David Herrerías Guerra


Lo que el gober quiso decir...
04/Abril/2012
Las frases que brotan de las gargantas grandilocuentes requieren, a veces, de una labor hermenéutica, y aunque los lectores no lo hayan pedido me dispongo a analizar la última frase del gobernador de Guanajuato, la que marcó su salida por la puerta trasera: “Soy un soldado de México, de Guanajuato y del PAN”. Para un gobernador que convertía sus informes en algo parecido al programa Siempre en Domingo, puede parecer una frase más bien seca. Pero haga usted el siguiente ejercicio para aquilatarla con justeza: pronúnciela engolando la voz y aguantando la respiración antes de soltar la primera palabra; eso hará que la entonación adquiera un cierto carácter de puchero y que unas lagrimitas leves, de esas que no ruedan por las mejillas pero alcanzan para hacer brillante la mirada, obliguen al oyente a fijar alternativamente su vista en los ojos del que habla y en aquel punto del horizonte en que estos se han posado: allá, en lontananza, en donde duermen los más altos ideales de la Patria. Y digo bien, duermen, porque los ojos de Oliva estaban puestos un poco más para acá, en un fraccionamiento nuevo, donde bien invertido su pobre salario de soldado le permitió construir su pequeña nueva casa, poca cosa.
 
Pero regresemos a la frase, que era el motivo de estas líneas. No es una frase larga, por lo que podemos hacer un análisis breve dividiéndola en sólo dos partes: la afirmación “Soy un soldado” y el complemento: “de México, de Guanajuato y del PAN”. Ser soldado me parece que es una de las profesiones más difíciles, peor en los tiempos que corren. Ganan poco y arriesgan su vida constantemente. A sus esposas no las nombran “primera dama” y mucho menos les abren las arcas del DIF para que hagan negocio con sus parientes y amigos. Después de muchos años de servicio, que suponen traslados y campamentos, pueden aspirar a una casita de interés social. La primera y obvia pregunta que surge, es qué entenderá Oliva por ser un soldado. Cuando lo dijo,   seguramente no lo estaba entendiendo en categorías salariales, porque siendo así, la primicia de Milenio del pasado lunes hubiera sido la foto de una casita de 49 m2, misma que cabría íntegra en el espacio reservado para el estacionamiento techado de la casa nueva de nuestro ex gober que ocupó la primera plana. Obviamente, a la puerta de la casa del soldado de a de veras, no se estacionarán las camionetas de guaruras, por mucho que su seguridad estuviera más comprometida.
 
No, no creo que eso es lo que imaginara Oliva. Lo que pasa es que tenemos poca amplitud de miras. Oliva dijo soldado como profesión, ¡pero soldado lo es también un General! … hay de soldados a soldados. Entonces a la mejor sí… ya vamos entendiendo. No es lo mismo que Doña Martha sea la mujer del soldado Oliva, que la Señora del General Oliva, que vive en el fraccionamiento Punta del Este. Vamos avanzando...
 
Luego el complemento: “de México, de Guanajuato y del PAN”. Lo primero que llama la atención son las omisiones y el orden de las cosas. Las omisiones, porque no aparece “mi familia”, cuando en su último y espectacular informe tuvo más de tres guiños cariñosos a su consorte, y cuando su actuar político lo ha llevado, a él – y a su familia –  de vivir como un sencillo empleado,  en la republicana medianía, a vivir como los políticos de siempre, a los que “les ha hecho justicia la Revolución”.  Y el orden: si en realidad las cosas fueran en el orden en que las pronunció, no dejaría un cargo para el que fue electo y al que se había comprometido para seis años (México, Guanajuato) para irse a levantar el barco de su partido que claramente ha empezado a hacer agua. Cuando unas elecciones le cuestan a México y a Guanajuato miles de millones de pesos, los electos no pueden dejar su chamba por cualquier cosa. Lo que queda claro es que para Oliva, después de sus finanzas y su familia, sigue el PAN. Ya después puede que estén México y Guanajuato.
 
Pero más allá de la hermenéutica – y más cerca de la antropología – lo que me pregunto es: ¿por qué los políticos tienen que disfrazar sus opciones personales y particulares con frases épicas? ¿A poco los ciudadanos, cada vez que dejamos un trabajo, nos atrevemos a decir una de esas frases que a fuerza de ser inverosímiles se vuelven cursis? Sucede con frecuencia que cuando se está terminando una construcción, los albañiles buscan otra que esté empezando, para garantizarse chamba por más tiempo. Imagínese usted que el maestro albañil, al que usted contrató para toda la obra, decide irse, y en lugar de decir:”Qué cree patrón, me salió otro jale que apenas empieza, y me conviene más…” mejor le dijera: “Patrón, me voy para otra obra, pero superé las metas. Soy un soldado de México y del mundo en general” (este albañil nos salió más universalista que el ex gobernador).
 
Yo preferiría que Oliva nos dijera: “¿Qué creen? Me salió otro jale que creo que me va a durar más, así que ahí se ven…”  Sería más claro y se harían innecesarias estas disquisiciones hermenéuticas.  david@propuestacivica.org.mx


Publicado en Milenio Diario León, 4 de abril 2012.   http://impreso.milenio.com/node/9141022
 
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