David Herrerías Guerra


Ser espectador como ejercicio de ciudadanía
22/Febrero/2012
Este lapso de entre-campañas, nos recuerda un poco el período entre la temporada de invierno y la de verano en el futbol.  Lo importante de la comparación no es que estemos en receso, y que tengamos que buscar algo en qué ocuparnos mientras prosigue el espectáculo, sino precisamente, que la mayor parte de los ciudadanos asistimos al proceso como simples espectadores, como quien ve el futbol, a sabiendas que finalmente el técnico o el dueño del equipo harán los cambios que se les den la gana. Nuestro deber es emocionarnos y ponernos la camiseta, aunque hagan mal las cosas.
 
La pasada lucha interna de los partidos la vivimos así. La mayor parte no podíamos votar ni opinar, pero sabíamos que se estaba decidiendo la oferta que posteriormente nos van a presentar como platos únicos. Al final vamos a poder participar, en un momento sagrado y decisivo: vamos a decidir sobre ese limitado menú, y ese momento será para la gran mayoría el único momento en el que dejarán de ser espectadores. Una vez nombrados los ganadores, otra vez a ver los toros desde la barrera. El ejercicio de la ciudadanía como el acto de rayar unas boletas, unos minutos, segundos quizás, cada tres años, contra los otros mil y tantos días del trienio sentados en la butaca.
 
¿Es culpa de los políticos que se han quedado con el juego de la democracia o somos nosotros que no nos decidimos a entrar en el juego?  Según la encuesta sobre cultura política (ENCUP) del 2008, solo el 19.3 de los ciudadanos en México piensa que los ciudadanos tienen mucho poder para cambiar las cosas. El 45% de los mexicanos piensa que al gobierno no le interesa lo que piensan personas como usted y yo y el 52% piensa que el voto es la única forma de influir en el gobierno (aunque el 52% de los encuestados no sabe cuánto tiempo duran los diputados en su cargo). El ciudadano común cree que interesarse por la política es tan banal como hablar de futbol, porque a fin de cuentas solo “jugamos” a cambiar el mundo, pero los dueños del balón son otros.
 
¿Pero es nada más que no creemos en la política? ¿O el desinterés se extiende a todos los asuntos colectivos? La misma ENCUP pregunta: ¿piensa que sirve de mucho juntar firmas de vecinos para arreglar algún problema con las autoridades? El 53% dice que sí. Pero cuando se pregunta: ha participado usted de una acción como esta? Solo el 13% lo ha hecho.  El 48% cree que salir a las calles a protestar, sirve para cambiar las cosas, pero sólo el 4% afirma haber participado en alguna marcha. El 66% considera que es útil organizarse para resolver problemas de la comunidad, pero sólo 12.3% confiesa haberlo intentado alguna vez en su vida.
 
Si lo que pasa es que la gente está asqueada de la política, ¿qué hace por su comunidad en áreas no “contaminadas” por los políticos? Cuando se trata de desastres naturales, el 60% de los mexicanos mayores de 18 años han donado alimentos, medicinas o ropa, pero cuando se trata de participar más formalmente en un organización de ayuda, solo el 17% dice haberlo hecho alguna vez en su vida. Solo el 8.6 ha formado parte de un partido político, el 8.3 en alguna organización de ciudadanos. Solo el 10% en alguna asociación de colonos. El 70% de los entrevistados piensa que las personas en México solo se preocupan de sí mismas.
 
“The Johns Hopkins Comparative Nonprofit Sector Project” llevó a cabo un estudio sobre la sociedad civil en una treintena de países. Escogieron naciones de todo el mundo, con diferentes niveles de desarrollo. Entre ellos México. Se trataba de ver la importancia que tenían las organizaciones sin fines de lucro en las sociedades y en el mundo. El estudio da cuenta del porcentaje de la  fuerza de trabajo dedicada a las organizaciones no lucrativas. El promedio mundial es del 4.4%. En Holanda, el país líder, el 14.4%.  Bélgica e Irlanda rondan el 10%. Bueno, me dirán ustedes, son países europeos en los que la gente tiene mucho dinero y tiempo libre. Veamos otros países de nuestra escala: Argentina 4.8%, Perú 2.5%, Colombia 2.4%. Filipinas, un país mucho más pobre que el nuestro, 1.9%, Pakistán 1 %. México: 0.4%. El último de esta lista.
 
El estudio tiene otras cosas interesantes. Rastrea la forma de financiarse que tienen las organizaciones sin fines de lucro. En el caso de México el 85% de los ingresos vienen de las cuotas se cobran por los servicios, 9% del subsidio gubernamental y solo 6% de donativos (filantropía).  Es natural, porque ese escaso 0.4% de porcentaje de la fuerza laboral en México dedicada a organizaciones no lucrativas está en el sector educativo, financiándose con colegiaturas, o en asilos y otras obras que no son totalmente gratuitas. En Argentina, Colombia, Perú el gobierno aporta cerca del 20% del financiamiento, y las aportaciones filantrópicas andan entre el 11 y el 15%.
 
¿A que viene esta lluvia de cifras? Lo que nos dicen, en resumen, es que el desinterés de los mexicanos por la política puede ser algo más grave de lo que imaginamos: porque es un desinterés en general por la participación en los asuntos del bien común. Pero el estudio de la John Hopkins demuestra también que el papel de los gobiernos en el fomento y financiamiento de las organizaciones de la sociedad civil es fundamental. Nuevamente nos encontramos en uno de esos odiosos círculos viciosos: un gobierno que no está interesado en la participación social y una ciudadanía que no está interesada en la política. Una sociedad que asiste sólo como espectadora al desbarrrancamiento de su propio país. david@propuestacivica.org.mx


Publicado en Milenio Diario León, 22 de febrero del 2012
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