David Herrerías Guerra


¡No se apunten tan rápido, primeras damas!
02/Mayo/2012
Esto que le voy a contar es ficción pero como luego se verá, algo tiene que ver con la realidad. Había una vez un ciudadano que tenía un negocio y necesitaba contratar a alguien que se hiciera cargo de la gerencia. Para no equivocarse se dio a la tarea de publicar la vacante por todo el reino y de entrevistar a los siempre insistentes candidatos, que presentaron curriculum, planes de trabajo y toda la argumentación necesaria para convencer al elector, digo, al empresario.  Una vez terminado este arduo y costoso proceso de selección el personaje de nuestro cuento sintió que tenía por fin a la persona indicada o al menos, a la menos mala de las opciones. Y se llegó el día en que el electo agraciado debía presentarse en la empresa (digo agraciado porque logró ganar la plaza, no porque fuera más guapo o tuviera más gracias que los demás)  Se le asignó una oficina renovada, con su escritorio, su computadora y hasta macetas.  Pero he aquí que el sujeto – un hombre casado por las dos leyes –  se presentó a trabajar con su esposa. Pidió, si fuera posible, que le consiguieran otro espacio, o al menos una silla y una computadora para que su consorte desempeñara algunas tareas en la oficina, cualquier cosa, una asesoría, consejería, algo... La sorpresa del personal fue mayúscula. ¿Presentó currículum la señora? No. ¿Se le entrevistó, llenó su solicitud de trabajo? A decir verdad, no. ¿Tiene alguna habilidad especial, conoce del tema? No especialmente. Bueno ¿tiene al menos algo de experiencia en el ramo? En unos tres años la tendrá, me imagino. El final de la historia es obvio: “Elegí un gerente, no a una pareja” Y van los dos de patitas en la calle.  Podemos ver otro lado de la historia entrevistando a la señora que ha sido llevada obligadamente al puesto: ¿Era esto su proyecto de vida? Bueno, yo trabajaba en una escuela… Pero ¿no tenía un proyecto propio? ¡No me diga! ¿podemos las esposas tener nuestro propio proyecto laboral?
 
Hasta ahí está bueno de ficción, porque el menos sagaz de los lectores ya adivinó por dónde vamos. Efectivamente, así nos pasa: resulta que tenemos un proceso muy costoso para elegir a quienes han de ocupar los puestos de presidente, gobernador o alcalde, y por una tradición que no nos atrevemos a tirar a la basura, la esposa del elegido pasa a ser la presidenta del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) Este organismo surgió en el 77, cuando se fusionan el IMPI (instituto Mexicano de Protección a la Infancia) y la Institución Mexicana de Asistencia a la Niñez (IMAN) y ha perdurado desde entonces, ofreciendo programas de atención a las familias más necesitadas con sus espejos a nivel estatal y municipal. A veces desvinculado de otras estrategias de desarrollo social del Estado, el DIF atiende tareas y maneja recursos que no son nada despreciables (cientos de millones a nivel estatal) y se vincula con muchos organismos de la sociedad civil que prestan servicios a grupos marginados de la sociedad: ancianos, niños, enfermos terminales, madres solteras etc.
 
Si existe y ha perdurado el DIF es porque podemos pensar que cumple una función social importante. ¿Porqué entonces formar sus Consejos Directivos con personas cuyas únicas referencias son las actas matrimoniales que las vinculan a sus maridos? ¿Cuáles son, por ejemplo, las credenciales de La Gaviota para ser Presidenta de una organismo así a nivel nacional? ¿Cuál es su carrera en la administración pública? ¿Cuál su trayectoria en el trabajo social, en la dirección de organismos de asistencia? ¿De dónde sacan las esposas de nuestros candidatos a alcaldes que tienen los merecimientos y currículum para ser las Presidentas del DIF municipal? ¿Es que no se toma en serio al DIF, o es solo un atavismo sexista? Ciertamente, desde su origen y hasta la fecha, persiste una razón ideológica para dejarle esa tarea a las esposas de los funcionarios: “como los niños y la familia son cosas de mujeres, que ellas se hagan cargo”.  Además, se asume que la mujer va cosida a la solapa del marido. Si el marido cambia de chamba ella también. ¿Si ganaran Bárbara en el municipio o Josefina en la Presidencia, quiénes serían presidentes del DIF?
 
A veces se piensa que como la función de la presidencia del DIF no es pagada, no hay nepotismo. Pero no es solo el sueldo lo que fundamenta la responsabilidad del puesto: la presidenta del DIF toma decisiones sobre planes y programas que se ejecutan con dinero del erario. Propuesta Cívica solicito al principio de la administración municipal actual que se modificara la composición del Consejo Directivo del DIF y fuimos ignorados. Ni siquiera se nos concedió que entrara una persona perteneciente a las OSC que trabajan con el DIF en la atención a grupos vulnerables. Al final, el Consejo se integró al 100% por mujeres, todas vinculadas a los gobiernos municipales por la vía civil. Probablemente algunas de ellas valiosas y con experiencia, pero la Presidenta fue la “Primera Dama”, quien, como sabemos, dejó el cargo al separarse del Alcalde.
 
Mi propuesta a los candidatos actuales es la siguiente: que el Consejo Directivo del DIF se forme, como otros consejos, con una mayoría ciudadana que provenga de los organismos de la sociedad civil que trabajan en la asistencia social y personas con experiencia probada en el campo.  Por parte del ayuntamiento podrían integrarse una regidora o regidor, y funcionarios de Desarrollo Social, Desarrollo Rural y el Instituto Municipal de la Mujer. La Presidencia podrá ser ocupada por quien el mismo Consejo nombre. A nivel Estatal podría ser algo similar. ¿Y la señora esposa del Alcalde o del Gobernador? Que se dedique a lo que libre y merecidamente decida.
 
Si estás de acuerdo, escríbeles a tus candidatos o escribe a Propuesta Cívica y canalizamos tu opinión:


Publicado en Milenio Diario León (http://leon.milenio.com/cdb/doc/impreso/9146316) 
DEJANOS TU COMENTARIO
1456374297.png
1321493145.gif
1381429645.jpg
1321493278.png
1321493200.png