David Herrerías Guerra


España y México, descontento ciudadano
25/Mayo/2011
España pasa por una crisis económica que ha elevado el desempleo a niveles que los peninsulares no habían vivido hacía muchos años, quizás desde los finales de la dictadura. Los remedios aplicados por el gobierno socialista han sido insuficientes y muy impopulares. Desde los recortes de energía eléctrica, hasta la disminución de la velocidad permitida en las autopistas para economizar combustible o los aumentos en la edad de jubilación. Hace unos meses Zapatero había anunciado que no se presentaría a la elección para un segundo mandato, sabiendo que la población le cobraría la factura, y su caída en la popularidad arrastraría al PSOE. No le sirvió de nada. En las elecciones intermedias del domingo el Partido Popular los casi los borra del mapa. 

Un factor que no se sabe a ciencia cierta cómo y cuánto afectó el proceso electoral fue el movimiento 15-M – a los Españoles les encanta bautizar así los sucesos traumáticos de su acontecer social – que se había salido de madre el domingo anterior. Los intentos por sacar a un grupo todavía reducido de manifestantes de la Plaza del Sol provocó una explosión que trascendió las fronteras españolas. No es un grupo que se manifieste de manera caótica solo por el hartazgo: tienen propuestas concretas que parten de una visión de los problemas de la democracia española. El 20 de mayo hicieron públicas sus demandas, que incluyen aspectos político electorales, como la exigencia de una democracia participativa y directa en la que la ciudadanía tome parte activa, acceso popular a los medios de comunicación, que la obtención de escaños sea proporcional al número de votos, candados a la corrupción de los candidatos y otros cambios.
 
Demandan también derechos sociales y económicos, como el derecho a una vivienda digna, la sanidad pública, gratuita y universal, refuerzo de una educación pública y laica, reformas económicas de corte social, como una reforma fiscal favorable para las rentas más bajas, que “toda la riqueza del país en sus diferentes formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”, la reducción del poder del FMI, y recuperación de las empresas públicas privatizadas. También hay peticiones respecto a la relación con la Iglesia (la desvinculación verdadera entre la Iglesia y el Estado) y la política interna y externa: efectiva separación de poderes ejecutivo, legislativo y judicial, reducción del gasto militar, cierre inmediato de las fábricas de armas y un mayor control de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.
 
Como decía líneas arriba es difícil saber cómo influyó el movimiento del M-15 en los resultados de la elección intermedia; los jóvenes y no tan jóvenes que atestaron la Plaza del Sol es muy probable que no quisieran influir de esa forma en la elección, porque la mayoría de sus demandas no están en la agenda del conservador Partido Popular, que se prepara con mucha ilusión para las presidenciales en busca de asestar el golpe final.  ¿Pudo el movimiento disparar el voto nulo y el voto en blanco entre gente de izquierda desencantada de los socialistas? ¿O quizás las propuestas despertaron temor de que se desatara el desorden en las clases medias  y optaron por volver a los caminos conservadores que en su imaginación pueden contener más fácil y mejor a las turbas desordenadas? ¿O simplemente, la elección ya estaba cantada, desde antes del 15-M, como voto de castigo al PSOE que no ha sabido cómo sortear la crisis?.
 
Como sea, la situación tiene sus nexos con nuestra realidad, y también sus diferencias.  Después de 12 años de haber logrado la alternancia, la percepción general en México es de descontento y vivimos una crisis tan grande como la de ellos, pero la nuestra no sólo es económica. Ciertamente, no tenemos tanto desempleo, pero la diferencia entre nuestros niveles de pobreza y desigualdad es menor que la distancia entre el Irapuato y el Barça. Tenemos diferentes espectros de partidos, y un sistema electoral que le lleva ventajas al Español, al menos en términos de representatividad y eficacia del voto, pero la sensación acá es que esas ventajas y esos partidos, tampoco han aportado las soluciones que el País necesita.
 
¿Hacia donde se va a decantar el hartazgo ciudadano en México? Hace unos pocos años el voto nulo tuvo una participación inédita, y se han mantenido muchas de las organizaciones que lo impulsaron, especialmente las del lado izquierdo del espectro político. Esos ciudadanos pueden ser un recurso importante para la izquierda, pero no van a votar por cualquier cosa que ofrezcan, aún si lo que está de por medio es la resurrección de un dinosaurio.
 


Publicado en Milenio Diario, León, 25 de mayo del 2011.  
http://impreso.milenio.com/node/8964449
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