David Herrerías Guerra


La Escuela de Cherán
07/Marzo/2012

“La policía municipal se alejó del pueblo pero nadie confía en ellos porque protegen a los talamontes” decían los habitantes de Cherán. Y en un hecho inédito, establecieron un estado de sitio en el que ellos mismos eran los sitiados. Fogatas y retenes en las entradas del pueblo impedían el flujo de personas y vehículos. Todo empezó cuando, desesperados por la tala inmoderada de sus bosques a manos de personas protegidas por el crimen organizado, decidieron detener a los vehículos cargados de troncos y apresar a sus ocupantes para entregarlos a las autoridades federales.
La policía municipal llegó en su auxilio… no de los habitantes, sino de los criminales. Las autoridades que habían sido electas hacía tres años por el pueblo de Cherán, se habían coludido con el crimen. Nada nuevo. Y nada nuevo tampoco, la forma en que éstas habían sido electas. Lo más probable es que un comité estatal de partido decidiera quiénes eran los candidatos y éstos se ganaron la oportunidad de contender, no por su cercanía con los cheranenses, sino por sus habilidades para negociar al interior del partido.  Es muy probable que llegado el día de la elección la oferta política entre unos y otros les importara poco a los comuneros, porque votar por unos o por otros no cambiaba las cosas. Seguramente “la fiesta democrática” como pomposamente se predica, se llevó a cabo sin contratiempos. Salieron los menos peores, o eso creían.
Pero aprendieron de la experiencia:  en la elección estatal del 13 de noviembre pasado ya no permitieron que se instalaran las casillas. Se asesoraron, interpusieron recursos y al final lograron que se les diera la oportunidad de elegir a sus autoridades por sus usos y costumbres.  En cada uno de los 4 barrios de Cherán se realizaron asambleas al modo indígena. Se propusieron candidatos, argumentando las razones y se les pidió que dijeran si aceptaban. Una vez elegidos los candidatos se les pidió que pasaran al frente y los comuneros se formaron detrás del que les parecía el idóneo. Se prohibió expresamente que se hicieran manifestaciones propagandísticas y mucho menos que se involucraran los partidos políticos. Al final del día, sin necesidad de conteo rápido había quedado conformado el Consejo Mayor de Cherán, con la observación del Instituto Electoral del Estado de Michoacán, a pesar de que en el 2011 había rechazado la solicitud del pueblo para elegir a sus autoridades por usos y costumbres. Apenas el 2 de febrero entró en funciones el Consejo, así que no sabemos cómo van a resolver los graves problemas de seguridad que hay en la región. Por lo pronto ha disminuido la destrucción de sus bosques.
Nosotros acá seguimos viendo cómo juegan ellos solos: dígame usted si alguien le preguntó algo sobre la candidatura de Torres Landa para el gobierno estatal. Lo más probable es que no, porque ni siquiera se decidió aquí, en Guanajuato. Pero no podemos ser Cherán: las votaciones allá tuvieron una participación de menos de 3000 electores. Es claro que la experiencia no es replicable, ni podemos imaginar que pudiera funcionar algo así en todo el país, además de que nosotros no podemos alegar usos y costumbres, porque los usos y costumbres aquí son precisamente que no nos consulten. No, no se trata tampoco de destruir el sistema de partidos, ni de pensar un sistema idílico de democracia directa que sólo funciona en pequeña escala.  ¿Pero qué sí podemos aprender de Cherán?
Cherán nos enseña que la gente puede poner un alto a las autoridades corruptas cuando las enfrenta unida y con valentía. No les salió barato, esta lucha tiene ya sus mártires, pero lo lograron. Cherán nos enseña también que la lucha contra la delincuencia se puede enfrentar solamente cuando las autoridades son legítimas. Y legítima no significa solamente cubrir los requisitos de ley aprovechando los resquicios y debilidades del sistema: legítima significa tener en verdad el respaldo de los gobernados.
Pero también los cheranenses nos enseñaron que es posible romper el monopolio de los partidos. Ellos lo hicieron, en sus circunstancias, apelando a los usos y costumbres. ¿A qué podemos acudir nosotros? Creo que debemos empujar al menos cuatro cosas que nos podrían llevar hacia allá:
El primero, sería reglamentar las candidaturas independientes para que se haga efectivo nuestro derecho a elegir candidatos sin que pertenezcan a los partidos políticos. No se trata de que esto sea la norma, ni pretende eliminar a los partidos. Es una vía de escape en los casos en que los partidos no puedan o no quieran proponer candidatos adecuados. Debemos tener el derecho de buscar a otros, sin que estos tengan que vender su alma al diablo para que los mismos partidos los acepten como candidatos.
El segundo es modificar la forma en que se nombran los plurinominales, para que dejen de reforzar una cultura de elección vertical en la que los candidatos se deben al partido y no a los electores, lo que trastoca de inicio su lealtades.
El tercero es la revisión de las leyes de participación ciudadana, para que faciliten la iniciativa popular, que aumenten la obligatoriedad de las decisiones tomadas por plebiscito, y que obliguen al estado a apoyar más decididamente la creación de organizaciones civiles independientes de los partidos.
El cuarto, es en realidad el primero: empezar desde ahora a presionar a nuestros candidatos, ahora que estarán cortejándonos y prometiéndonos el sol y las estrellas, para que se comprometan a impulsar los tres primeros cambios.
P.S. Por cierto, mañana jueves a las 11.00 hrs. en la Ibero, o a las 13:00 en el Lux, compañeros de Cherán nos compartirán su experiencia.   david@propuestacivica.org.mx


Publicado en Milenio Diario León, 7 de marzo del 2012
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