestas de opinión, las intenciones de voto por su partido, o mejor dicho, por el partido de Elba Esther.
 
Lo más sorprendente del fenómeno Quadri, es su insistencia en presentarse como ciudadano. ¿Puede un candidato a la presidencia no ser político? ¿En qué consiste entonces ser político? ¿No está Quadri viviendo sus tres o cuatro meses de gloria a costa de su parte en el botín que se reparten los partidos en las elecciones? Explotó muy bien la dicotomía que hacemos en México entre político y ciudadano, como si decir político fuera mala palabra; como si decir ciudadano fuera garantía de santidad. Olvidando que los políticos nunca dejan de ser ciudadanos y que las virtudes y defectos de nuestros políticos, desgraciadamente, son compartidas por muchos ciudadanos.
 
Para no hablar dicotómicamente de políticos y ciudadanos, de policías y ladrones, de buenos y malos; podemos analizar mejor nuestras formas de hacer política. Ahí sí podemos hablar de lacras, como la capacidad de mentir sin rubor, de comer estiércol sin perder la compostura. Y en eso Quadri, se mostró como el más avezado de los políticos. Habló de democracia y criticó a sus homólogos siendo parte de un partido que no realizó ningún proceso interno para su elección, bastando el dedo de la gran electora, a la que dijo no conocer después de su designación. Habló de impulsar la evaluación docente cuando el sindicato que dirige su mentora se apresta a bloquear todo intento de llevarla a cabo. Presentó en fin el programa más neoliberal y “modernizante” de todos, como si el logo que aparecía junto a su nombre, el partido juguete de la Maestra, no tuviera nada que ver con el pleistoceno político que no acabamos de abandonar.
 
Pero lo hizo bien. Un político que se niega a salir del closet le hizo la tarea a la maestra y es probable, que gracias a sus encantos – los de Quadri, no los de Elba – el PANAL tenga los votos necesarios para mantener el registro. Más dinero a las arcas de la Gordillo.



Publicado en Milenio Diario León (http://leon.milenio.com/cdb/doc/impreso/9146982)
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