David Herrerías Guerra


La mala educación
15/Junio/2011
Ahora que está de moda atribuirse la paternidad (y maternidad, atendiendo a las cuestiones de género) de la democracia en México, vale la pena preguntarse en qué medida, en las últimas dos décadas, hemos logrado transformar la cultura política que se fue construyendo a lo largo de otras siete. Es verdad que logramos la alternancia y que hay avances en términos de transparencia. Pero hay también algunas asignaturas pendientes, entre ellas, la más grave, la de la educación. Y no es un problema que tenga nada más que ver con que la falta de recursos para invertir en educación, o porque tengamos malos alumnos o maestros. El problema de la educación en México ha sido y sigue siendo, problema político electoral. Y sigue siendo, a pesar de la alternancia, porque recién llegado al poder -¿o desde antes? - Fox se dio cuenta de que el sindicato magisterial, que tan eficientemente había servido a las causas prístas durante tantas décadas, podría ser un aliado también del PAN. Mantuvo entonces todas las canonjías de las cúpulas sindicales y les permitió fortalecerse, de tal forma, que al final de su sexenio, la maestra Elba Esther no sólo era dueña del sindicato, sino que contaba con una herramienta más para obtener recursos públicos y poder político: su propio partido. Y no se equivocó el ex presidente que presume de ser adalid de la democracia: en las elecciones del 2006 el nuevo partido de la líder vitalicia les dio el triunfo. Si se comparan los resultados de la elección para presidente y diputados a nivel nacional, se verá que en la elección de legisladores, el PAN obtuvo 13,753,633. Pero en la presidencial alcanzó los 15,000,284. ¿De dónde salieron 1,246,651 votos? Hubo, muchos electores que votaron diferenciado – eso no es necesariamente malo– pero si analizamos los resultados del Partido Nueva Alianza, nos damos cuenta de que en la elección de diputados, obtuvo 1,872,283, pero, sorprendentemente, en la Presidencial sólo logró recabar 401,804 votos. ¡1,470,479 votos menos!. Es evidente la relación entre los votos que perdió en la presidencial con los que el PAN ganó en la misma elección. La explicación es simple: el PANAL postuló a un amigo de Elba Esther, Roberto Campa, que no tenía posibilidades, con la consigna de dar sus votos al PAN en la presidencial. Pero en las elecciones para el legislativo, el Partido recuperó sus votos, para no perder el registro y para tener algunos puestos en el Congreso.

Sin los votos del PANAL, Calderón no hubiera ganado (recuerde que la diferencia con López Obrador fue sólo de 250 mil votos). El 4% de votos disciplinados a Elba Esther, son demasiado interesantes para cualquiera; pueden decidir una elección y eso hace a la Maestra tan poderosa e intocable. Ahora que el Presidente Calderón ha sido tan claridoso respecto a los vicios de los gobiernos priístas en el pasado, se le ha olvidado tocar el tema del uso corporativo y electorero del SNTE.

Es verdad que hace unos días, se alcanzaron unos acuerdos sobre la Carrera Magisterial y sobre la Evaluación Universal de Docentes, pero si no se evita que estos estén sujetos a las negociaciones políticas o sindicales, no se habrá avanzado nada. El problema de fondo, es que un Sindicato que debiera legítimamente proteger las condiciones laborales de sus agremiados, ha invadido esferas de decisión que le incumben sólo a la SEP. Controlar por diversos mecanismos la asignación de plazas es su fuente de poder y dominio sobre sus propios agremiados. A pesar de los acuerdos anunciados por Calderón, la carrera magisterial permanece en manos de una Comisión Nacional SEP-SNTE que es el máximo órgano de gobierno para supervisar y evaluar el desarrollo del Programa Nacional de Carrera Magisterial. La comisión es presidida por un comité mixto, en el que el Sindicato tiene el 50%. El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) debería ser un ente independiente del Sindicato, que garantizara la independencia del evaluador de forma que la vinculación entre evaluación y estímulos fuera transparente, directa y medible. 

No estamos hablando de eliminar el sindicato. Al contrario. Lo que sucede actualmente es que el SNTE es una organización que ha enriquecido brutalmente a su líder a costa de las cuotas de sus agremiados, y que no permite que los buenos maestros puedan avanzar en forma transparente. Pero eso además, nos mantiene en un atraso educativo. ¿Cómo podemos pensar que nuestros niños y niñas aprendan lo qué es la democracia, cuando la educación está secuestrada por un sindicato que tiene una “líder vitalicia”, que además, tiene un partido político que igual va a las elecciones en alianza con el que sea?

Lo triste del asunto, es que nuevamente entramos en tiempos políticos, y difícilmente veremos más cambios: es tiempo de cortejo, y aunque sea grotesco, la Maestra se dejará seducir por el mejor postor, mientras los niños y niñas de México deciden entre seguir en las aulas o incorporarse a las filas del narco.

Publicado en Milenio Diario, León 15 de junio del 2011
http://impreso.milenio.com/node/8975998
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