David Herrerías Guerra


Instituto de la Mujer, crónica de una muerte anunciada.
01/Junio/2011
El niño ya venía con el cordón enredado, como con cuatro vueltas o más. El Consejo del Instituto Municipal nació así. De entrada, aunque los reglamentos marcan que es el Consejo quien nombra a la directora, en el caso del Instituto, existía ya una directora, escogida por el Alcalde, que escogió a la parte ciudadana de su Consejo y después se cumplió el formalismo de nombrarla directora. Eso de entrada, marcó unas relaciones conflictivas, en las que no quedó claro si el Consejo era directivo o consultivo.
 
Vinieron después las complicaciones: con la intención de dejar todo planchado al nuevo Consejo  se instrumentó una liquidación a la antigua directora, en el espacio muerto que se da entre la desaparición del antiguo Consejo y la instauración del nuevo. Cuando este último se negó a asumir la responsabilidad de esta liquidación, el asunto saltó a contraloría y se suscitaron las primeras fricciones entre la Presidenta, la Directora y algunas integrantes del Ayuntamiento.
 
Las relaciones humanas no son, ciertamente, una fortaleza de la directora actual. Con todos estos ingredientes y la inexperiencia del Consejo, las reuniones se convirtieron en un forcejeo constante, en dimes y diretes, que no permitieron nunca el abordaje de los proyectos de fondo. Los enfrentamientos entre la directora y algunas consejeras se fueron haciendo cada vez más álgidos, lo que llevó a que la Presidenta del Consejo presentara su renuncia. Llegados a este punto, tocaba ver, al interior del Consejo, qué hacer. Y desde hace unas semanas se inició un proceso de análisis y evaluación que culminará en estos días.
 
Pero el resultado no puede ser otra cosa que la destitución de Tere Zorrilla, porque cuando el Consejo había iniciado el proceso de análisis y se llevaban a cabo reuniones de acercamiento, la regidora priísta que forma parte del mismo Consejo, decidió irse por la libre y pedir la destitución en el Ayuntamiento. ¿No sabía ella que esa facultad recaía en el Consejo del que ella forma parte? Sí lo sabía, pero no estaba dispuesta a respetar una instancia que podía fallar en contra. A partir de aquí, y a pesar de los acuerdos del mismo Consejo, se sucedieron filtraciones a la prensa, en su mayoría medias verdades o mentiras completas que una prensa poco profesional no es propensa a verificar, para presionar a la renuncia de Zorrilla. Política al más puro estilo jurásico. La situación ahora es insostenible porque la relación del Consejo con su directora que ya era difícil se ha fracturado del todo, y el calorcito propiciado en los medios ha terminado de cocinar la crisis, dañando de pasada la imagen de todo el Instituto que a pesar de todo ha seguido trabajando.
 
La evaluación que concluirá esta semana nos dirá en qué medida Tere Zorrilla estaba cumpliendo con los objetivos del Instituto, cuál es el clima laboral al interior, y cómo ha sido su gestión. Me hubiera gustado que su permanencia o su salida estuviera basada en un análisis serio de su desempeño y sus logros. Es innegable que hay trabajo: casi 25 mil personas atendidas, ferias y talleres a adolescentes, etc., pero más allá de lo que se encuentre, los resultados nos servirán más bien como autopsia. Pero otro aprendizaje que podemos aprovechar, es el de la reglamentación y estructura de los Consejos Ciudadanos. Por una lado, el hecho de que cada trienio desaparezca el Consejo y surja otro, genera una eterna inexperiencia y falta de oficio, además de perder la continuidad entre una administración y la siguiente. Este sistema genera además un espacio vacío entre la salida de un Consejo y su sucesión. Estos dos problemas fueron parte del problema en el IMM. A lo que tendríamos que avanzar es al nombramiento escalonado de los y las consejeras, de forma que no se generaran estos huecos y que existiera siempre un Consejo con suficiente experiencia. Valdría la pena también revisar las formas en que estos Consejos Directivos nombran a los directores de las Instancias Paramunicipales, de forma que se pueda mediar, entre la autoridad del Consejo y el legítimo derecho del Presidente Municipal en turno de nombrar a sus colaboradores.
 
Por otro lado la integración de los mismos debe repensarse, para que no sean rehenes de intereses partidistas. Hay probablemente una sobre representación de funcionarios. La inclusión de regidores en los mismos puede ayudar a su vinculación con el Ayuntamiento, pero puede también volverse en su contra, cuando los regidores no se asumen verdaderamente como parte de esa Paramunicipal. Faltan, en fin, reformas y mucho trabajo y participación, que nos lleven a entender que los Consejos deben ser, de verdad, espacios de participación democrática para la conducción de organismos de servicio a la ciudadanía.  

Publicado en Milenio Diario, León, 1 de junio del 2011.
http://impreso.milenio.com/node/8968258
DEJANOS TU COMENTARIO
1456374297.png
1321493145.gif
1381429645.jpg
1321493278.png
1321493200.png